sábado, 28 de septiembre de 2019

Western en Bellas Artes


La fanciulla del West en Bellas Artes. 26 de septiembre de 2019

Esta producción de esta ópera de Giacomo Puccini se estrenó unos días antes del terremoto del 19 de septiembre de 2017, razón por la que se cancelaron las tres funciones que estaban programadas posteriormente por lo que no tuve oportunidad de verla entonces. Esta temporada estaba programado el estreno mexicano de Parsifal, pero una tormenta de pasiones asociada a los cambios en la dirección musical de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes – rompimiento de relaciones con quien fuera director titular por varios años, y protesta de algunos miembros de la orquesta de un director musical, que fue previamente titular de la Orquesta por muchos años – provocó la cancelación del título wagneriano, por lo que se decidió reponer La fanciulla del West, evento inesperado ya que a la fecha nunca se había repuesto una sola de las producciones del director de escena, probablemente porque no se le había solicitado. I better stop looking for "the nipples of the snake” and keep on with my chronicle.

Sergio Vela fue el responsable de la puesta en escena y del diseño tanto de la escenografía como de la iluminación y Violeta Rojas diseñó el vestuario. El director pensó en esta ópera como si fuese un Western cinematográfico de la primera mitad del siglo pasado, lo cual se acerca a las ideas del dramaturgo David Belasco, cuya pieza The Girl of the Golden West es el origen del libreto de la ópera. Lo más original, y atractivo, fue acompañar el preludio d la ópera con un telón sobre el que se proyectaban los títulos de una película de los 1930 o 1940, que correspondían con el reparto de la ópera. Lo que nunca había visto en un Western de esa época fueron los gestos de inmovilidad del enorme reparto y el coro contrastados con un telón azul al fondo del escenario, cliché a lo Robert Wilson. Durante el segundo acto se usó un telón azul marino estrellado, era de noche, ante el que se movían los personajes que no participaban en la acción. Durante el tercer acto, el telón cambió a un color diurno y los movimientos escénicos fueron menos estilizados. Lo mejor de la puesta fue la economía aparente de la escenografía, incluyendo la utilería.

El tenor mexicano, avecindado en Australia, Diego Torre cantó un magnífico Dick Johnson (Ramerrez en el original, Ramírez en la producción). Su voz sonó espléndida en todos sus registros. La melodía que Puccini escribió para su intervención musical del primer acto, que reaparecerá varias veces durante la ópera, como un tema de rememoración –hay quienes dicen como leitmotiv en lo que discrepo conceptualmente, pues el segundo es una unidad de composición además de un tema de rememoración– es tan hermosa y pegajosa que Andrew Lloyd Weber la plagió descaradamente en The Phantom of the Opera.

Diego Torre y Enrique Ángeles



La soprano estadounidense Elizabeth Blancke–Biggs cantó el papel de Minnie. Puedo decir que su interpretación, tanto vocal como actoral me produjo una indiferencia total. Su voz no es lo que defino, muy subjetivamente, como bella, sin ser una voz que transmita el drama que vive esta dueña de taberna en la época de la fiebre del oro californiana, al estar enamorada de un hombre externo al grupo de sus parroquianos y que, además, muy probablemente sea un bandido, mexicano por más señas, “a bad man” en lenguaje trumpiano. En cuanto a los aspectos objetivos pienso que el volumen de su voz es alto cuando la ópera calla y nulo cuando la segunda se oye. Espero no volver a verla sobre un escenario operístico en un papel protagónico.


Elizabeth Blancke-Biggs y Roman Ialcic

El sheriff Jack Rance fue interpretado por el barítono moldavo Roman Ialcic. Sólo puedo decir que entre los comprimarios había al menos otro barítono que hubiera dado una mejor función en este papel. Me refiero al barítono Enrique Ángeles quien fue un estupendo Sonora.

Odio no poder escribir opiniones favorables en mis crónicas, específicamente en cuanto a los cantantes; a menudo lo hago, pero hoy sólo puedo hacerlo de Diego Torre y, aunque no sea en un papel protagónico, Enrique Ángeles.

Entre los papeles secundarios, destacó el Nick (el cantinero) del tenor Ángel Ruz, tanto por canto como por su actuación, y su dominio de la reata (algo que fue aplaudido por algunos, pero que para otros sólo alargó innecesariamente la función).

El resto del reparto: Daniel Cerón (Ashby), Andrés Carrillo (Trin), Antonio Azpiri ((Sid), Carlos Arámbula (Bello), Ángel Macías (Harry), Dante Alcalá (Joe), Alberto Albarrán (Happy), Édgar Gil (Larkens), Carlos Santos (Billy Jackrabbit), Vanessa Jara (Wowkle), Óscar Velázquez (Jake Wallace), Emilio Carsi (José Castro), Rodrigo Petate (un postillón), lo hizo adecuadamente. El director incluyó una actriz, Renata Ramos, personificando a la supuesta amante de Ramerrez (Nina Micheltorena) en forma atractiva tal, que al final de la ópera el sheriff opta por pasarla bien con la Micheltorena, amante de su némesis.

El coro masculino del Teatro de Bellas Artes tuvo una buena interpretación, dirigido de nuevo por Stefano Ragusini.

La Orquesta del Teatro de Bellas Artes, reforzada por algunos instrumentistas pues la orquesta de ópera tiene dimensiones cercanas a la de Wagner o Richard Strauss, tuvo una actuación más que aceptable bajo la dirección de Marcello Mottadelli.

Creo que en tanto no se nombren directores titulares del Coro y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, las interpretaciones no pasarán de ser adecuadas. Ojalá que las autoridades culturales hicieran algo al respecto.


