sábado, 3 de mayo de 2014

Otra visita a Le nozze di Figaro (I)

“Charles de St–Évremond, a French man of letters in the 17th century called it [opera] ‘a bizarre thing consisting of poetry in music, in which the poet and the composer, equally in each other’s way, go to endless trouble to produce a wretched result.’ The 18th century English statesman and writer Lord Chesterfield wrote to his son: ‘As for operas, they are essentially too absurd and extravagant to mention. I look upon them as a magic scene contrived to please the eyes and the ears at the expense of the understanding.’ At the opposite extreme of the reaction to opera, it has been said that the mere existence of Le nozze di Figaro suffices to justify Western civilization.” 

Herbert Weinstock

“Opera” en Encyclopaedia Britannica


 Antecedentes


La fuente del libreto de Le nozze di Figaro fue la comedia en cinco actos La Folle Journée ou Le Mariage de Figaro, que Pierre Augustin Caron de Beaumarchais escribió como secuela a Le Barbier de Séville ou La Précaution Inutile (1775). Aunque la Comédie Française la aceptó en 1781, pasaron tres años para su estreno. El censor había aprobado el texto con ligeros cambios, pero Luis XVI prohibió su presentación en público después de haber asistido a una lectura ante la corte. Beaumarchais revisó el texto y, después de otro escrutinio del censor, la pieza se presentó privadamente ante una audiencia que incluía miembros de la familia real en septiembre de 1783. Los censores rehusaron de nuevo la licencia para la presentación en público, pero entonces el rey personalmente autorizó la producción.


Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais

La obra se estrenó en el Théâtre Français el 27 de abril de1784 y se presentó posteriormente otras 68 veces consecutivas, ganando más ingresos por taquilla que cualquier otra obra francesa del siglo XVIII.

La denuncia de los privilegios aristocráticos que aparece en la pieza ha sido caracterizada como un anuncio de la Revolución Francesa. Danton dijo que la obra “asesinó la nobleza” y Napoleón Bonaparte la bautizó como "la Revolución en movimiento.”







Portada de la primera edición de Le Mariage de Figaro


 

La comedia se tradujo a todas las lenguas europeas y se imprimió en toda Europa de inmediato, sin embargo en el Imperio Habsburgo se prohibió su escenificación .

 
No se sabe con certeza el por qué Mozart decidió emplear la comedia de Beaumarchais como base para el libreto para una ópera, pero el hecho es que él fue quien escogió la pieza – dentro del inventario de artículos poseídos por Mozart a su muerte se encontraba una copia de Die Hochzeit des Figaro. Incluso Da Ponte, quien tenía la tendencia a arrogarse todas las buenas ideas de lo que sucedió durante su vida, escribió en sus Memorie “En cuanto a Mozart, sabía que su genio exigía un sujeto de gran envergadura, algo multiforme, sublime. Un día conversando con él a este respecto, me preguntó si podría escribir [un libreto para] una ópera [adaptando] una comedia de Beaumarchais – Le Mariage de Figaro. Me encantó la sugerencia y le prometí escribirlo.”
 
 
Lorenzo da Ponte
 
Por desgracia, tenemos muy poca información en cuanto al proceso y cronología de la composición de la ópera, pero sí sabemos que Mozart la había iniciado antes de noviembre de 1785, pues Leopold Mozart escribió el 3 y el 11 a Nannerl Mozart acerca del proyecto de Wolfgang.

Lo que Da Ponte se arroga es el logro de la autorización del emperador, José II, para llevar la ópera de Mozart al escenario del Hoftheater, proceso que tan encantadoramente narran Peter Schaffer, y Miloš Forman en Amadeus.

 
José II de Habsburgo-Lorena

La premier

Le nozze di Figaro, se estrenó en el Hoftheater de Viena el 1º de mayo de 1786.




