martes, 30 de octubre de 2018

Le nozze di Figaro o la búsqueda de la felicidad


“…yet music is also used as a stylized means of criticism and disparagement, when plain words could be dangerous, so that one may sing what cannot be spoken.”[1]  

Cartel del estreno de Le nozze di Figaro en el Hoftheater de Vienna el 1o de mayo de 1786

Antecedentes 

La fuente del libreto de Le nozze di Figaro fue la comedia en cinco actos La Folle Journée ou Le Mariage de Figaro, que Pierre Augustin Caron de Beaumarchais escribió como secuela a Le Barbier de Séville ou La Précaution Inutile (1775). Beaumarchais ubica la acción de la secuela en el palacio del Conde de Almaviva, a unos cinco kilómetros de Sevilla y unos tres años después de los eventos de Le Barbier. Almaviva y Rosina se casaron y él ha perdido su interés en ella. Figaro es ahora el valet del Conde y va a casarse con Suzanne, doncella de la Condesa y objeto de la lujuria del Conde. La comedia se desarrolla alrededor de esta situación que incluye un explosivo contenido de conflicto de clases, amor y lujuria. 

La Comédie Française aceptó la obra en 1781. Al planear su estreno, dos años después pues el censor había aprobado el texto con ligeros cambios, Luis XVI prohibió su presentación en público después de haber asistido a una lectura ante la corte. Beaumarchais revisó el texto y, después de otro escrutinio del censor, la pieza se presentó privadamente en septiembre de 1783 ante una audiencia que incluía miembros de la familia real. Los censores rehusaron de nuevo la licencia para la presentación en público, pero entonces el rey personalmente autorizó la producción.

La comedia se estrenó en el Théâtre Français el 27 de abril de1784 y se presentó otras 68 veces consecutivas, logrando más ingresos por taquilla que cualquier otra obra del siglo XVIII en ese teatro.

La denuncia de los privilegios aristocráticos que aparece en la pieza ha sido caracterizada como un anuncio de la Revolución Francesa. Danton dijo que la obra “asesinó la nobleza” y Napoleón Bonaparte la bautizó como "la Revolución en movimiento.” 

La comedia se tradujo a todas las lenguas europeas y se imprimió en todo el continente de inmediato; en el Imperio Habsburgo se autorizó su impresión pero se prohibió su escenificación.

No se sabe con certeza por qué Mozart decidió emplear la comedia de Beaumarchais como base para una ópera, pero el hecho es que él fue quien escogió la pieza. Incluso Lorenzo Da Ponte, quien tenía la tendencia a arrogarse todas las buenas ideas de lo que sucedió durante su vida, escribió en sus Memorie: “En cuanto a Mozart, sabía que su genio exigía un sujeto de gran envergadura, algo multiforme, sublime. Un día conversando con él a este respecto, me preguntó si podría escribir [un libreto para] una ópera [adaptando] una comedia de Beaumarchais – Le Mariage de Figaro. Me encantó la sugerencia y le prometí escribirlo.”[2]

Por desgracia tenemos muy poca información en cuanto al proceso y cronología de la composición de la ópera, pero sí sabemos que Mozart la había iniciado antes de noviembre de 1785, pues su padre comentó el proyecto a su hija Nannerl en cartas del 3 y el 11 noviembre.[3]  

Lo que Da Ponte sí se arroga es el logro de la autorización de José II para llevar la ópera de Mozart al escenario del Hoftheater, y la inclusión de la danza durante la boda al final del tercer acto[4].



La premier 

Le nozze di Figaro, se estrenó en el Hoftheater (también conocido como Burgtheater) de Viena el 1º de mayo de 1786, con Mozart dirigiendo desde el fortepiano.

Figaro fue interpretado por el primo buffo de la compañía italiana del Hoftheater, Francesco Benucci, cantante muy admirado por Mozart. Michael Kelly quien estrenó los papeles de Basilio y Don Curzio, escribió  en sus Reminiscences: “Recuerdo el primer ensayo con orquesta. Mozart estaba en el escenario dirigiendo. Benucci cantó ‘Non più andrai, farfallone amoroso’ con gran animación, potencia y voz. Yo estaba junto a Mozart, quien sotto voce repetía ¡bravo, bravo Benucci! y cuando Benucci llegó al pasaje final ‘Cherubino, alla vittoria, alla gloria militar’, que cantó con pulmones estentóreos, el efecto fue electricidad pura ya que todos los cantantes y toda la orquesta vociferaron ¡bravo, bravo Maestro! ¡Viva, viva Mozart grande! Creí que los de la orquesta nunca cesarían de batir los atriles con los arcos. El hombrecito [por su estatura] no cesaba de agradecer con caravanas el aplauso recibido.”[5]

La prima donna de la compañía, Nancy Storace, fue la primer Susanna. Era la favorita del público noble y gran amiga de Mozart. José II la admiraba pero lamentaba que sus honorarios fuesen mayores al costo de una compañía de granaderos.

Luisa Laschi, mujer de gran belleza, dio vida al papel de Rosina ahora Condesa de Almaviva. Se dice que tres años después, al casarse con el tenor Domenico Mombelli, José II, en campaña contra los otomanos, cedió su derecho de señoría al administrador del Hoftheater, Conde Rosemberg–Orsini (se non è vero, è ben trovato).