© Luis Gutierrez R

lunes, 23 de septiembre de 2019

Los 150 del Oro del Rin


Rodrigo Macías

Das Rheingold en concierto. 22 de septiembre de 2019

Rodrigo Macías, director general de la Orquesta Sinfónica del Estado de México, decidió iniciar la temporada 141 del ensamble musical haciendo una apuesta muy seria, poniendo en concierto el prólogo de ‘El anillo del nibelungo’ en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM.

En lo personal, no soy afecto a las llamadas galas en las que uno o más solistas cantan, las más de las veces con gran lucimiento, arias o números de conjunto de diversas óperas. Estos espectáculos son el nirvana de los adoradores de las voces operísticas, pero a mi me gusta la ópera, es decir un drama que se transmite esencialmente a través de la música. La ópera, especialmente una de las gesamkunstwerke (obras de arte total) wagnerianas, deja de ser ópera al privarse de escenografía, vestuario y demás parafernalia, que acompaña a una producción operística, bien sea con un director “tradicional” o con uno “innovador”.

Desde hace muchos años he admirado la honestidad musical, así como el talento y trabajo de Rodrigo Macías, y esta fue la razón por la que vencí la resistencia que tengo a acercarme a una ópera en concierto, especialmente si es de Wagner, y más especialmente si se interpreta un domingo por la tarde. 

Confieso que estoy muy contento por haber vencido mi flojera dominical y mi resistencia a acudir a una ópera en concierto, pues tanto Macías, como la OSEM, y el grupo de catorce solistas lograron una estupenda interpretación musical de ‘El oro del Rin’.

La orquesta no es sólo una de las mejores del país, también decidió salir a lucirse abordando la partitura de esta obra. Brillaron los metales, tanto que una nota falsa fue muy notable, las cuerdas, al igual que las maderas y las percusiones lograron una interpretación excelente.

Yo no sé si el hecho de tener una orquesta en la plataforma de conciertos en lugar de en un foso operístico influyera, pero mi única queja del desempeño de Macías es que en momentos el volumen de algunas secciones de la orquesta fue notablemente superior al requerido.

El nivel de los cantantes fue muy alto, especialmente los de Levent Barkici quien cantó el papel de Alberich, Krisztián Cser que lo hizo como Wotan, y Michael Müller–Kasztelan como Loge. Grace Echauri (Fricka), Alejandra Sandoval (Freia), Belem Rodríguez (Erda), Marcela Chacón, Zaira Soria y Julietta Beas (las ondinas del Rin, Woglinde, Wellgunde y Flosshilde respectivamente) y Hernán Iturralde y Mikhail Svetlov (los gigantes Fasolt y Fafner), lo hicieron muy bien. También cantaron David Robinson (Donner), Óscar Santana (Froh) y César Delgado (Mime).

Lo único negativo fue que la sala no estuviera a reventar, de hecho, no se ocupó más del 60% de la capacidad, pese a que los precios de entrada fueron casi un regalo -50 pesos los más caros. Me pregunto si fue por falta de publicidad, o falta de interés.

Por supuesto que hubo imperfecciones, son parte de la vida, pero éstas no lograron borrar la buena impresión que dejó el concierto.

Por cierto, este concierto fue una espléndida conmemoración del sesquicentenario, exacto, del estreno de la obra, y del 109º aniversario de la fundación de la Universidad Nacional de México; la autonomía se logró hasta 1929, por lo que espero que en diez años la Universidad siga siendo autónoma y que celebremos el centenario con toda la seriedad y alegría que esto representa.


Luis Gutiérrez

sábado, 31 de agosto de 2019

Aniversario del natalicio de Emanuel Schikaneder


Emanuel Schikaneder (detalle de una miniatura)


El 1º de septiembre de 1751 nació Emanuel Schikaneder en Straubing, pequeña población de Baviera.

Dramaturgo, empresario teatral, actor, bailarín, cantante y libretista, es universalmente conocido por haber escrito el libreto de Die Zauberflöte (La flauta mágica) de Wolfgang Amadeus Mozart, además de haber sido empresario del Freihaus–Theater auf der Wieden en Viena, en el que se llevó a cabo el estreno en el 30 de septiembre de 1791, y haber interpretado por primera vez el papel de Papageno. 

Emanuel Schikaneder como Papageno

Conoció a Mozart y su familia cuando estuvo en Salzburgo entre septiembre de 1780 y febrero de 1781, periodo en el que su compañía itinerante dio varias funciones teatrales en la zona. Sin duda Mozart y Schikaneder se reunieron más tarde cuando éste codirigió el Kärntnertortheater en Viena durante una temporada de tres meses, que inició el 5 de noviembre de 1784 con Die Entführung aus dem Serail

En la temporada 1785–86 fue miembro de la Hofoper como cantante, haciendo su debut el 1º de abril como Schwindel en el singspiel de Gluck Die Pilgime von Mekka. El 12 de julio de 1789 abrió el Freihaus–Theater con su ópera cómica Der dumme Gärtner aus dem Gebrige, oder zween Anton, secuela de Una cosa rara (1787) de Vicente Martín y Soler, con música de Bendikt Schack (el primer Tamino) y Franz Xaver Gerl (el primer Sarastro); entre los miembros de la compañía se encontraban también Johann Joseph Nouseul (el primer Monostatos) y Josepha Hofer (la Primera Reina de la noche), hermana de Constanze Mozart. En adición contrató a Anna Gottlieb (la primer Barbarina en 1786 y la primer Pamina en 1791) y al tenor, actor cómico y compositor de singspiele Jakob Heibel, quien se casaría con la hermana menor de Constanze, Sophie, en 1807. Dos miembros de la familia de Schikaneder también participaron en la premier de Die Zauberflöte, su hermano mayor Urban, como el Primer sacerdote, y la hija de éste, Anna, como el Primer Niño; Anna Schikaneder cantaría la Reina de la Noche en el Theater in der Lepoldstat en julio de 1811. Otros libretos particularmente interesantes fueron los muy populares para otras seis óperas de Anton, Fall ist noch weit seltener (1790) con música de Schack, y Der Kampf mit den Elementen (1798) con música de Peter von Winter, y que fue anunciada como Die Zauberflöte: Part II.

