domingo, 31 de julio de 2016

Un estreno y un libreto fuera de lo común


Hoy se estrena en el Festival de Salzburgo una nueva producción de la ópera de Richard Strauss pocas veces vista. Su premier mundial y su libreto se salen de lo común, por lo que elucubré al respecto. Les comparto.



Die Liebe der Danae (El amor de Dánae), “Mitología alegre” en tres actos Op.83 de Richard Strauss, con libreto de Joseph Gregor, derivado de un guion ideado por Hugo von Hofmannsthal.


Las condiciones del estreno


Capriccio, la última ópera de Strauss fue compuesta entre 1940 y 1941 y se estrenó en octubre de 1942 en Múnich. Sin embargo Danae, cuya génesis fue larga y complicada por las discusiones entre compositor y libretista, estuvo completa hasta junio de 1940, cuando Strauss decidió que la estrenaría hasta dos años después que terminara la guerra. Al darse cuenta que el conflicto empeoraba y que sería más largo que lo que esperaba, empezó a pensar que la ópera se produciría póstumamente.

Al saber que Strauss había terminado la composición, Clemens Krauss lo convenció de nombrarlo director de la premier cuando se diera el caso. Krauss fue designado director del Festival de Salzburgo en 1941, por lo que conminó a Strauss a estrenar Danae en el célebre festival. Después de que Krauss dirigió la premier de Capriccio, escribió a Strauss: “estrenaré como director la premier de Danae durante el Festival de 1944 para celebrar tu cumpleaños 80.” La idea de Krauss era iniciar el Festival con la primera de seis funciones de Danae.

Sin embargo, la situación de Strauss con los nazis no propiciaba una celebración de tal magnitud. No obstante, se autorizó la premier de Danae en Salzburgo, aunque el inicio del Festival se movió al 15 de agosto.

En julio sucedió el atentado contra Hitler al que siguió el fallido de golpe de estado, lo que hizo que Goebbels suspendiese todos los festivales, excluyendo el de Bayreuth por supuesto. Sin embargo, se acordó realizar un mini festival en  Salzburgo con Danae y un concierto de la Filarmónica de Viena.

El 10 de agosto Goebbels decidió cancelar las funciones de Danae, aunque se permitió realizar al ensayo general (es probable que hubiese muchos invitados de alta categoría por lo que tendría que hacer una concesión) El 16 se realizó el ensayo bajo la dirección de Krauss, con Alvis Hermann como regista, diseños de Emil Preetorius y un reparto que incluía a Viorica Ursuleac y Hans Hotter. La obra fu espléndidamente recibida por los invitados y Strauss, que así había asistido a ver sus quince óperas escenificadas, dijo al final de las ovaciones: “[Danae] es mi abrazo final a la cultura griega y a la unión de la música alemana con el alma griega”.

La ópera se estrenó oficialmente el 14 de agosto de 1952 en el Festival de Salzburgo con el mismo equipo creativo, pero con un reparto diferente. No obstante, pese a lo que esté escrito en las enciclopedias y libros de ópera, en mi opinión el estreno real de Die Liebe der Danae se realizó el 16 de agosto de 1944 durante un “ensayo general” que no tendría funciones formales.




Richard Strauss

El libreto mezcla dos mitos independientes, el de Dánae y el de Midas.

Arcisio, hijo de Abate el rey de Argos, tenía una hija, Dánae. Deseando un hijo, Arcisio fue al oráculo quien le dijo que, en efecto, Dánae tendría un hijo, pero que éste lo mataría. Para impedir el cumplimiento del oráculo, mandó construir una cámara subterránea de bronce en la que encerró a Dánae; pero nada pudo evitar que fuera seducida. Zeus, bajo la forma de una lluvia de oro, se introdujo por una grieta en el techo de la cámara para caer en el seno de la joven y seducirla. Al enterarse Acrisio de que Dánae había sido seducida, no dio crédito que ello fuese un acto divino, por lo que la encerró junto con su hijo en un cofre y lo echó al mar. El hijo era Perseo, quien después de varias vicisitudes, mataría accidentalmente a su padre al lanzar el disco en unos juegos en Larisa.



Dánae


Sileno se había extraviado y dormido lejos del cortejo de Dionisio. Unos campesinos que no reconocieron al fauno lo encadenaron y lo llevaron ante su rey. Midas, iniciado en los misterios eleusinos, lo reconoció y de inmediato lo desató y partió con él para incorporarlo al séquito de Dionisio. Éste le dio las gracias y le ofreció cumplir cualquier deseo que tuviese. Midas de inmediato pidió que todo lo que tocase se convirtiera en oro. El dios accedió a su demanda y todo marchaba bien hasta que Midas no pudo comer ni beber, pues pan y vino se convirtieron en oro al contacto con el rey, quien suplicó al dios lo revirtiera a su estado original. Dionisio aceptó y le dijo que se lavase cara y manos en la fuente del Pactolo; al hacerlo las aguas del río de llenaron de pajuelas de oro.


Midas

Al principio de la ópera, el rey Pólux trata mejorar sus finanzas, casando a su hija Dánae, con el rico Midas, quien realmente es Júpiter disfrazado, enamorado de Dánae y quien espera tener una nueva aventura amorosa bajo el disfraz. El verdadero Midas, que acompaña a Júpiter como mensajero, es un muletero quien permitió al dios asumir su apariencia a cambio del don de convertir en oro todo lo que toque. Al enviar Júpiter a Midas a preparar la reunión, al encontrarse con Dánae cosas se desarrollan en forma muy diferente a la planeada. No sólo él se enamora perdidamente de la princesa; y Dánae, a pesar de que Júpiter la había deslumbrado con una lluvia de oro en sus sueños, corresponde al amor del muletero. Al abrazar Midas a Dánae, se hace efectivo el don solicitado al dios, por lo que Dánae se convierte en una estatua de oro. Júpiter la confronta con un dilema: o se entrega a él, o vive en la pobreza con Midas a quien ya revocó el don maldito. Dánae se decide por Midas. La pareja vive felizmente en una pobre choza y, en un último esfuerzo para quedarse con ella Júpiter tiene que admitir que el oro perdió todo su atractivo ante Dánae. Júpiter, renunciando a sus deseos, bendice a la pareja y al amor humano.



© Luis Gutiérrez R








2 comentarios:

  1. No siendo Midas, enamorado de Dánae difrazada de Ñora mexicana, y no sabiendo qué hacer para semejar a un muletero, te abrazo en la guisa mozartiana, celebrando tu jarana salzburgeña, y deseándote parabienes y las virtudes de Andrómaca, la resignación de Casandra y la lucidez de Prometeo.

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