Stefano Mandini, quien había interpretado al Conde Almaviva en Il barbiere di Siviglia de Giovanni Paisiello en su estreno vienés en 1783, fue el Conde Almaviva en Le nozze di Figaro. Dado que el Almaviva de Paisiello es un tenor sin notas muy agudas y el de Mozart un barítono sin notas graves (aunque denominado bajo por Mozart como era costumbre en la época), es probable que Mandini haya sido un barítono con fuerza hasta el registro medio del tenor.

Mozart y Da Ponte siguieron al pie de la letra la descripción de Cherubino que escribió Beaumarchais al describir los personajes en Le Mariage de Figaro: “Ce rôle ne peut être joué, comme il l’a été, que par une jeune et très jolie femme…”[6] (Este papel debe ser interpretado por una joven muy bonita). Dorotea Sardi, de 23 años y favorita de la galería, encarnó a Cherubino.

Michael Kelly, quien a decir verdad no es una fuente muy confiable a este respecto por ser parte interesada, escribió después de la función de estreno “Al final de la ópera, pensé que el público no cesaría de aplaudir y llamar a Mozart [a saludar en el escenario]; casi todas las piezas fueron repetidas, lo que prologó la función casi al doble y provocó que el Emperador ordenase después de la segunda función que ningún número se repitiese. Nada hubiera sido un triunfo más completo para Mozart que sus “Nozze di Figaro”, de lo que fue testigo un numeroso público que saturaba el teatro.”[7]

No obstante, sabemos que durante las nueve funciones que se presentó esa temporada en Viena, el resultado de la ópera generó opiniones mixtas. El Conde Zinzendorf, cuyo diario es una fuente invaluable en el estudio de la ópera y teatro vienés durante la segunda mitad del siglo XVIII, escribió “la ópera me aburrió”,[8] en tanto que Franz Kazinczy registró “¿Dónde pueden encontrarse palabras dignas de describir tal alegría?”[9] Tal vez la opinión del periódico Wiener Realzeitung sea la más equilibrada, cuando publicó el 11 de julio de 1786 “La música del señor Mozart fue admirada generalmente por los connoiseurs desde el estreno… Sin embargo el público en general no sabía qué posición tomar… Ahora, después de varias funciones, uno debería ser parte de la cábala [contra la ópera] o carecer de gusto si mantuviese que la música de Mozart no es una obra maestra. Contiene tantas bellezas y tal riqueza de ideas, que sólo pueden provenir de un genio.”[10]

La ópera se presentó exitosamente en noviembre o en los primeros días de diciembre de 1786 en Praga; el Prager Oberpostamtszeitung publicó el 12 de diciembre “Ninguna pieza ha causado tal sensación como la ópera italiana Die Hochzeit des Figaro, que se ha presentado varias veces, con aplauso ilimitado, por la compañía de virtuosos de Bondini… ”[11] Praga siempre recibió a Mozart mejor que Viena. El éxito de Figaro fue la motivación directa del encargo de Don Giovanni, que se estrenaría en Praga el 29 de octubre de 1787.

El libreto de Le nozze di Figaro es un dramma giocoso, nombre que se daba en el siglo XVIII a los libretos cuando eran escritos para una opera buffa. Aunque la denominación existía desde principios del siglo, la calidad de los libretos de Goldoni, fue la razón para que el título se usara hasta fines del siglo XVIII. Este tipo de libreto otorga especial relevancia a la descripción de los personajes y las circunstancias que rodean la acción, siendo en su mayoría, comedias contemporáneas con personajes realistas. Dramma, en italiano, es “cualquier composición escrita para para una representación escénica”, y dramma giocoso “la ópera cómica del siglo XVIII”.[12]



Un vistazo a algunos aspectos musicales de la obra

Le nozze di Figaro puede considerarse como una obra ‘instrumental’

El primer número musical de Le nozze di Figaro es el duettino No.1. Es temprano en la mañana en el castillo de  Aguasfrescas el día de la boda de Figaro, valet del Conde Almaviva, y Susanna, doncella de la Condesa. El escenario representa la estancia que el Conde les ha proporcionado para su nueva vida. Figaro la está midiendo para colocar la cama adecuadamente, en tanto que Susanna se está probando un tocado frente a un espejo. 


Hermann Prey (Figaro) y Mirella Freni (Susanna)

La orquesta toca dos temas, siempre allegro y ambos en sol mayor, la tónica del número. Durante los primeros compases (1–8), aparece uno de los temas en las cuerdas apoyadas por fagotes; este tema acompañará a Figaro durante el número. Sigue un nuevo tema tocado principalmente por flautas, oboes, fagotes y cornos con algunas cuerdas ocasionales (9–15), este será el tema que cantará Susanna. Después de una breve transición (16–18), Figaro canta el primer tema al medir la estancia, ‘Cinque...dieci...venti’, (19–29), seguido por Susanna cantando el segundo tema, ‘Ora sì ch’io son contenta’, (30–36). Ahora ella trata impacientemente de llamar la atención de Figaro, con la música desplazándose a re mayor, la dominante, ‘Guarda un po’ mio caro Figaro’, (37–48). Él contesta educadamente pero poco convencido y manteniendo la melodía en la dominante, ‘Sí, mio core or é più bello’, (49–58); y Susanna se le une durante 8 compases, (59–66) expresando su felicidad por la proximidad de la boda. Ambos toman el tema de Susanna, ya firmemente en sol mayor, la tónica, ‘Ah! Il mattino alle nozze vicino’ cantando en décimas paralelas, (67–76), y con maderas y cuerdas. Los últimos compases, (77–88), son una cadenza del tema de Susanna.[13] El análisis de este duettino nos muestra que se trata de un movimiento en forma sonata[14] sin desarrollo del tipo ABB, una forma típicamente instrumental y que será una característica que muchos números de Figaro compartirán. 