El Freihaus–Theater cerró sus puertas el 12 de junio de 1801 y al día siguiente Schikaneder abrió el Theater an der Wien, en el que permaneció en diversas calidades hasta fines de 1806. En el Theater an der Wien se estrenaron, entre otras, las dos primeras versiones de Fidelio, tituladas Leonore, la 3ª sinfonía y la sonata para violín y piano No.9 en La mayor, conocida como “sonata a Kreutzer”. El teatro funciona el día de hoy y en la entrada tiene una estatua que representa a Schikaneder como Papageno. Schikaneder fue también un actor dramático muy reconocido, especialmente como Hamlet. Murió en Viena el 21 de septiembre de 1812. 

Schikaneder como Papageno sobre la puerta principal del Theater an der Wien




jueves, 25 de julio de 2019

A 10 años de Don Pasquale


Hace diez años, el 25 de julio de 2009, se estrenó la producción de Don Pasquale realizada por Pro Ópera en alianza con la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario. 

El Maestro concertador fue Rodrigo Macías, quien dirigió al Ensamble Filarmonía y miembros del Coro de la Escuela Nacional de Música preparados por Samuel Pascoe. El concepto escénico fue creación de José Antonio Morales, quien también diseñó la escenografía y vestuario con la colaboración de Rosa Blanes.

Rodrigo Macías

José Antonio Morales (Josefo)

Rosa Blanes Rex


Charles Oppenheim como Don Pasquale, Josué Cerón como Malatesta, Rebeca Olvera como Norina, Javier Camarena como Ernesto y Edgar Gil como el notario, integraron el elenco. 

Josué Cerón y Charles Oppenheim

Javier Camarena

Rebeca Olvera

Además de las cuatro funciones escenificadas en la Sala Miguel Covarrubias, la ópera se presentó, con varios elencos, al menos en 20 ocasiones, en las Facultades de Estudios Superiores Acatlán e Iztacala de la UNAM, el Teatro Peón Contreras de Mérida, el Teatro Bicentenario de León, el Teatro Degollado de Guadalajara, el Teatro Bicentenario de Torreón y el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario de Texcoco.

Varios momentos de la producción

Aplausos al final

¡Diez años pasaron volando!








domingo, 14 de julio de 2019

General veneciano estrangula esposa



Otello en Bellas Artes. 11 de julio de 2019

Lorenzo Dicaro y Elizabeth Caballero

La producción de Otello estrenada en noviembre de 2017 fue repuesta poco más de año y medio, lo que es, sin duda, una buena noticia ya que la Compañía Nacional de Ópera no tiene por costumbre reponer las producciones, creo que ésta rompe el récord de la CNO al presentarse en ocho funciones, cuatro en 2017 y cuatro en 2019. La función a la que asistí fue la última de esta ocasión y el teatro estuvo prácticamente lleno.

 El director de escena, Luis Miguel Lombana volvió a presentar una escena a base de columnas en un ambiente muy oscuro. Decidió mantener algunos conceptos, tales como el traje de amazona que Desdemona viste durante el dueto final del primer acto. Este vestuario más militar que casero, me hace pensar que ella se encontraba con Otello en la batalla; si no es así, sigo creyendo que un traje de montar no es el indicado para seducir al General que regresa victorioso –algunos me dirán que hay fetiches que no conozco–, por otro lado, si hubiese viajado con su esposo no tendría sentido que Iago convenciera a Otello que Desdemona, que estaba con él, le había sido infiel con Cassio, que estaba en tierra. Estoy seguro de esto último porque es él quien canta ‘Or la folgor lo svela... È la nave del Duce… Ergi il rostro dall’onda.’; antes de eso, en la tercera escena del acto, los chipriotas cantan un coro de alegría al disponerse a pasar la velada, ‘Fuoco di gioia’ durante el que brilla por su ausencia conspicua cualquier asomo de una fogata simulada o al menos una antorchita. Debo decir Lombana hizo modificaciones de su producción muy atinadas; durante uno de los momentos culminantes, quizá el punto álgido, de la ópera al final del tercer III, Iago exclama “Chi può vietar che questa fronte prema col mio tallone? … Ecco il Leone!” –Otello se encuentra en un extremo del escenario inconsciente vencido por una convulsión– no demuestra el placer que le proporciona la humillación del moro pisando su cabeza, aunque esta vez no abandona respetuosamente la escena, como sucedió hace año y medio, sino se queda al lado de su odiado superior al momento que baja el telón. Otro cambio, importante y bienvenido, fue el rediseño de la escena de la muerte, al hacerla por estrangulación, la forma más personal posible de asesinar al ser amado.

En esta ocasión, Don Luis Miguel decidió mostrarnos un Otello con la tez morena, a diferencia de lo sucedido originalmente en la producción cuando el Moro de Venecia su cara tenía el color de la cara de una princesa nórdica.

El trabajo de los diseñadores de escenografía, vestuario e iluminación de Adrián Martínez Frausto, Laura Rode y Estela Fagoaga respectivamente, fue retocar los elementos originales de la producción, manteniendo sus aciertos y defectos.

 El siguiente párrafo es un autoplagio.

