La
Favorite en
Salzburgo, 22 de agosto de 2014.
Confieso que para mí la ópera es un dramma per musica en el que una obra literaria escrita para
representarse en escena se une a la música como medio de expresión. Esta forma
artística une a mis bellas artes favoritas literatura y música (aunque a veces
no son de la máxima calidad), con otras como la pintura, la arquitectura y hoy
en día el video. Podríamos definir la ópera como El espectáculo sin límites, como las titulaba la televisión
mexicana cuando las transmitía en vivo desde el Palacio de Bellas Artes.
Ahora bien ir a un concierto con música operística,
comparable a una sinfonía concertante, implica desprenderse casi totalmente del
aspecto dramático aunque, en ocasiones, el uso de la voz pueda hacer que el
drama “se percibe”.
Declaro abyectamente que una de las pocas razones por las
que voy a una “ópera en concierto” es para admirar la belleza vocal y física de
Elīna Garanča. Si además la acompañan Juan Diego Flórez, Ludovic Tézier y Carlo
Colombara la tentación se hace insoportable.
No puedo escribir
una reseña amplia, pero sí puedo decir que
la Léonor de Guzman de la Garanča fue impresionante. Fue dramáticamente
convincente al cantar el número principal de la ópera, que me perdonen los
tenores, “Ô mon Fernand!” –por fortuna está grabado en su disco The best of Elīna Garanča. Es cierto que
Juan Diego Flórez también brilló al canta el aria “Ange si pur, que dans un
songe”, que el barítono Ludovic Tézier fue un varonil y amenazador Alphonse XI
y que Carlo Colombara al interpretar a Balthazar demostró que hay pocos bajos
verdianos como él al cantar bellamente sus notas sepulcrales. Pocas casas o
festivales son capaces de reunir esta pléyade, a la que se unieron cantantes de
la talla de Eva Liebau como Inès y David Portillo como Don Gaspar.
Roberto Abbado dirigió la Orquesta de la Radio de Múnich
y el Coro Philarmonia de Viena con simpatía hacia los solistas.
Al final, salí del Festpielhaus de muy buen humor pues
asistí a un muy buen concierto y pude ver y oír a quien creo es la prima donna assoluta de nuestros días,
Elīna Garanča. Perdón Anna.
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