Mozart da una pista del final de la ópera desde el principio de la misma, usando para ello recursos muy económicos. Tal como Figaro termina cantando el tema expuesto por Susanna, así terminará “la folle journée”, bailando al ritmo que ella le imponga.

Dietrich Fischer-Fieskau (Il Conte di Almaviva), John van Kesteren (Basilio) y Mirella Freni (Susanna)
Maria Ewing (Cherubino) solamente en el recitativo

Tim Carter hace un hermoso análisis del trio del acto I No.7, ‘Cosa sento! Tosto andate’.[15] El trio es mucho más largo que el dueto discutido anteriormente, lo que permite más complejidad. El número lo cantan el Conde, furiosamente apareciendo atrás de una silla, una aterrorizada Susanna, al menos aparentemente, y Basilio disculpándose por un posible error en su apreciación del comportamiento de Cherubino. Tim Carter señala que en el trio, “áreas de estabilidad tonal (si bemol mayor, fa mayor, mi bemol mayor, regresando varias veces a si bemol mayor) corresponden a áreas de estabilidad dramática, en tanto que la inestabilidad tonal, bien sea por modulaciones súbitas o, más frecuentemente, pedales en la dominante, subrayan la inestabilidad dramática.” Mozart compone este trio usando el principio sonata adaptado perfectamente al contexto operático.



Dietrich Fischer-Fieskau (Il Conte di Almaviva), Kiri te Kanawa (La Contessa di Almaviva) y Mirella Freni (Susanna)
Maria Ewing (Cherubino) solamente en el recitativo


El ejemplo más claro del uso de la forma sonata en Le nozze di Figaro es el trio del acto II, No.14, ‘Susanna, or via sortite’. Este trio “es sin duda una sonata sin desarrollo… y con una recapitulación temática… “.[16] La exposición en do mayor que aparece cuando el Conde ordena a Susanna que salga del vestidor (1–8), tendrá su recapitulación (73–77) cuando ordena a Susanna que al menos hable, ‘Dunque parlate almeno’, lo que veta bellamente la Condesa quien exclama, ‘Nemmen, nemmen, nemmeno’, con una melodía que asciende una octava de sol’ and sol’’ (78–82), y terminando con un muy inestable unísono de los tres caracteres.[17]

Heather Begg (Marcellina), Hermann Prey (Figaro), Paolo Montarsolo (Bartolo), Willy Caron (Don Curzio), Dietrich Fischer-Dieskau, Mirella Freni (Susanna)

Se sabe que Mozart tenía un cariño especial por el sexteto, No.19, ‘Riconosci in questo amplesso’. Charles Rosen ve en este número “la adaptabilidad del estilo sonata a la ópera en su forma menos compleja y más perfecta”.[18] Como muchos de los movimientos sonata que se pueden identificar en Le nozze di Figaro, este sexteto es un movimiento sin una sección de desarrollo pero con recapitulación. Da Ponte escribe el número en tres secciones cambiando la longitud de los versos y las rimas. La primera sección corresponde a la reconciliación de Figaro con sus padres ('Riconosci in questo amplesso’), incluyendo el berrinche del Conde repetido como eco por Don Curzio, (‘Son smarrito’ el Conde y ‘Ei suo padre’ Curzio). Sigue la sección en la que Susana entra disonantemente con la dote que le dio la Condesa, (‘Alto, alto! signor Conte’), manteniendo versos octosílabos, pero cambiando las rimas de ‘-ir’ a ‘-à’, para terminar en la reconciliación general, (‘Lo sdegno calmate)’, en tanto que el Conde, (‘freno, smanio dal furore’) canta hexasílabos. .

Rosen dice que Mozart, como compositor clásico, “[para recapitular el sexteto] tenía que encontrar los elementos de simetría y resolución en las situaciones y en las propias palabras del libreto”.[19] Para hacerlo, la tónica, fa mayor, regresa cuando Marcellina contesta a Susanna solamente decorando la melodía que tocan las maderas. Rosen establece: “aquí, la estructura armónica y las proporciones importan más que el patrón melódico del texto, tal como él [o Haydn] lo hace en sus obras abstractas”[20]

Este sexteto en un caso en el que Mozart no siguió las sugerencias de Da Ponte, es decir los cambios en el número de sílabas y en las rimas de los versos del texto, y decidió componer un movimiento de forma sonata, usando de nuevo una técnica “instrumental”.