“Otello no es un personaje fácil de interpretar pues requiere de una voz más expresiva que bella, mucha estamina y capacidad de dominar la dinámica completamente. Desde su presentación, la más espectacular de la historia de toda la ópera, en la que con voz estentórea declara ‘Esultate…’ con toda la fuerza posible, hasta el final de la ópera en la que ‘un altro bacio…’ debe cantarse mezza voce y pp. Además, debe ser un actor consumado que al inicio la ópera retorna vencedor del enemigo y la naturaleza, y poco a poco se va convirtiendo en una piltrafa humana. Durante el acto IV ya se convierte en un animal salvaje capaz de ejecutar un acto deplorable asesinando a quien ama y que a su vez lo ama.”

Lorenzo Dicaro

El tenor italiano Lorenzo Decaro tiene la presencia que me hace pensar en el general veneciano que deriva de vencedor militar en perdedor ante sus emociones y la intriga de su alférez, entró vocalmente con un espléndido “Esultate…” pero su canto no fue capaz de expresar la dulzura del dueto final del primer acto, ni, contradictoriamente, el crecimiento de los celos instigados por Iago. Su actuación no fue convincente, lo cual pudo haber impactado en la falta de credibilidad musical del personaje. En realidad, el papel de Otello siempre ha sido muy difícil de lograr.

El barítono italiano Giuseppe Altomare regresó a interpretar un Iago tan malvado como inteligente en esta ocasión. El personaje que logró crear fue el de aquel político resentido social y políticamente por no haber logrado alcanzar sus metas. Como sabemos su parte musical es más declamatoria que la de Otello y, probablemente más difícil dado el impresionante número de cromatismos que le presenta la partitura. Su catecismo, el “Credo” fue realmente impresionante, tanto que no faltó quien interrumpiera con aplausos el flujo musical del acto. Su interpretación no mereció un pero.

Lorenzo Dicaro, Elizabeth Caballero y Grace Echauri

Elizabeth Caballero moldeó una Desdemona más que aceptable, diría que brillante durante el concertante del tercer acto y al regalarnos una hermosa hermosísima “canción del sauce” seguida del Ave Maria. Su actuación fue impecable.

Los papeles secundarios fueron bien ejecutados, especialmente Cassio interpretado por Andrés Carrillo y Emilia por Grace Echauri. Luis Rodarte como Montano tuvo un buen “È l’alato Leon”. Orlando Pineda como Roderigo, Alejandro López como Ludovico y Mariano Fernández como el heraldo estuvieron bien-

La Orquesta del Teatro de Bellas Artes volvió a darnos una función excelente. Los metales y los violonchelos durante el acto I estuvieron espectaculares, lo que hizo pasar por alto la pifia inicial de uno de los cornos.

El Coro del Teatro de Bellas Artes, esta vez preparado por Stefano Ragusini, tuvo una muy buena noche. Durante la serenata del segundo acto el coro infantil Grupo Coral Ágape tuvo una buena actuación.

El héroe de la noche fue el joven director concertador Gavriel Heine, pues fue capaz de extraer de la orquesta, los coros y los solistas, la que fue, en mi opinión, una función a la que me arrepentiría el no haber asistido

© Luis Gutierrez R



lunes, 3 de junio de 2019

Daniel Catán en México II


Salsipuedes o el amor, la guerra y unas anchoas



Palacio de Bellas Artes; Mayo 30, 2019


Alán Pingarrón

La última semana de mayo se presentaron en la Ciudad de México las primeras dos óperas de Daniel Catán (1949–2011), una puesta por la UNAM y otra por el INBAL. No sé si fue un proyecto premeditado o una simple coincidencia. En cualquier caso, fue un feliz evento en el que los aficionados a la ópera pudimos disfrutar de dos óperas de quien considero fue el compositor mexicano de ópera con mayor proyección internacional hasta la fecha. El 28 de mayo pasado reseñé la primera de las óperas, La hija de Rappaccini, y hoy les presento la de Salsipuedes o el amor, la guerra y unas anchoas – que abreviaré como Salsipuedes en adelante.

No presentaré el argumento de la obra pues lo resumí en el artículo de preparación “Salsipuedes se estrenará en Bellas Artes”, que publiqué en este blog el 7 de mayo.

Para situarme en un contexto adecuado, repito los primeros párrafos del artículo citado:

]Salsipuedes es una] ópera en tres actos del compositor mexicano Daniel Catán con un libreto en español del escritor cubano Eliseo Alberto, con colaboración del escritor mexicano Francisco Hinojosa y el propio Daniel Catán. La ópera fue comisionada por The Houston Grand Opera y tuvo su estreno mundial el 29 de octubre de 2004, bajo la dirección musical de Guido Maria Guida.

En México la estrenó la Orquesta Sinfónica del Estado de México bajo la dirección de Rodrigo Macías el 15 de junio de 2017 en el Teatro-Sala de Conciertos Elisa Carrillo del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario de Texcoco.

La ópera, cantada en español, podría caracterizarse como una comedia tropical que se ubica en la isla imaginaria de Salsipuedes de algún lugar del Caribe. Catán escribió de la música en el programa de mano del estreno absoluto “Mi nueva ópera usa los ritmos del Caribe. El Caribe, es bueno recordarlo, fue el gran crisol de tres culturas musicales fantásticas. Por un lado, estaba la europea que trajeron muchísimos inmigrantes; por otro, el legado del medio oriente que trajeron los españoles, especialmente; y finalmente la corriente africana. Al combinar estos elementos se produce un resultado notable que apenas se ha explorado.”

El director de escena Luis Martín Solís concibió un microcosmos con una alta densidad de población. El equipo de producción lo completaron Jesús Hernández, Rafael Mendoza, Sara Salomón y Érika Torres, diseñadores de escenografía, iluminación, vestuario y coreografía respectivamente. El resultado fue eficiente en general, en momentos brillante, y en otros no tanto.