Cartel del estreno de Le nozze di Figaro 

 
 
Wien Hoftheater
 
Figaro fue interpretado por el primo basso buffo de la compañía italiana del Hoftheater, Francesco Benucci, cantante muy admirado por Mozart. Michael Kelly quien estrenó los papeles de Basilio y Don Curzio, escribió en sus Reminiscences “Recuerdo el primer ensayo con orquesta. Mozart estaba en el escenario dirigiendo. Benucci cantó ‘Non più andrai, farfallone amoroso’ con gran animación, potencia y voz. Yo estaba junto a Mozart, quien sotto voce repetía ¡bravo, bravo Benucci! y cuando Benucci llegó al pasaje final ‘Cherubino, alla vittoria, alla gloria militar’, que cantó con pulmones estentóreos, el efecto fue electricidad pura ya que todos los cantantes y toda la orquesta vociferaron ¡bravo, bravo Maestro! ¡Viva, viva Mozart grande! Creí que los de la orquesta nunca cesarían de batir los atriles con los arcos. El hombrecito [por su estatura] no cesaba de agradecer con caravanas el aplauso recibido.” Benucci también creó el papel de Guglielmo en Così fan tutte, el 26 de enero de 1790.
 
 
Francesco Benucci, el primer Figaro
Michael Kelly creador de Basilio y Don Curzio   
La prima donna de la compañía, Nancy Storace, fue la primer Susanna. Era la favorita del público y gran amiga de Mozart. José II lamentaba de que su sueldo era mayor que lo que costaba una compañía de guardias.
Nancy Storace, la primera Susanna
Luisa Laschi, mujer de gran belleza, dio vida al papel de Rosina, ahora Condesa de Almaviva. Se dice que tres años después al casarse con un tal Mombelli, José II, en campaña contra los otomanos, cedió su derecho de señoría al administrador del Hoftheater, Conde Rosemberg–Orsini, sin que haya confirmación del hecho (Se non è vero, è ben trovato).

Stefano Mandini, quien había interpretado el Conde Almaviva en Il barbiere di Siviglia de Giovanni Paisiello en su estreno vienés en 1783, fue el Conde Almaviva en Le nozze di Figaro. Dado que el Almaviva de Paisiello es un tenor sin notas muy agudas y el de Mozart un barítono sin notas graves (aunque denominado bajo por Mozart como era costumbre en la época), es probable que Mandini haya sido un barítono con fuerza hasta el registro medio del tenor. Su esposa, Maria de Vesian–Mandini, fue Marcellina.
 
Francesco Bussani, que aparte de ser cantante era el stage manager del Hoftheater, y probablemente uno de los intrigantes que se oponían al estreno, también “dobló” papeles al estrenar los de Bartolo y Antonio; años después fue el primer Don Alfonso en Così fan tutte.
Su esposa, Dorotea Sardi–Bussani encarnó a Cherubino y años después sería Despina en Così.


Dorotea Sardi, la creadora de Cherubino

Quiero mencionar que Mozart y Da Ponte siguieron al pie de la letra la descripción de Churubino que exigió Beaumarchais en Le Mariage deFigaro al caracterizar el personaje: “Ce rôle ne peut être joué, comme il l’a été, que par une jeune et très jolie femme…” (Este papel debe ser interpretado por una joven muy bonita). No falta ponedor de escena que en complicidad con un director musical mediocre ¡asigne este papel a un contratenor!. Esto es un atentado a la integridad de la obra, que debería ser castigado con cárcel y exilio del mundo de la ópera.

El reparto lo completó Nannette Gottlieb, quien tenía 12 años al cantar el papel de Barbarina en el estreno; cinco años después sería la primer Pamina en Die Zauberflöte.


Michael Kelly, quien a decir verdad no es una fuente muy confiable a este respecto por ser parte interesada, escribió después de la función de estreno “Al final de la ópera, pensé que el público no cesaría de aplaudir y llamar a Mozart [a saludar en el escenario]; casi todas las piezas fueron repetidas, lo que prologó la función casi al doble y provocó que el Emperador ordenase después de la segunda función que ningún número se repitiese. Nada hubiera sido un triunfo más completo para Mozart que sus Nozze di Figaro, de lo que fue testigo un numeroso público que saturaba el teatro.”