El periodo en el que Mozart compuso Le nozze di Figaro, otoño de 1785 y primavera de 1786, fue uno de los más felices y productivos de Mozart. En esos meses compuso, entre otras piezas, la Maurerische Trauermusik K.477, la pequeña ópera de ocasión Der Schauspieldirektor K.486 y los tres grandes conciertos para piano, números 22, 23 y 24, KK.482, 488 y 491, estrenados por él mismo. En los tres conciertos Mozart exploró la forma sonata con excepcional profundidad.



Le nozze di Figaro y la planeación tonal

Le nozze di Figaro inicia y termina en re mayor, Don Giovanni inicia en re mayor –re menor momentáneamente– y termina en re mayor–re menor excluyendo el sexteto final– y Così fan tutte lo hace en do mayor. Esto es seguramente resultado del hecho que Mozart componía las oberturas al final. No obstante, el análisis tradicional provoca la tentación de pensar que Mozart tenía una planeación tonal que incluyese toda la ópera, como Beethoven la tenía en sus sinfonías.

El número que más tienta a pensar en una posible planeación tonal, es el Finale del acto II, ‘Esci ormai, garzon malnato’, que en sí mismo es una de las maravillas de la música dramática, y ha sido sujeto de muchos análisis desde el punto de vista “instrumental”. Los 939 compases de este Finale lo hacen una de las más largas piezas de música continua compuesta por Mozart, y su construcción es considerada ejemplar.[21]  


Dietrich Fischer-Dieskau (Il Conte di Almaviva), Kiri te Kanawa (La Contessa di Almaviva), Mirella Freni (Susanna), Hermann Prey (Figaro), Hans Kraemmer A(Antonio), Heather Begg (Marcellina), Paolo Montarsolo (Bartolo] y John van Kesteren (Basilio)


Este número inicia con un dueto entre los condes –en mi bemol mayor, allegro– ‘Esci ormai, garzon malnato’, que se transforma en un trio, ‘Susanna’ – en si bemol mayor, molto andante – cuando la doncella sorprende a los condes al salir del clóset donde esperaban encontrar a Cherubino, en uno de los momentos más cómicos de la ópera y en el que Susanna se coloca psicológicamente sobre ellos; aún en si bemol mayor, el tempo se acelera a allegro con el suplicante ‘Susanna, son morta’ de la Condesa.  

La tonalidad de desplaza a sol mayor cuando el trio se convierte en cuarteto a la entrada de Figaro, ‘Signori di fuori son già i suonatori’ y de ahí el número terminará en la tonalidad inicial, mi bemol mayor, cerrando un círculo de quintas perfecto.[22] 

El último segmento del Finale se encuentra mi bemol mayor, lo que de alguna hace sentir que tanto música como argumento están ciertamente inestables.  Este Finale es impresionante.

No obstante, la crítica más reciente ha demostrado que la planeación total de este número no es más que “no es más que un no muy analítico wishful thinking”.[23] Pero nunca está demás explorar cualquier tentación.



La dramaturgia musical en Le nozze di Figaro 

La interacción creativa entre Mozart y Da Ponte durante la composición ha de haber sido muy fuerte, por lo menos durante las seis semanas en las que dice Da Ponte que Mozart compuso la obra.[24] Prueba de ello son dos obras maestras de la música dramática, la canción con la que Cherubino declara su amor a la Condesa y el aria de Susanna en el cuarto acto.

Frederica von Stade (Cherubino)

Beaumarchais hace que Cherubin cante ocho couplets con la música popular, entonces como ahora, de Malbrough s’en va t-en guerre con los que declara su amor a la Condesa.[25] Mozart y Da Ponte decidieron cambiar texto y música para lograr uno de los momentos más bellos de la ópera. Para ello, Da Ponte adaptó un soneto de Dante y Mozart compuso una bellísima melodía para la canción del paje ‘Voi che sapete’ 

Pese a que las partes más escabrosas políticamente hablado de la comedia de Beaumarchais quedaron fuera del argumento, Mozart planteó musicalmente, en mi opinión, críticas a la nobleza en el texto y, muy especialmente en la música. Sobresale la cavatina de Figaro en el primer acto ‘Se vuol ballare’, dedicada a Almaviva, pero hay otros momentos en los que la música hace una crítica directa a la nobleza. Podría mencionar el hecho de que las arias de Bartolo y Almaviva están escritas en la misma tonalidad, re mayor, y emplean toda la orquesta, como haciendo saber al público que el Gran Corregidor de Andalucía y el leguleyo pedante se encuentran en el mismo nivel. Asimismo es notable que Mozart, y Da Ponte, elevan a Figaro y Susanna al mismo nivel de los Condes al hacerlos cantar recitativos acompañados, normalmente reservados para personas de alta alcurnia.  


Mirella Freni (Susanna)

En el recitativo y aria de Susanna, ‘Giunse al fin il momento’…’Deh vieni non tardar’ Mozart logra musicalmente que la naturaleza y la sensualidad llenen el escenario; por algo Hermann Abert escribió que el aria no se refería al deseo, sino que “es el deseo mismo”[26].

Hasta ese momento histórico los siervos no tenían el mismo lenguaje musical que los amos. ¿Se habrá dado cuenta el público noble de ello? No lo sé, pero esta crítica velada pudo ser una de las causas de la declinación económica y social de Mozart posterior a Le nozze di Figaro.