El primer acto, que podría titularse La boda, la separación y la botadura está poblado por las dos parejas de novios, Ulises y Lucero, y Chucho y Magali, acompañados por una multitud de invitados que inundaban el escenario, chocando algunas veces, quizá porque ya se mostraban borrachos, pero la mayor parte del tiempo moviéndose armoniosamente. La entrada de un cuerpo de baile en la boda es excesiva, en mi opinión, dado su vestuario y cantidad de bailarines. No me hubiera extrañado ver a una Carmen Miranda, a una Tongolele, o hasta un Pepe Carioca. Una vez que la fiesta finaliza súbitamente, la escena se reduce a dos habitaciones de hotel, en las que las parejas muestran su desesperación por la separación forzosa. Ellas se toman el tiempo para incitar a Los Delfines a un rapidito, aunque sea, pero sus esfuerzos resultan infructuosos. La multitud crece en la escena de la declaración de guerra a la Alemania nazi – no entiendo por qué los esbirros del dictador Genel García continuamente hacen el saludo nazi, ¿porque creen que el pueblo es imbécil, bueno pero imbécil?, no lo sé – y la botadura de la fragata El Invencible, que arrastra consigo a los dos músicos dando así inicio a l periplo de las novias abandonadas buscando a sus esposos.

Abro un paréntesis para decir algo de la música durante este acto. La presión sonora llegó continuamente a los 110 decibeles, debido esencialmente al volumen que los intérpretes de timbas y bongós, colocados junto a un güiro en un palco sobre al proscenio hicieron imposible que se oyese lo que cantaban los personajes, o por lo menos que los obligaron a gritar para ser oídos. Me quedé con ganas de oír a El Chino de Alán Pingarrón, cuya voz es muy bella y no precisamente pequeña.

Enrique Ángeles y Armando Gama

El segundo acto me dio la idea de una Odisea inversa, o sea Penélope busca a Ulises. Las primeras escenas muestran a las chicas tratando de encontrar a sus amantes. Después de recorrer la isla llegan al bar de Madame Collette que es un burdel con gran oferta de daifas que tratan de seducir a los dos músicos. Las daifas son actuadas por algunas damas de coro y varias bailarinas, acompañadas por supuesto por sus padrotes; a decir verdad, el comportamiento de Ulises y Chucho se acerca más al de muchos seducidos que se sienten seductores que al del casto José. Por supuesto, las novias, embozadas para no ser descubiertas, se notan fuertemente perturbadas por la experiencia de ver la infidelidad de sus novios. Dos de las damas de la casa, Orquídea y La China, deciden que la aventura puede valer la pena y piden al Capitán Magallanes, asiduo cliente del bar, las lleve consigo al buque y así “conquistar” a los integrantes de Los Defines. Madame Collette pone a los chicos, ya totalmente borrachos, en una canoa para que regresen al Invencible. Las chicas suben a otra canoa y van al barco.

La primera parte de este acto cuenta con la música más lírica y bella, en el sentido convencional, de la ópera. Por fortuna las percusiones se colocaron en el foso y tuvieron menor relevancia que en el primer acto. El toque de música del medio oriente, algo parecido a la del baile flamenco apareció poco antes del solo de Magali.

María Sofía García, Liliana Aguilasocho, Arisbé de la Barrera, Josué Cerón, Angélica Alejandre y Ángel Macías

El tercer acto se desarrolla en El Invencible (por alguna razón la fragata que vimos en el primer acto se metamorfoseó a un típico buque fluvial). Los chicos, jugueteando con las suripantas, encuentran ron, fiambres y anchoas en el casco de la fragata. Un gran periscopio nos hace “adivinar” la presencia de un submarino, al que, dice el Capitán, trasladarán los víveres que el taimado General García vende a los nazis. Las chicas descubren su presencia y cantan un cuarteto de desesperación al que se unen las dos damiselas formando un sexteto. El Capitán heroicamente las envía a tierra con la tripulación y él decide hundirse con su barco al ser torpedeado por el submarino, que no pudo recoger el cargamento. En la casa presidencial el Sargento Guzmán, hombre de confianza del dictador, lo asesina con un disparo – que se oyó menos fuerte que la música del conjunto tropical – y asume “provisionalmente” el poder. La última escena nos presenta el arribo de las canoas con quienes dejaron al Capitán para morir honrosamente en El Invencible.

María Sofía García, Josué Cerón, Ángel Macías y Liliana Aguilasocho

Catán también escribió en el programa de 2004: “Considero que la ópera cómica es un género muy delicado. Una comedia de este siglo no puede ser lo mismo de lo que fue en los siglos 17 o 18. La comedia es, para mí, un asunto muy serio, ya que tiene que bromear sobre aspectos que de otra forma son muy difíciles de discutir, además de reflejar temas contemporáneos. Tienes que extraer una sonrisa del público, a la vez de transmitir un mensaje muy serio. Por eso la comedia es tan desafiante.”

En mi opinión el final de la ópera es un callejón din salida y creo que la ópera no alcanza a ser una comedia seria, sí como las de Mozart o las de Strauss, quedándose en una comedia que se acerca más al pastelazo que a cualquier novela de autores caribeños como García Márquez o Carpentier, que son comedias con mensajes muy serios.

Es posible que la interpretación kitsch del equipo de producción haya enfatizado el aspecto puramente chistoso. En fin.

La interpretación de todos los cantantes fue buena, aunque no puedo opinar de la de Alan Pingarrón porque no la oí. Destacaron las voces masculinas, en especial la de Ángel Macías como Ulises y la de Enrique Ángeles quien hizo dos personajes, El Coronel papá de Ulises y una hilarante Madame Collette. Josué Cerón como Chucho y Armando Gama como el Capitán Magallanes hicieron brillar sus partes como siempre. Liliana Aguilasocho como Lucero tuvo una buena función, aunque creo que fue a la mujer a la que más perjudicó el volumen excesivo y continuo de la orquesta. La mezzosoprano Mariana Sofía García logró, en mi opinión, la mejor función vocal del reparto. Luis Alberto Sánchez como el General, Rodrigo Petate como el teniente de Magallanes, Angélica Alejandre y Arisbé de la Barrera como La China y Orquídea respectivamente y el actor Alejandro Navarrete como el Sargento Guzmán tuvieron un desempeño correcto.