No obstante, sabemos que durante las nueve funciones que se presentó esa temporada en Viena, el resultado de la ópera generó opiniones mixtas. El Conde Zinzendorf, cuyo diario es una fuente invaluable en el estudio de la ópera vienesa en la segunda mitad del XVIII, escribió “la ópera me aburrió”, en tanto que Franz Kazinczy registró “¿Dónde pueden encontrarse palabras dignas de describir tal alegría?”. Tal vez la opinión del periódico Wiener Realzeitung sea la más equilibrada, cuando publicó el 11 de julio de 1786 “La música del señor Mozart fue admirada generalmente por los connoiseurs desde el estreno… Sin embargo el público en general no sabía qué posición tomar… Ahora, después de varias funciones, uno debería ser parte de la cábala [contra la ópera] o carecer de gusto si mantuviese que la música de Mozart no es una obra maestra. Contiene tantas bellezas y tal riqueza de ideas, que sólo pueden provenir de un genio.”

La ópera se presentó posteriormente en Praga, en noviembre o en los primeros días de diciembre de 1776 con tremendo éxito; el Prager Oberpostamtszeitung publicó el 12 de diciembre “Ninguna pieza ha causado tal sensación como la ópera italiana Die Hochzeit des Figaro, que se ha presentado varias veces, con aplauso ilimitado, por la compañía de virtuosos de Bondini… ” Praga siempre recibió mejor a Mozart. El éxito de Figaro fue la motivación directa del encargo de Don Giovanni, que se estrenaría en Praga el 29 de octubre de 1787. En 1788 Figaro se estrenó en Alemania.

En agosto de 1789, la ópera se volvió a presentar en Viena, con algunas adiciones y revisiones – mismas que discutiré posteriormente – motivadas esencialmente por cambios en el reparto. El principal cambio fue la sustitución de Nancy Storace (ya en Londres) como Susanna por Adriana Gabrielli del Bene, amante en turno de Da Ponte. Ella sería la primera Fiordiligi en Così fan tutte.
 
 
 
 



Adriana Gabrielli del Bene
 
El Conde Almaviva fue interpretado, probablemente, por Francesco Albertarelli, y la Condesa fue Catarina Cavalieri, amante de Antonio Salieri por muchos años, quien fuese buena amiga de Mozart y que había estrenado el papel de Konstanze en Die Entführung aus dem Serail. 
 

Catarina Cavalieri
 
En las próximas entregas les contaré los detalles de cada uno de los cuatro actos de esta ópera que "por sí sola es suficiente para justificar la civilización occidental".
 
© Luis Gutiérrez Ruvalcaba

 
 

 

 

 
 
 

 
 
 
 

 
 
 


viernes, 2 de mayo de 2014

Otra visita a Le nozze di Figaro (VI)

Las revisiones de Mozart para la producción de 1789.

En la introducción a esta visita mencioné que Le nozze di Figaro tuvo una segunda temporada en Viena. La premier de la reposición fue el 29 de agosto de 1789, irónicamente menos de siete semanas después de la toma de la Bastilla. Varios de los cantantes ya no estaban en Viena, Nancy Storace (Susanna) y Michael Kelly habían regresado a Inglaterra y Luisa Laschi (la Condesa Almaviva), Stefano Mandini (Conde Almaviva) y su esposa Maria (Marcellina) a Italia.
Adriana Gabrielli del Bene interpretó a Susanna en la reposición y Mozart compuso dos arias para sustituir las originales (No.13 “Venite inginocchiatevi” y No.28 “Deh non vieni non tardar”) y así aprovechar las cualidades de su voz, diferentes a las de la Storace. La del segundo acto fue “Un moto di gioia”, que escuchamos con Barbara Bonney

La del cuarto acto conserva el mismo recitativo acompañado, pero el aria “Al desio di chi t’adora” es totalmente nueva. Oigámosla con Teresa Berganza