Rodney Gilfry (Il Conte di Almaviva) y Hillevi Martinpelto (La Contessa di Almaviva)
El resto de los personajes forman el coro


La corona del drama de esta ópera es el final de la misma, y no sólo por la escenificación de un Grande de España pidiendo perdón de rodillas a una mujer que viste como sierva, engalanada para su boda, pero sierva al fin. Para este momento, Da Ponte escribió ‘Contessa perdono’ – ‘Più dócil io sono e dico di sì’. Mozart compuso con estos simples versos uno de los momentos más humanos y bellos de la historia de la ópera y de todas las artes. Parafraseando a Massimo Mila, Mozart nos hace alcanzar la felicidad en Le nozze di Figaro

Fragmento del manuscrito original del Finale del acto IV de Le nozze di Figaro

En Le nozze di Figaro, Mozart trata magistralmente los temas que lo inquietaron toda su vida como compositor operístico y como ser humano: el erotismo (como amor o como lujuria), el conflicto entre clases sociales, y el perdón. Figaro también es también una ópera cómica que en algunos momentos nos hace sonreír y en otros carcajear. Le nozze di Figaro es una comedia muy seria y una ópera que hace que Joseph Kerman afirme: ‘en ópera, el dramaturgo es el compositor’.[27]







© Luis Gutiérrez Ruvalcaba




[1] John Potter and Neil Sorrell, A History if Singing, (New York, Cambridge University Press (CUP), 2012) p. 18
[2] Lorenzo Da Ponte, Memoirs, trans. by Elisabeth Abbott, (New York: Da Capo Press, 1988), pp. 149 -150.
[3] The Letters of Mozart and his Family, trans. and ed. by Emily Anderson (London: Macmillan, 1989), pp. 893.
[4] Da Ponte, idem. p. 150 - 151
[5] Michael Kelly, Reminiscences, (New York: Benjamin Blom. Inc., 1969), p. 161.
[6] Théàtre de Beaumarchais, (Paris: Flammarion, 1965), p. 136.
[7] Kelly, idem, p. 162,
[8] Tim Carter, Le nozze di Figaro, (Cambridge: CUP, 1987), p. 124.
[9] Idem.
[10] Idem.
[11] Idem.
[12] Nicola Zingarelli, Vocabolario della lingua italiana, (Bologna: Zanichelli, 1998)., p. 578.
[13] Wolfgang Amadeus Mozart, Le nozze di Figaro KV 492, Vocal Score (New York: Barenreiter, 1976),
    pp. 14–23.
[14] Un bello ejemplo de lo que es la forma sonata es el primer movimiento de la sinfonía en La mayor, No.29,
    K. 201. Un análisis ilustrado y muy educativo se puede ver en el link:
    https://www.youtube.com/watch?v=Umhf75bmRf4 (copiar la dirección y pegarla para apreciarla).
[15] Carter, idem, p.98.
[16] Tim Carter, ‘Mozart, Da Ponte and the Ensemble: Methods in Progress?’ in Wolfgang Amadé Mozart,
     Essays on his Life and his Music, ed. by Stanley Sadie (Oxford: OUP, 1996),  p. 243
[17] Mozart, idem, pp. 164–177.  
[18] Charles Rosen, The Classical Style. (New York: Norton, 1997), p. 290.
[19] Idem, p. 293.
[20] Idem, p. 295.
[21] Mozart, Idem, pp. 190 – 277.
[22] Una quinta es el intervalo en el que dos notas están separadas por cuatro espacios diatónicos, es decir
     sin contar los accidentes, bemoles o sostenidos, por ejemplo do–sol  o mi bemol–si bemol como es el
     caso del final del acto II de Figaro. The New Grove Dictionary of Music, ed. by Stanley Sadie,
    (London:  Macmillan, 1980), Vol.6, p. 541. Un círculo de quintas es el arreglo de tónicas de las 12 notas    
     mayores o menores, ascendiendo o descendiendo en quintas, cerrando el círculo al iniciar y terminar en
     la misma tónica, mi bemol mayor en el caso que nos ocupa. Idem, Vol. 4, p. 409.
[23] Carter, idem, p. 241
[24] Da Ponte, idem, p. 150.
[25] Beaumarchais, Idem, p. 163 – 164.
[26] Hermann Abert, W.A. Mozart, trans. by Stewart Spencer and ed. by Cliff Eisen (Yale University: 2009)
      pp. 972 – 973. 
[27] Joseph Kerman, Opera as Drama, (Berkeley: University of California Press, 1988), p. 91.

viernes, 5 de octubre de 2018

La primera ópera


Euridice

 La boda del Gran Duque de Toscana Fernando I de Medici y Cristina de Lorena se celebró en Florencia en 1589 con justas y torneos, una batalla naval en el inundado patio central del Palazzo Pitti, una sacra rappresentazione y algunos otros entretenimientos teatrales, encabezados por una comedia – La pellegrina de Girolamo Bargagli – con magníficos intermedios.

Entre quienes estuvieron a cargo de los intermedios para La pellegrina se encontraba Giovanni de’Bardi quien lideraba un grupo de artistas y diletantes que se reunía en los 1570s y 1580s para discutir el estado de las artes. Este grupo es conocido como la “Camerata”. Bardi se trasladó a Roma en 1592 y Jacopo Corsi, empresario cercano al Gran Duque Fernando I, ocupó su lugar. 