La actuación del Coro del Teatro de Bellas Artes, ahora preparado por Alfredo Domínguez y Luis Manuel Sánchez fue buena.

La Orquesta del Teatro de Bellas Artes no alcanzó el nivel de calidad al que nos había acostumbrado. Es posible que los cambios que se dieron en lo referente al director concertador, primero Eduardo Diazmuñoz, Guido Guida y, finalmente, Ricardo Jaramillo haya impedido la cantidad de ensayos necesaria para la orquestación poco convencional de la ópera. En mi opinión, la dinámica que impuso Jaramillo se limitó a forte y fortissimo, lo que impidió una mejor interpretación vocal.

En resumen, yo podría volver a ver esta ópera, aunque preferiría más control y balance musical, y un poco menos de dirección de escena “over the top”.

© Compañía Nacional de Ópera de las fotos

© Luis Gutiérrez 





martes, 28 de mayo de 2019

Daniel Catán en México I


Daniel Catán (1949 - 2011) 


La hija de Rappaccini

Sala Miguel Covarrubias (UNAM) Mayo 24, 2019

La primera ópera que el compositor mexicano Daniel Catán estrenó fue La hija de Rappaccini. La premier mundial se realizó en el Palacio de Bellas Artes el 25 de abril de 1991, tres años después la estrenó exitosamente en la Ópera de San Diego; esto dio como resultado que la Houston Grand Opera le comisionara una nueva ópera, Florencia en el Amazonas, que se estrenó en 1996. Posteriormente la misma compañía le comisionó otra ópera, Salsipuedes o el amor, la guerra y unas anchoas, que se estrenó en 2004 en Houston. Su última ópera, Il postino, se estrenó en Los Angeles Opera en 2010. Las cuatro óperas tienen libreto en español, lo que es un caso peculiar, pero totalmente comprensible dada la enorme cantidad de hispanoparlantes, en la ópera en Estados Unidos. Al morir dejó inconclusa la ópera Meet John Doe, su primera ópera con libreto en inglés. 

El Festival de Arte y Ciencia El Aleph, organizado por la UNAM, incluyó en su oferta dos funciones de la ópera en dos actos La hija de Rappaccini, usando una producción de la Universidad de Arizona. 

Existen dos orquestaciones para esta ópera, de la primera puede decirse que sus fuerzas son similares a las de una orquesta estándar, aunque expandidas por el uso de más alientos y, especialmente, percusiones. Catán también compuso una orquestación reducida – 2 pianos, arpa y percusiones – misma que es la que se ha utilizado en la gran mayoría de las producciones posteriores a la premier mundial.

El libreto de Juan Tovar se basa en la obra (1956) de Octavio Paz, que a su vez es una adaptación para la escena de un cuento gótico homónimo (1844) de Nathaniel Hawthorne, cuya obra más conocida es la novela The Scarlett Letter.

La acción se lleva a cabo en Padua en el Renacimiento. El Dr. Rappaccini (barítono) es un investigador que estudia las características de las plantas, especialmente las venenosas. Su antagonista, el Dr. Baglioni (tenor), lo acusa de experimentar con fenómenos que pueden ser muy peligrosos para los sujetos de estudio. Giovanni (tenor), joven estudiante napolitano llega a la ciudad y se encuentra a Isabela (mezzosoprano), quien ofrece rentarle una habitación libre que tiene en casa; él acepta la oferta. Una vez en la casa, Isabela le muestra desde la terraza el jardín del Dr. Rappaccini quien, afirma ella, tiene una bella hija llamada Beatriz (soprano) a la quien nadie se puede acercar. Llega Baglioni y pone en guardia a Giovanni contra las prácticas de Rappaccini. En el jardín, el Doctor canta sobre la naturaleza curativa y venenosa de las plantas. Al entrar Beatriz, su padre le comparte su visión del mundo. Ella coge una rosa que se marchita de inmediato. Giovanni ve desde la terraza la flor marchita en las manos de Beatriz, se cuestiona incrédulamente lo que vio, expresa su súbito enamoramiento por la chica, y se duerme. En su sueño, entra al jardín del Dr. Rappaccini. Oyendo las voces de las flores entre las cuales está Beatriz, se encuentra al doctor, quien le dice que “el jardinero no duerme nunca”. Rappaccini se retira y Giovanni canta su deseo por Beatriz.

Semanas después Baglioni se encuentra a un Giovanni afligido en la calle. Baglioni lo ve pálido y con apariencia enferma, por lo cual le pregunta si participa en un experimento. Giovanni deniega cualquier envolvimiento con el doctor. Giovanni está en su cuarto, Isabela entra apresuradamente para decirle que hay una entrada secreta al jardín del Dr. Rappaccini. Los dos corren hacia la entrada. Giovanni entra solo y encuentra a Beatriz, quien se sobresalta. Ella le revela que lo ha estado esperando. En un dueto en el que comparten sus emociones, el joven se dirige a un árbol. Beatriz lo detiene, tocándole la mano, diciéndole que es venenoso. Llega Rappaccini y Beatriz sale corriendo. El doctor dice al estudiante que desea ser su amigo. Giovanni parte. Él joven se encuentra en su cuarto curándose la mano que tocó Beatriz. El Dr. Baglioni llega y le cuenta que una bella mujer se convirtió en una trampa mortal. Acusa a la joven de ser un peligro por administrar venenos. Al agitarse Giovanni, Baglioni le dice que aún hay tiempo de liberar a Beatriz de su padre y regresar a una vida normal. Le da un frasco con un antídoto que Giovanni dará a la joven. El joven regresa al jardín sabiendo que ha sido envenenado. Superado su enojo con su amada, le dice que no todo está perdido ya que ambos pueden tomar el antídoto. El Dr. Rappaccini entra apresuradamente y les dice que su trabajo científico los ha curado y que pueden salir del jardín ya sanos. También dice que morirán si toman el antídoto. Beatriz le quita el frasco a Giovanni y, ante la voluntad de los hombres, lo bebe y muere.

