viernes, 21 de marzo de 2014

Impresiones (no crítica ni reporte) sobre “Manon” en Bellas Artes. 20 de marzo de 2014.

Inicio con una sincera confesión: no me gustan las óperas de Massenet.

Después del preludio, hermosamente dirigido por el maestro Alain Guingal,  pensé lo que siempre pienso cuando veo el primer acto de esta ópera, “otra vez esta música azucarada”.

Sin embargo, hubo dos escenas que me hicieron pensar que “debo” darle más atención a Manon. Primero el aria ‘Adieu, notre petite table’ con la que Manon, la “material girl” par excellence, decide despedirse del Chevalier Des Grieux a quien ama pero que tiene el grave defecto de ser pobre, fue brillantemente interpretada por María Katzarava.

Lo que me convenció que la inversión de dos horas de manejo no fue en vano, fue la escena de St–Sulpice en la que Katzarava y Arturo Chacón cantaron y actuaron formidablemente.

Debo decir, no obstante, que esperaba más de la escena del Cours– la–Reine, lo que no fue culpa del coro o los cantantes, sino de la sobreproducción a la que se sometió el “cuadro”, algo así como un domingo de la Alameda pero en un camellón de Reforma (cuando eran bonitos antes que AMLO los considerase burgueses e inutilizó).

Los cantantes secundarios  tuvieron un buen desempeño. 

Alan Guingal tuvo momentos brillantes concertando arriba y abajo del escenario. El director huésped del coro John Daly Goodwin ha logrado avances importantes  en un tiempo relativamente corto, lo cual es encomiable. Ojalá que ya no sea huésped y se quede pues, aunque algunos miembros del coro lo duden, un director permanente es muy importante para lograr una calidad alta y consistente.

Lo que estuvo más bien mal fue la producción. Estoy consciente que esta fue la quinta función, pero eso no es excusa para que la escenografía se vea sucia y maltrecha, especialmente cuando el programa de mano nos da los nombres de once personas en el apartado “Construcción y pintura escénica”. ¡No es posible que se vean huellas de manos en la escenografía!

Creo que Antonio Algarra, el director de escena debutante en ópera, colocó la acción en el periodo en el que se construyó el edificio central del IMSS, que tiene un estilo Stalin temprano pero feo; esto lo infiero de los elementos escenográficos y del vestuario que me hizo sentir en el proto-pachuco del cine mexicano, chafa, chafa, chafa. Debo admitir que el diseño de la iluminación estaba muy arriba del nivel general de la producción.

Con tantos extras en el escenario, incluyendo a los miembros del coro más veintiún actores y bailarines y los cantantes principales y secundarios, creo que el vestuario se compró en el Ejército de Salvación, lo cual no deja de ser una obra de caridad.

Nunca había visto en un programa de mano el perfil de una productora ejecutiva (sic). ¿Cuál será el aporte de la señora a cargo de este papel tan importante que aparece antes que el de los cantantes? Go figure…

En resumen, me gustó esta función de Manon pese a la producción. Ojalá que Ópera de Bellas Artes siga presentándonos los cantantes de la calidad como los de hoy, pero también ojalá que OBA sea más estricto en la selección y supervisión de aquellos a quienes seleccione en los “equipos creativos”.

1 comentario:

  1. " Acertados comentarios... sin embargo, hay que darle más tiempo a Ramón Vargas ya que. el haber triunfado en Europa...lo hace susceptible de golpes bajos y demás- Saludos afectuosos.

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