Placa alusiva a la Camerata en el frente del Palacio Bardi de Florencia


Entre los miembros de la Camerata se incluían los poetas Giovanni Battista Strozzi y Ottavio Rinuccini quienes escribieron los textos para los intermedios; la música fue compuesta por el propio Bardi, Cristofano Malvezi, Luca Marenzio, Emilio de’Cavalieri, Jacopo Peri y Giulio Caccini, también miembros de la Camerata.

Rinuccini y Peri eran muy cercanos artística y comercialmente a Corsi. Su idea de aplicar música al drama en la forma que presuntamente se hacía en las representaciones de la tragedia griega, parece haber enraizado en la mitad de los 1590s, aunque Peri dijera años después que no creyó haber logrado conocer la forma específica en la que se usaba la música en Grecia. La primera obra que incorporó música al drama a la luz de esta idea fue una colaboración de Rinuccini y Peri. La obra, opera en italiano, fue Dafne; se representó a principios de 1598 habiéndose repetido en 1599; la mayor parte de la partitura de esta ópera se perdió desafortunadamente.

En 1600 Florencia volvió a tener una boda real, la de Enrique IV de Francia con Maria de Medici. Las festividades fueron también brillantes y el evento principal fue la representación de Il rapimento di Cefalo, obra de Gabriello Chiabrera con música de Giulio Caccini quien, como Peri, era cantante además de compositor. Tim Carter sugiere que esta obra fue más cercana a los intermedios que al nuevo género, la ópera.

Rinuccini escribió un libreto para una nueva ópera, Euridice, que fue puesta en música casi simultáneamente por Peri y Caccini. Jacopo Corsi decidió patrocinar la ópera compuesta por Peri, que se estrenó el 6 de octubre de 1600 en el Palazzo Pitti; el público recibió sin entusiasmo la novedad del recitativo, de hecho, algunos lo encontraron aburrido, y el libreto no fue tan trágico como “debería haber sido”. Aunque la partitura de Caccini se publicó seis semanas antes que la de Peri, se interpretó hasta 1602. Hoy día, se considera que la ópera de Peri es superior a la de Caccini, dado el uso dramático de la música de la primera.

Frontispicio del libreto de Eurídice

La siguiente oportunidad para presentar otro gran espectáculo en Florencia se dio en 1608, tratándose obviamente de otra boda, pero los florentinos regresaron a los intermedios del tipo de los de 1589 “deseando evitar los errores cometidos tan claramente en 1600” en palabras de Tim Carter.





© Luis Gutiérrez





Esta nota es un extracto del artículo El nacimiento de la Ópera que publiqué el 31 de marzo de 2018.

jueves, 6 de septiembre de 2018

La última ópera de Mozart


Una ópera para una coronación

Antecedentes

José II de Habsburgo–Lorena, Emperador del Sacro Imperio Romano, murió el 20 de febrero de 1790. Su hermano, hasta entonces Archiduque Gran Duque de Toscana, fue coronado Emperador como Leopoldo II en Frankfurt el 9 de octubre de 1790 y Rey de Hungría un mes después. Su coronación como Rey de Bohemia se llevó a cabo hasta el 6 de septiembre de 1791 en Praga.

Durante el siglo XVIII, como sucedía antes y sigue sucediendo hoy día, las ceremonias más importantes de los poderosos – bodas y coronaciones o su equivalente actual – han sido ocasión para demostrar el poder, a la vez que asombrar a los simples mortales, con ceremonias de todo tipo incluyendo desfiles marciales, bailes de gala y, en mucho menor escala hoy, celebraciones que incluían ballets, piezas teatrales, conciertos y representaciones operísticas. 



Leopoldo II


El 8 de julio de 1791 los Estados Bohemios, es decir la nobleza y la iglesia católica de Bohemia, encomendaron a Domenico Guardasoni, director del Teatro Nacional de Praga, una ópera para presentarla como el evento principal de las fiestas de celebración de la coronación. La ópera debería ser seria y con el texto de La clemenza di Tito de Metastasio. El libreto es un ejemplo paradigmático de una obra diseñada como propaganda imperial y de la moral de toda la ilustrada corte.



El poeta cesáreo escribió el libreto en 1731 para Antonio Caldara quien la estrenó en honor de Carlos VI. El libreto se usó posteriormente por más de cuarenta compositores. Era costumbre que los libretos originales de Metastasio, 27 en total, se modificasen para ajustarlos a las características de los intérpretes.

Guardasoni acudió inicialmente a Antonio Salieri quien declinó la invitación para componer la ópera alegando tener carga de trabajo. A Mozart sólo le faltaba componer la obertura y la Marcha de los sacerdotes de Die Zauberflöte, por lo que se encontraba libre para otras ocupaciones, y decidió aceptar los 200 ducados del contrato e inició la composición de Tito a fines de julio de 1791.

…ridotta a vera opera

El libretista de esta nueva versión de La clemenza di Tito, fue Caterino Mazzolà, quien había sustituido a Lorenzo Da Ponte como poeta cesáreo a la muerte de José II. El poeta se puso a trabajar hasta llegar a satisfacer los requerimientos del compositor. Cuando Mozart ingresó la ópera en su catálogo personal reconoció el trabajo de Mazzolà pues escribió “La clemenza di Tito …ridotta a vera opera dal Signore Mazzolà”.

