lunes, 29 de junio de 2015

La felicidad es algo pasajero


Le nozze di Figaro en Mérida. Junio 23, 2015

 

Desde hace mucho tiempo estoy convencido que el infierno es un lugar en el que ni siquiera existe la esperanza de asistir a una función de Le nozze di Figaro. Quienes me conocen, saben que esta maravilla compuesta por Mozart es mi ópera favorita y la que más he estudiado en mi vida. No es una rareza, nunca lo ha sido; probablemente haya sido la primer ópera que puede considerarse parte del repertorio universal. Hoy día, toda casa de ópera que se respete no puede excluirla de su repertorio básico. Después de estrenarse en el Teatro Peón Contreras de Mérida, hará que muchos aficionados locales a la ópera yucatecos redefinan su infierno.

 

La producción de Horacio Almada movió la acción de la ópera del castillo de Aguasfrescas al París prerrevolucionario, lo que en mi opinión no agrega un ápice a la apreciación y entendimiento de esta maravilla; de hecho nos hace pensar que París y Sevilla se encuentran más cerca de lo que realmente están pues Bartolo dice que toda Sevilla lo conoce, y Cherubino salió a caballo a la capital de Andalucía, un camino bastante largo desde París. En mi humilde opinión la ópera es tan revolucionaria en París, o en Beirut para el caso, como en Sevilla. Por supuesto Almada no modifica la ópera por esto, sólo exige un cambio de estilo de la escenografía, diseñada por Mauricio Trápaga congruentemente con el concepto del productor, de un ambiente relajado y campestre a uno estirado y urbano. De hecho, el aludir a Watteau es apropiado dada la presencia de Cherubino en las habitaciones de la Condesa. Adriana Ruiz diseñó el vestuario, también congruentemente con el concepto, aunque choca ver a todos los personajes usando pelucas constantemente. Aunque las de los señores son más elaboradas, esto acerca las distancias sociales en una forma, en mi opinión, equivocada. El vestuario de Almaviva es más lujoso en la segunda mitad de la ópera que en la primera, aunque en ésta está muy alejado de las horas en que se desarrolla la acción, especialmente en el segundo acto en el que regresa de cazar al querer entrar en el departamento de la Condesa. Sí me chocaron los grandes lunares de los Almaviva y el traje de obispo con el que se viste Bartolo. El cuarto acto es siempre un reto al productor, pues debe estar iluminado de tal forma que el público pueda, a la vez, ver la acción, o al menos adivinarla, y “confundir” a Susanna y la Condesa. Esto último es muy difícil de lograr pues, además de los problemas de iluminación, bien resueltos por Gabriel Torresvargas quien la diseñó, las estructuras anatómicas de ambas cantantes deben ser más o menos similares para lograr cierta verosimilitud; esto no fue el caso en esta producción.


 
Finale acto 2
 

 
Finale acto 3
 
 
Finale acto 4
 

 
Acto 1
 
 
Non più andrai

 

L'ho perduta
 
 
 
Claudia Rodríguez interpretó una excelente Susanna, tanto vocal como actoralmente; el timbre plateado de su voz de soprano ligera, su musicalidad y su afinación impecable la hacen perfecta para el papel. En un momento del cuarto acto omitió una frase de texto más pudo rehacerse y continuar musicalmente. El gran momento del papel es el recitativo y aria “Giunse al fin il momento… Deh vieni non tardar”. Tiene que seducir cantando a quien la oiga, y logró seducir a todo el público.  



Figaro fue encarnado por el barítono Enrique Ángeles. Su interpretación vocalmente fue buena, también “se brincó” una frase después que Susanna lo hiciera, pero sin tener impacto en la integridad del “Pace, o pace mio dolce tesoro”; si hubiese mantenido la afinación todo el tiempo podría haber logrado una muy buena función, por otra parte su desempeño actoral no fue tan bueno, pues tendió a, ¿por instrucciones del director de escena?, ser más un tipo chistoso que amenazador para el Conde. Por cierto, durante “Se vuol ballare signor Contino” se dedicó a dar sablazos por aquí y por allá en vez de dar los pases de baile, específicamente la “capriola” que hará que Almaviva baile. Algunos podrían acusarme de literal en esto, pero lo cierto es que la música de danza es muy importante durante la ópera, como por ejemplo la contradanza que “deben” bailar las campesinas que se acercan a dar el velo a Susanna al final del tercer acto (siempre son sólo las dos que cantan “Amanti costanti” y no las seis, quienes se acercan a Susanna bailando una contradanza) y el fandango que Mozart toma prestado del ballet Don Juan de Gluck que bailan Figaro y Susanna (el fandango es típicamente español y considerado casi pornográfico por las cortes de toda Europa en el siglo XVIII, lo que apoya la ubicación española y campestre de la ópera; espero que algún día pueda ver esta escena como la planearon Da Ponte en sus indicaciones escénicas y Mozart con su música)