Es muy raro que hoy día se escuchen estas arias en una función, aunque sí sucedió recientemente en el Metropolitan Opera, cuando Cecilia Bartoli insistió cantarlas al menos en una función durante la temporada de estreno de la producción de Jonathan Miller en el otoño de 1998. Esto provocó una verdadera tempestad en la que intervinieron la cantante, el director musical James Levine (que apoyaba a la Bartoli) y el productor Jonathan Miller (que se oponía a la sustitución). El gerente general de la compañía, Joseph Volpe, tomó la decisión de que se cantasen las arias sustitutas, apoyándose en el consejo de Levine.
Hoy las oímos como parte de las “arias de concierto” entre las que se encuentran muchas otras que Mozart compuso para intercalar en otras de sus óperas o en las de otros compositores.

Mozart introdujo ambas arias en su catálogo personal y se encuentran en el catálogo de Köchel como K577 “Al desio di chi t’adora” y K579 “Un moto di gioia”. Por cierto, Le nozze di Figaro tiene el número de catálogo K492.

La composición de arias para diferentes presentaciones de la misma ópera no tenía como objetivo "mejorar" la idea original, sino aprovechar las cualidades o esconder los defectos de cantantes diferentes a los originales.
En adición a las dos nuevas arias, Mozart hizo otros ajustes (que no incluyó en su catálogo personal) para la reposición de 1789. Extendió ligeramente la segunda sección y elevó ligeramente el rango vocal del aria del Conde,“Vedrò, mentr’io sospior”, que cantó Francesco Albertarelli y reescribió la segunda parte de la segunda aria de la Condesa,“Dove sono i bei momenti”, para hacer lucir las cualidades vocales de Catarina Cavalieri, siempre admiradas por el compositor.

No introdujo estas modificaciones en su catálogo ni se encuentran en el de Köchel, sin embargo están bien documentadas como auténticas y se han grabado.
Una de las múltiples grabaciones de Le nozze di Figaro que se encuentran en YouTube es la interpretación HIP de Arnold Östman dirigiendo la orquesta y el coro del Teatro de la Corte en Drottningholm. Esta es una de mis favoritas favoritas aunque no incluye los recitativos en YouTube, pero sí las modificaciones a las arias de los Almaviva.



Las arias modificadas se encuentran al final de la grabación, la del Conde inicia en 1hora 59 minutos 37 segundos cantada por Håkan Hagegård y la de la Condesa sigue inmediatamente [2 horas 4 minutos 33 segundos] y la canta Arleen Auger; también se presentan alternativas de otros números, una cavatina de Marcellina que substituye el dueto con Susanna y un recitativo acompañado que procede al aria final de Figaro en el primer acto. Se cree que estas piezas fueron interpoladas en la premier de Praga, aunque no hay seguridad que Mozart las haya compuesto.

En mi opinión, la versión original supera en mucho a la versión de 1789; en cuanto a la batalla del Metropolitan, yo hubiera secundado a la Bartoli si se hubiesen incluido también las modificaciones de las arias de los Almaviva, aunque sea por oír completa, por lo menos una vez, la “versión de 1789”.
Despedida
Cuando se deja a un buen amigo se hace con melancolía y lo más poco a poco posible.
 
Me acerco a la puerta salida de la casa de esta amiga amada pensando en lo atinado del subtítulo de la monografía de Massimo Mila sobre esta ópera, “Mozart e la ricerca di la felicità”. El final de la ópera es una clara afirmación de su encuentro con ella.

No puedo evitar mencionar mi hipótesis de que el declive en la popularidad de Mozart entre el público aristócrata de Viena empezó con el éxito de esta ópera, no sólo por haber usado una fuente revolucionaria, sino por muchas alusiones musicales que Mozart plantea en la música - que creo muchos de los regulares del Hoftheater entendían. Pero lo más importante es ese final que atenta contra el statu quo en forma llana y simple. Da Ponte provee a Mozart un texto casi muy pobre para el final de la ópera, 
Conde       Contessa perdono.
Condesa   Più docile io sono e dico di sì.
Tutti           Ah! tutti contenti saremos così.
Sin embargo, Mozart sugiere con su espléndida música algo más profundo. La Condesa perdona a su marido en un momento de real nobleza y amor perfecto. 