Me permito hablar del significado al que, creo, Mozart se refirió como “vera opera”. Las diferencias entre la opera seria y la buffa no se limitaban al sujeto del libreto. Las más notables eran las convenciones musicales; ya en el último cuarto del siglo XVIII el aria da capo había casi desaparecido dejando en su lugar arias en dos partes, sin embargo, la existencia de los ensambles era abundante en la buffa y casi nula en la seria; en la buffa la acción se desarrollaba esencialmente en los ensambles, en tanto que en la seria lo hacía en el recitativo secco; una característica muy notable de la buffa era la existencia del Finale intermedio que dejaba en suspenso la resolución de la trama. Esto es clarísimo en las tres grandes óperas bufas del propio Mozart, y excepcionalmente notable en el final del primer acto de La clemenza di Tito.

Debido la modificación realizada por Mazzolà, que no sólo redujo el libreto de tres a dos actos, sino que condensó en varios ensambles el desarrollo de la acción; es plausible que Mozart no escribiera los recitativos secos, dado el brevísimo tiempo que tuvo para la composición, razón por lo que los encargó, probablemente, a su alumno Franz Süssmayr. Es claro que los recitativos acompañados de Sesto, previo al quinteto que precede el final del primer acto, el de Vitellia que precede su aria principal. ‘Non più di fiori’, y el de Tito en el final de la ópera, son de Mozart.

Uno de los misterios de esta ópera es precisamente el aria ‘Non più di fiori’. La cantante que estrenó la ópera era un soprano con agudos muy firmes, pues alcanza el re sobreagudo en el terceto que precede el final del primer acto; Mozart no hubiese escrito esa nota si no estuviese seguro de las posibilidades de la cantante. Alan Tyson, el especialista en el análisis de los tipos de papel de las partituras de Mozart, determinó que el compositor usó cinco tipos diferentes durante la composición de Tito, uno de ellos solamente se incluye ‘Non più di fiori’. Esto, aunado al cortísimo periodo que tuvo Mozart para la composición, ha motivado que algunos investigadores piensen que el aria haya sido escrita con anterioridad a julio de 1791, probablemente para su amiga Josepha Duschek, ya que ésta tenía notas graves muy sólidas y la partitura alcanza un profundo sol bajo el pentagrama. Por otra parte, la estructura de esta aria es similar al recitativo acompañado y aria ‘Bella fiamma… Resta o cara’ K 528, que Mozart compuso para la Dushek el 5 de noviembre de 1787 en Praga, poco después del estreno de Don Giovanni. Hoy día las partes musicales de Vitellia sufren trasposiciones en muchas ocasiones, dependiendo del rango vocal de las cantantes. Hay que decir que sí hay sopranos que cantan las dos octavas y media, de sol’ en esta aria hasta re’’’ en el terceto del primer acto, que requiere el papel de Vitellia sin necesidad de transposiciones. 


No.10 Terzetto "Vengo... aspettate… Sesto!... "
Dorothea Röschmann (Vitellia), Elīna Garanča (Annio) y Luca Pisaroni (Publio)
Festival de Salzburgo 2003

No.22 Recitaivo accompagnato "Ecco il punto, oh Vitellia" y No.23 Rondò "Non più di Fiori"
Dorothea Röschmann (Vitellia)
Festival de Salzburgo 2003




No es un misterio, pero es muy afortunado el hecho de que Mozart compusiera el aria de Sesto del primer acto ‘Parto, ma tu ben mio’ con un obbligato de clarinete bajo, y ‘Non più di fiori’ con uno de basserthorn. Mozart escribió estas partes que las interpretara su gran amigo y colega masón, el virtuoso Anton Stadler, para quien compusiera el concierto para clarinete unas semanas después.


Mozart y su esposa llegaron a Praga el 28 de agosto. Mozart ya conocía a los cantantes – de hecho, Antonio Baglioni, el primer Don Ottavio, cantó el papel epónimo – por lo que la semana anterior al estreno fue de ensayos y ajustes finales a la partitura.

La clemenza di Tito K 621 se estrenó el día de la coronación, el 6 de septiembre de 1791. Leopoldo II expresó su gusto por la ópera, especialmente por la actuación de la soprano importada de Florencia, Maria Marchetti-Fantozzi, quien cantó el papel de Vitellia. La expresión atribuida a la emperatriz, María Luisa de Borbón, calificando la ópera como “porcheria tedesca” no está documentada, por lo que se une a es las leyendas que rodean la personalidad y vida de Mozart.