En efecto, se trata de un cuento gótico que nos transporta hasta el árbol del bien y del mal.

La producción de Cynthia Stokes es muy efectiva, a la vez que agradable a la vista gracias a los diseñadores Sally Day (escenografía) y Chris Allen (vestuario) y a la iluminación de Tania Rodríguez. A la izquierda del escenario coloca el jardín con un gran árbol translúcido. Las flores están representadas por un grupo de bailarinas; a la derecha se presenta la casa de Isabela, una sencilla estructura de madera. 

Jéssika Alvarado, soprano Guatemalteca interpretó una muy buena Beatriz. El dueto con Giovanni en el segundo acto logró un gran momento. Su actuación fue impecable. Kaitlin Bertenshaw, mezzosoprano norteamericana tuvo una buena actuación como Isabela. Su español es muy bueno, aunque exhibe un claro acento norteamericano al cantarlo.  

Octavio Moreno encarnó al Dr. Rappaccini. Lo hizo convincentemente actuando y cantando este papel antecesor de Mengele. Evanivaldo Correa estuvo acertado como el Dr. Baglioni, personaje típico de un tenor de carácter. Quien logró los momentos más felices fue Andrés Carrillo, al brillar durante el momento de más lirismo de la ópera – la única aria de la ópera que canta durante su al final del primer acto – y durante el dueto con Beatriz del segundo.

Michael Dauphinais dirigió adecuadamente a seis maestros en el foso, tres percusionistas, dos pianistas y una arpista, a los solistas y al Coro Universitario Estudiantil Staccato, responsabilidad de Marco Antonio Ugalde, resultando una buena interpretación de la música de Catán, que algunos han caracterizado como neo–romántica. También participaron nueve bailarinas – las flores del jardín –, miembros de la Compañía Juvenil de Danza Contemporánea de la UNAM.

No todo estuvo bien. Durante el primer acto se usó un sistema de amplificación que hizo que los decibeles en el auditorio superaran la norma internacional de presión sonora permitida. El sistema se dejó de usar en el segundo, lo que hizo más disfrutable la ópera. Ojalá que los asistentes a la segunda función no hayan padecido este inconveniente técnico, mismo que debería haberse resuelto durante el periodo de ensayos

Para terminar, puedo afirmar que asistí a una buena interpretación de una ópera atractiva, compuesta por un gran músico.


martes, 7 de mayo de 2019

Salsipuedes se estrenará en Bellas Artes


Salsipuedes o el amor, la guerra y unas anchoas



Ópera en tres actos del compositor mexicano Daniel Catán con un libreto en español del escritor cubano Eliseo Alberto, con colaboración del escritor mexicano Francisco Hinojosa y el propio Daniel Catán. La ópera fue comisionada por The Houston Grand Opera y tuvo su estreno mundial el 29 de octubre de 2004, bajo la dirección musical de Guido Maria Guida.

En México la estrenó la Orquesta Sinfónica del Estado de México bajo la dirección de Rodrigo Macías el 15 de junio de 2017 en el Teatro-Sala de Conciertos Elisa Carrillo del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario de Texcoco.

Daniel Catán

Nota de Daniel Catán en el programa de mano de la premier

Mi nueva ópera usa los ritmos del Caribe. El Caribe, es bueno recordarlo, fue el gran crisol de tres culturas musicales fantásticas. Por un lado, estaba la europea que trajeron muchísimos inmigrantes; por otro, el legado del medio oriente que trajeron los españoles, especialmente; y finalmente la corriente africana. Al combinar estos elementos se produce un resultado notable que apenas se ha explorado. Considero que la ópera cómica es un género muy delicado. Una comedia de este siglo no puede ser lo mismo de lo que fue en los siglos 17 o 18. La comedia es, para mí, un asunto muy serio, ya que tiene que bromear sobre aspectos que de otra forma son muy difíciles de discutir, además de reflejar temas contemporáneos. Tienes que extraer una sonrisa del público, a la vez de transmitir un mensaje muy serio. Por eso la comedia es tan desafiante.

Los protagonistas

Personajes principales
Ulises; cantante y trompetista de Los Delfines. Hijo del Coronel y recién casado con Lucero. Es un soñador que siempre ve el lado brillante de la vida. Tenor.
Lucero; esposa de Ulises y hermana de Magali. Es una mujer crítica, decisiva y segura de sí misma, que nunca se rinde ante la adversidad. Soprano.
Chucho; clarinetista y cantante de los Los Delfines. Recién casado con Magali. Es un hombre pragmático y escéptico. Barítono.
Magali; esposa de Chucho y hermana de Lucero. Joven tierna y fácilmente impresionable. Mezzosoprano.
El Coronel; veterano de mil batallas. Un viejo algo decrépito y buen padre de Ulises. Bajo-barítono, que también canta el papel de Madame Collette, anfitriona de un próspero bar.
General García; presidente de Salsipuedes. Dictador de pacotilla “un poco” corrupto. Tenor.