Beaumarchais buscó preservar un tono neutral en su comedia. Sin embargo, la música, y especialmente la de Mozart, no puede ser neutral. Al avanzar la ópera, Mozart inyecta nueva intensidad emocional a los eventos aparentemente alegres del día de locura. La orden del Conde a Susanna de salir del gabinete en el trio del segundo acto, “Susanna or via sortite” y, aún más, la ofensa que hace a la Condesa en la parte inicial del final del mismo acto “Va lontan dagl’occhi miei un’ infida un’ empia sei”, marcan el punto donde una simple obra cómica se convierte en una drama más elemental, casi aterrador, drama para el que hay que tener el cerebro alerta y las orejas limpias y así entenderlo cuando se escucha. Desde este punto hasta la reconciliación, Mozart articula emociones que Beaumarchais y Da Ponte sabían que era mejor no decirlas. Tal vez Mozart vio en la comedia algo mucho más importante que la intriga. Esto es precisamente lo que hace de Le nozze di Figaro una obra maestra del género operístico en la que, sin lugar a dudas, Mozart es el dramaturgo, a través de su música.

Auf Wiedersehen und vielen Dank Wolfie.
Detalle del retrato inacabado de Mozart, obra de su cuñado Joseph Lange.
Al atravesar el dintel de la puerta recuerdo la firma que inventé para mis correos electrónicos "Hell must be a place where there is not even hope of listening to Le nozze di Figaro”, por lo que no cierro la puerta y regreso a oírla otra vez, no sea que…


© Luis Gutiérrez Ruvalcaba
 

domingo, 20 de abril de 2014

Otra visita a Le nozze di Figaro (V)

Acto IV

Es de noche en el jardín del castillo. Bosquecillo de pinos con un pabellón a la izquierda y otro a la derecha. Brilla la luna.
Las dificultades técnicas de iluminación de este acto son altas, ya que es fundamental que sea la suficiente para que el público pueda ver la acción, pero lo necesariamente sutil para que la confusión de identidades que sucede al final del acto sea verosímil.

Barbarina aparece apesadumbrada buscando el alfiler que le pidió el Conde. Expresa su ansiedad a través de una cavatina en Fa menor, el único número de la ópera en la que la tónica es menor, No.24, “L’ho perduta, me meschina!”

Este Fa menor es muy diferente que el del insulto del Conde a la Condesa en el Final del segundo acto, no sólo por el significado del texto, sino por otros aspectos musicales. Los tempi son diferentes, el de esta cavatina es un plácido andante, en tanto que el del Conde fue un apresurado allegro, la orquestación es distinta , sólo cuerdas nocturnales en la cavatina, a las que se adicionan oboes, clarinetes, fagotes y cornos acompañando el insulto; en mi opinión la diferencia más importante es el contraste de los ritmos, triple tiempo de danza para Barbarina (6/8) y tiempo común para Almaviva (4/4).

Canta Constanze Backes en la producción dirigida por Gardiner
 
 


Llegan Figaro y Marcellina y preguntan a Babarina el por qué de su tristeza. Ella les cuenta que el Conde le pidió entregar el alfiler a Susanna, ya que es el “sello de los pinos”; al partir Barbarina, Figaro se pone celoso y se queja con su madre de la infidelidad de las mujeres en general y de Susanna en particular antes de partir. Al quedar Marcellina sola canta un aria, No.25, “Il capro e la capretta” en la que contrasta la guerra de los sexos entre los humanos y cualquier otra especie animal.
De aquí en adelante uso la producción dirigida musicalmente por René Jacobs.
Canta Sophie Pondjiclis
 


Al terminar el aria, Marcellina sale de la escena. Resulta que ahora Marcellina se puso del lado de su nuera, exactamente lo opuesto a lo que pasa en México.  
Barbarina regresa con fruta que debe poner por orden de Almaviva en el pabellón de la izquierda; al oír voces, corre y se esconde en el pabellón.
Entran Bartolo y Basilio con Figaro que los ha convocado para que sean testigos de la traición de su nueva esposa. Al salir Figaro, Basilio expone su filosofía cínica de sometimiento convenienciero al poder con el aria No.26, “In quegli anni, in cui val poco”.
Canta Enrico Facini
 