El argumento de la ópera es el siguiente: Vitellia (soprano) hija del depuesto Emperador Vitellius, conspira con su enamorado Sesto (castrato) en contra de su amigo Tito (tenor), pues éste no corresponde al amor de la ambiciosa Vitellia. El Emperador planea casarse con Servilia (soprano), hermana de Sesto y a su vez enamorada de otro de sus amigos, Annio (castrato), pero renuncia a la boda respetando el amor de Servilia y Annio. Publio (bajo), jefe de la guardia pretoriana, comunica a Vitellia que Tito se casará con ella después de todo. Pero ella ya había enviado a Sesto a incendiar el Capitolio – lo que sucede – y a asesinar a Tito – que no sucede –. Tito descubre el complot. Annio dice a Sesto que huya, pero Publio lo arresta y es condenado a muerte. Tito rompe en pedazos la orden de ejecución. Aunque en última instancia, Vitellia confiesa su participación en la conspiración, Tito perdona a los conspiradores y la ópera tiene un final feliz, el lieto fine convencional de la opera seria

 
© Luis Gutiérrez R



sábado, 14 de julio de 2018

L'italiana en el palacio


L’italiana in Algeri en Bellas Artes. Julio 12 de 2018



La Compañía Nacional de Ópera decidió celebrar este año Rossini. Para ello programó la puesta en escena de la ópera bufa, estrictamente dramma giocoso, L’italiana in Algeri y así conmemorar el sesquicentenario de la muerte del Cisne de Pesaro.

Hernán del Riego fue el responsable de reponer la producción el concepto escénico que estrenó en 2002. La escenografía de aquella puesta fue la misma que diseñara Jorge Ballina, aunque al mismo tiempo fue nueva, pues la original se perdió durante el incendio de los almacenes de la CNO a mediados de la primera década de este siglo. El contar con una nueva escenografía permitió incorporar algunos detalles que la hicieron más brillante y funcional, a la vez que ajustar la iluminación, diseñada esta vez por Ingrid SAC (sic), y el vestuario firmado por Violeta Rojas. 

Finale I
Foto: Ana Lourdes Herrera


Del Riego nos presenta durante la obertura, ya que supongo que considera que el público se puede aburrir con esta pieza deliciosa, una escena con el bebé de Isabella y Lindoro, que supongo es lo que motiva a la italiana a viajar a Argelia. El bebé será omnipresente y se convertirá en el eje de movimientos chuscos que distraen la atención de la ejecución musical. Creo que, pese a este recurso y a algunos menos importantes, la producción funciona bien y divierte al público.

En su Vida de Rossini, Stendhal escribió que esta ópera es una ‘locura organizada y completa’. En este caso fue casi completa. Es normal que se hagan cortes de la partitura aquí o allá. Muchos de estos cortes son producto de la tradición, o de los caprichos de los cantantes, quienes solicitan el corte para agregar un adorno, o bien para evitar que algún músico tenga problemas con una u otra sección de un aria. En este caso hubo cortes de los recitativos simples, lo que se agradece, pues en esta ópera el texto no es precisamente brillante, pero hubo un gran corte que motiva mi uso del casi. Rossini tuvo a su disposición a una muy buena contralto para el papel de Isabella, Maria Marcolini, para quien compuso el rondò “Pensa alla patria”. No sólo es un aria que exige vocalmente estamina y flexibilidad, sino también tiene un contenido patriótico que el público de la segunda década del siglo XIX entendió perfectamente. Pese a que el aria fue censurada modificando el texto, como pasaría años después con varias de las óperas de Giuseppe Verdi, la música puede tener un mensaje subversivo que Rossini se encargó quedase muy claro. No creo que esta aria se haya cortado por capricho del director musical o incapacidad de nuestra Isabella, sí creo que el corte haya sido impuesto por el director de escena.

La mezzosoprano Guadalupe Paz encarnó una Isabella sexy y coqueta. Las cualidades naturales de su voz y la técnica adquirida durante sus años académicos y profesionales la hacen hoy día la mejor exponente mexicana de los papeles rossinianos. Creo que merecíamos que cantara toda “Pensa alla patria”, lo que hubiera redondeado una muy buena función.  

El tenor Édgar Villalva fue Lindoro. Tiene una voz bonita, pero no tiene los agudos ni la flexibilidad necesaria para lograr la coloratura que demanda su parte.

El bajo–barítono chileno Ricardo Seguel nos dio un Mustafá de gran calidad. Posee un gran y bella voz que aunada a su técnica rossiniana nos permitió escuchar la difícil coloratura que exige la partitura. Su actuación fue excepcionalmente cómica y fue el eje alrededor del cual se movió la farsa.

Josué Cerón, otro barítono que ha hecho muchos papeles de Rossini, tuvo una buena función 

Los papeles secundarios fueron cubiertos adecuadamente por Angélica Alejandre como Elvira, Mariel Reyes como Zulma y Luis Rodarte como Haly.

Srba Dinić dirigió con tiempos a buena velocidad tanto a los solistas, como a la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, que muestra una enorme mejoría desde que la tomó el maestro serbio, y al Coro del Teatro de Bellas Artes, esta vez dirigido por Cara Tasher. En mi opinión el Coro del Teatro de Bellas Artes mejoraría tanto como la Orquesta si contase con un director estable. Hoy el coro no fue lo mejor de la noche.

No puedo evitar alabar a Ricardo Magnus que desde el clavecín logró un espléndido acompañamiento durante los recitativos simples, que no por simples dejan de ser complicados en su ejecución.

Stendhal también dijo que la música de L’italiana nos hace olvidar toda la tristeza del mundo. Sólo me queda la tristeza de que no podré ver una ópera de Rossini al mes, receta segura para alcanzar la felicidad.

 

© Luis Gutiérrez Ruvalcaba