 

El Cherubino de Gabriela Thierry estuvo al nivel del de Susanna, es decir muy bueno. He oído recientemente mezzosopranos de primer nivel cantando este papel, y la interpretación de Gabriela no les fue a la zaga en sus dos arias, aunque creo haber oído un intento de sabotaje de la orquesta durante “Voi che sapete”. Su interpretación dramática fue buena también, ayudada en el segundo acto por algunos cortes de recitativo.

 

Josué Cerón ha sido desde hace tiempo uno de mis barítonos mexicanos jóvenes favoritos. Dicho eso puedo decir que oí cierta problemática en las notas altas durante el aria del Conde “Vedrò mentre io sospiro”. Creo que en un futuro hará un gran Figaro. Dramáticamente tiene una facilidad innata que lo ayuda a hacerlo muy bien, aunque su vestuario, peluca y maquillaje, especialmente los polvos de arroz y el lunar falso me irritaban continuamente. Por supuesto esta irritación es mi problema.

 

Quien no logró vocalmente lo que esperaba fue la Condesa de Irasema Terrazas. “Porgi amor” es un aria muy peligrosa pues exhibe despiadadamente a la soprano que no tiene forma de ocultar ningún defecto. Aunque siguió la línea melódica correctamente su dinámica no lo fue al cantar fortissimo, aunado a exhibir un vibrato molesto por excesivo, lo que volvió a repetir durante “Dove sono”, aunque menos notoriamente. Su actuación fue impecable y el perdón otorgado a Almaviva fue suficiente para que la felicidad pudiese asomase al foro del Peón Contreras, momentáneamente como lo es ella, ya que de ser permanente la vida sería un lugar horrorosamente aburrido.

 

Entre los papeles secundarios sobresalió la Barbarina de Ximena Rodríguez quien seguramente será una gran Susanna en un futuro cercano. Su “L’ho perduta” fue de lo mejor que he oído de la niña de 12 años. En cambio Linda Saldaña, Emilio Carsi, quien dobló a Bartolo y Antonio, y Miguel Mena que lo hizo con Basilio y Don Curzio pasaron desapercibidos, especialmente Carsi, quien no pudo con “La vendetta”.

 

El coro del Taller de Ópera de Yucatán dirigido por María Eugenia Guerrero tuvo una buena actuación durante sus breves intervenciones.

 

La Orquesta Sinfónica de Yucatán tuvo, en general, una buena interpretación aunque hubiese algunas desafinaciones aquí y allá. La dirección del maestro Juan  Carlos Lomónaco fue buena mostrando un buen control de la orquesta, aunque de repente se atrasasen o adelantasen los cantantes, lo que es característico de un director que dirige poca ópera y de una orquesta acostumbrada a estar sobre el escenario y no en el foso. Los tempi usados por el maestro Lomónaco estuvieron más bien del lado solemne y lento.

 

Pese a todas mis observaciones, puedo decir que la producción teatral y musical fue más o menos fiel al trabajo de Da Ponte y totalmente fiel a la música de Mozart. En resumen, estoy convencido de que asistí a una muy buena función de Le nozze di Figaro, lo que me sorprendió dada la poca tradición operística de Mérida. Mi crónica puede sonar como la de un pedante, que probablemente soy, pero la he escrito con la mayor honradez posible de principio a fin. Fue una muy buena función y ojalá pueda volver pronto esta ópera, pues no quiero perder la esperanza de ello.

 

© Luis Gutiérrez Ruvalcaba
 

 

 

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