 

Al terminar el aria, Basilio y Bartolo salen de escena.
Las tres piezas anteriores se omitían prácticamente en todas las producciones durante dos siglos, sin embargo en los últimos setenta años, la cavatina de Barbarina se ha reinstalado. Las arias de Marcellina y Basilio se interpretan en muy pocas ocasiones, especialmente en festivales como los de Salzburgo y Glyndebourne.  
Figaro regresa masticando lo que cree pasará en unos minutos. Dirigiéndose al público lanza, una invectiva contra las mujeres y una advertencia a los hombres cantando un recitativo acompañado y una formidable aria de catálogo a la mejor manera de la opera buffa, No.27, “Tuto è disposto… Aprite un po’ quegli occhi”. El aria también tiene como tonalidad Mi bemol, la del conflicto emocional, y termina acompañada por unos sugestivos cornos (como los que Verdi usará unos cien años después en el aria de Ford en Falstaff). El aria fue una de los números con más encores en las primeras funciones.
Oigámosla con Luca Pisaroni
 
 
Este número y el que Susanna canta posteriormente incluyen recitativos acompañados, lo cual era usual en la opera seria pues los números correspondían a las clases altas, como sucede por en lar arias del Conde y la Condesa en el tercer acto. Mozart amplía el poder de la opera buffa al ignorar la convención y usarlos con gente del pueblo, igualando las clases sociales musicalmente.
Figaro se oculta en el bosquecillo al llegar Marcellina con la Condesa y Susanna, ésta vestida como la Condesa quien a su vez va viste como la doncella. Marcellina les comenta que los celos carcomen a Figaro y se va al pabellón en el que previamente Barbarina había dejado la fruta.
La Condesa se retira dejando sola a Susanna, quien se ha dado cuenta que Figaro merodea; en recitativo seco dice “el bribón está de guardia. Divirtámonos también [y] démosle premio a sus dudas”. Toda la gracia e inteligencia de Susanna culminan en este número en el que fingiendo dirigir sus deseos eróticos al Conde, proclama hermosamente su amor a Figaro. Susanna canta el recitativo acompañado y aria, No.28, “Giunse alfin il momento… Deh vieni non tardar”
Canta Rosemary Joshua (en la producción dirigida por Jacobs la que aparece es la Condesa fingiendo que es Susanna, lo que en mi opinión “desafina” con las intenciones de Mozart, Da Ponte y Beaumarchais).
 
 

La tonalidad del aria es Do mayor, como la de la condesa del tercer acto, y el rango va de La sobre el pentagrama a La bajo el mismo, lo que sugiere el de una mezzosoprano. El La grave no es sencillo para muchas sopranos, por lo que se puede inferir que la primera Nancy Storace, la primera Susanna, podría haber sido lo que clasificamos hoy como una mezzosoprano “en la cerca”. Estoy seguro que la Storace no tuvo dificultades con la nota baja, de otra forma Mozart no la hubiera escrito.
Hermann Abert, uno de los académicos mozartianos importantes, afirma que esta aria no habla sobre el deseo, sino que es el deseo mismo. Por su parte, el afamado crítico  Massimo Mila dice que si los censores de espectáculos entendieran de música y erotismo, deberían olvidarse de las nalgas que se muestran en el cine - es claro que Mila escribió su monografía hace unos cuarenta años - y prohibir la interpretación de esta aria.
No he encontrado desafortunadamente un video de una representación con Barbara Bonney, en mi opinión “la” Susanna de los últimos treinta años; sin embargo encontré esta grabación con la que entiendo perfectamente lo que dicen Abert y Mila.
 
 
Al terminar el aria Susanna se esconde en el bosque, a la vez que la Condesa se hace ver. En ese momento entra Cherubino quien cree ver a Susanna y no desaprovecha la oportunidad de coquetear con ella, iniciando el Finale del acto IV, No.28, “Pian, pianino, le andrò più preso”.
 