Personajes secundarios
Sargento Guzmán; asistente personal del General García. Traidor consumado que esconde sus ambiciones, tras la máscara de un hombre débil y obsequioso. Parte hablada.
El Chino; personaje exótico que vende boletos de lotería y dice la fortuna. Tenor
Capitán Magallanes; capitán de la fragata El Invencible. Viejo lobo de mar, cómplice cercano del General García en sus trapacerías. Pese a todo, es un buen hombre que sabrá morir con dignidad. Bajo.
Teniente; segundo oficial de la fragata. Tenor.
La China y Orquídea; mujeres de cascos ligeros. Sopranos

La orquestación en la obra es muy singular, ya que no cuenta con violines ni violas.  Incluye flautas, pícolo, clarinetes, clarinete bajo, trompetas, piano, arpa, timbales y percusiones. 

El coro incluye sopranos, altos y tenores (sin bajos).

Sinopsis

Acto 1

La acción se desarrolla en la isla ficticia Salsipuedes en el mar Caribe, durante la Segunda Guerra Mundial.

Ulises y Chucho, integrantes del famoso conjunto Los Delfines, celebran en el patio de hotel Ambos Mundos su boda con las hermanas Lucero y Magali; llega el Teniente e interrumpe el banquete, diciendo a los músicos que deben cantar el himno nacional en un evento.

Esa noche dentro del hotel, Ulises trata de consolar a Lucero que está molesta por la interrupción de la fiesta. En el cuarto contiguo, Chucho está muy molesto, y Magali lo consuela.  

La multitud se reúne en el puerto para la botadura de la fragata “El Invencible”. El Sargento Guzmán presenta al General García, quien sube al podio. El presidente anuncia que se ha declarado la guerra a la Alemania nazi y que el barco defenderá la isla. En preparación para el himno, Ulises y Chucho se colocan en una plataforma atrás de la banda militar. Tras el discurso del general, la fragata inicia su movimiento en el dique seco. Los músicos constatan que la plataforma no está atada al suelo, sino al barco, por lo que sienten que navegan en el mar.

Acto 2

Lucero y Magali van al puerto buscando a sus esposos. Al no lograr su propósito, comparten sus frustraciones y rumian lo que les espera a los jóvenes por haberlas abandonado.

En la celda de “El Invencible”, los músicos piden al capitán Magallanes que los deje bajar a tierra. Describiendo la grandeza y el ritmo del mar, el capitán se rehúsa a regresar a la costa. Deja la escena y Ulises y Chucho descubren grandes cantidades de anchoas en la fragata.

El general García, sentado a su escritorio, presume su plan al sargento Guzmán. Al anunciar que Salsipuedes está en guerra con los nazis, planea venderles grandes cantidades de anchoas, y así obtener una buena utilidad. El presidente y su asistente celebran. 

Lucero y Magali, débiles y cansadas, llegan a Puerto Alegre sólo para descubrir que sus esposos no se encuentran ahí. Sintiéndose derrotada, Lucero suelta el llanto ante el prospecto de convertirse en viuda. Magali la conforta y le dice que los encontrarán.

Dentro del bar de Madame Collete, Ulises y Chucho tienen un solo deseo: unirse con sus esposas. En otra mesa Madame dice al capitán que esa noche lo contactarán los nazis para descargar las anchoas el día siguiente. La China y Orquídea reconocen a los músicos famosas y coquetean con ellos. El capitán anuncia que pronto regresarán a casa. Las chicas piden al capitán que las deje subir al barco.

Lucero y Magali, que siguen buscando a sus esposos, se encuentran con la China y Orquídea justo afuera del bar de Madame Colette. Las primeras preguntan si sus maridos se encuentran aún en el puerto a lo que las segundas responden maliciosamente que Chucho y Ulises las esperan. Las recién casadas logran ocultar el enojo que les da la infidelidad posible de sus parejas, y deciden seguir a las suripantas para poder ver a sus esposos.

Borrachos, Ulises y Chucho salen tropezando del bar. Cantando el amor por sus esposas, Madame Colette les ayuda a abordar una lancha. Los jóvenes empiezan a bogar hacia “El Invencible”.

Acto 3

Una fiesta empieza en “El Invencible”. Ulises, Chucho, la China, Orquídea y otros beben y se carcajean. Magali y Lucero llegan disfrazadas. Los músicos, desinteresados en los intentos de ligue de las suripantas, son atraídos de inmediato por las mujeres misteriosas. Después de una conversación en la que ellos descuellan por su borrachera, las disfrazadas revelan su identidad y los acusan de infieles.

En la cubierta Magali llora la supuesta traición de su esposo. Éste dice que nunca la traicionó por lo que surge una discusión. Magali se rinde y se besan. Después de un momento, Chucho se da cuenta de que la fragata se está comunicando con un submarino y deja la cubierta en cuanto Ulises y Lucero empiezan a discutir. Chucho regresa apuntando con un arma al capitán Magallanes, a quien acusa de trabajar para los nazis.

En la isla se ha esparcido la noticia del escándalo. El general García está aterrado por las consecuencias de haber traicionado a su pueblo. En un intento de
salvarse, el general culpabiliza a Guzmán de haberse confabulado corruptamente con los nazis; el sargento saca su pistola y mata al presidente.

El sargento anuncia por radio que el general se ha suicidado y que él toma el cargo de presidente interino de Salsipuedes. Añade que “El Invencible” fue destruido por los alemanes sin dejar sobrevivientes. Al darse cuenta de que “El invencible” es la única pista que conecta el escándalo con el presidente, a bordo de la fragata surge el miedo de que los nazis atacarán al caerse el negocio. El capitán Magallanes toma el control del barco e intenta distraer al submarino. Éste hace fuego y destruye “El Invencible”.

Las dos parejas recién casadas, la China, Orquídea y el resto de la tripulación escapan en botes salvavidas. Los sobrevivientes agradecen que el capitán Magallanes se haya sacrificado para que ellos se salvaran. Al ver tierra en el horizonte todos se regocijan.