 
La Condesa, fingiendo la voz, trata de alejar al paje al momento que el Conde, que llega lleno de fuego a su cita, y Figaro aún escondido, se acercan y reconocen la voz de Cherubino a la vez que creen que la Condesa es Susanna; en la confusión el Conde abofetea a Figaro, creyéndolo Cherubino, y éste besa al Conde, creyendo encontrar a Susanna. El paje escapa y se esconde en el pabellón donde se encuentran Barbarina y Marcellina.
Una vez libre de estorbos, el Conde inicia la seducción de “Susanna” (la Condesa) – en este punto la tonalidad de mueve de Re a Sol mayor– ofreciéndole un anillo como “una dote adicional” y tratando de llevarla a uno de los pabellones; “Susanna” se queja de las oscuridad y él contesta que su intención no es leer. Simultáneamente con el diálogo entre los Almaviva, Susanna y Figaro comentan en el fondo los acontecimientos y los estados de ánimo.

 
En este instante Figaro no puede contenerse y, elevando la voz, canta en Mi bemol una metáfora mitológica, por cierto desfavorable para él pues se compara a Vulcano tratando – sabemos que infructuosamente– de atrapar a Marte y Venus “haciéndolo”, lo que provoca que el Conde se esconda en el bosque y la Condesa se meta en el pabellón de la derecha (que se encuentra vacío).
Ante la aparición del valet, “la Condesa” (Susanna) trata de hacerlo callar –por supuesto fingiendo la voz– pero Figaro la reconoce y decide voltear las cartas cortejándola en una forma exagerada, como si se tratase de la Condesa; Susanna rompe el personaje y lo abofetea, a lo que Figaro responde tomándola en sus brazos y le pide hacer las paces pues ya la reconoció por su voz –la música se mueve al Si bemol mayor, tonalidad que Mozart asociaba a las clases aristocráticas o a los momentos de excitación.

Es curioso que Mozart haga cantar a los Almaviva en Sol mayor y a sus sirvientes en Si bemol mayor, ¿se burlaría de los aristócratas que estaban en el teatro?
Al oír al Conde buscando a “Susanna”, deciden burlarse abiertamente de él al fingir que Figaro trata de conquistar a “la Condesa”. El Conde se siente deshonrado y, al verse desarmado, solicita ayuda al tiempo que Susanna huye al pabellón de la izquierda. “Gente, gente! all’armi,all’armi!
 
 
Llegan Bartolo, Basilio, Curzio y Antonio quienes no creen lo que ven: “la Condesa” y Figaro encontrados in fraganti.
El Conde va al pabellón izquierda y saca, cada vez con más sorpresa a Cherubino, Barbarina, Marcellina y finalmente a “la Condesa” quien pide humildemente perdón que Alamaviva se niega a dar. Finalmente  “Susanna” sale del otro pabellón y ofrece su intercesión para lograr el perdón.
Ante la sorpresa general, el Conde reconoce su derrota y de rodillas pide perdón –esta vez genuinamente– que la Condesa dulcemente otorga.
Es probable que la escena de un Grande España pidiendo perdón arrodillado a una mujer vestida sencillamente como doncella del castillo, haya impactado al público aristocrático del Hoftheater de Viena. En especial porque la escena del perdón es sencillamente embrujadora. Hoy en día, los "igualitarios y democráticos" teatros anglosajones cambian el vestido de la Condesa por el más lujoso posible; por fortuna, en el “Continente” y en el resto del mundo, vemos normalmente a Rosina ofreciendo el perdón y no a una mujer vistiendo el vestido más costoso que haya salido en los ateliers parisinos en la temporada.
La obra termina con un tutti lleno de alegría y esperanza.
Mozart nos deja ver a través de la música que la felicidad es alcanzable.
Así acaba esta maravilla de la creación humana que “es suficiente para justificar la civilización occidental”.
 
© Luis Gutiérrez Ruvalcaba