domingo, 4 de febrero de 2018

Reminiscencias del 2006 22


Seducción y horror



Il dissoluto punito, ossia Il Don Giovanni


Le nozze di Figaro tuvo un éxito clamoroso cuando se presentó en Praga en diciembre de 1786. A raíz de ello, el empresario Pasquale Bondini pidió a Mozart otra ópera a estrenarse en el siguiente otoño, sugiriéndole la versión de Giovanni Bertati sobre la leyenda de Don Juan, puesta en ópera por Giuseppe Gazzaniga en Venecia en febrero de ese año, 1787, como Don Giovanni Tenorio, ossia Il convitato da pietra. Da Ponte ya se encontraba ocupado en libretos para Martín y Soler, L’arbore di Diana, y Salieri, Axur, ré d’Ormus, por lo que puede entenderse que, dada la carga de trabajo que enfrentaba el veneciano, gran parte del primer acto y las escenas finales del segundo, puedan tildarse de plagio del libreto de Bertati –a quien Da Ponte consideraba su némesis–. Las fuentes principales del libreto, además de la de Bertati, son El burlador de Sevilla y el convidado de piedra de Tirso de Molina (1630), Le Festin de pierre de Molière (1665), y Don Giovanni Tenorio, ossia il dissoluto de Carlo Goldoni (1736). La ópera, Dramma giocoso en dos actos, Il dissoluto punito, ossia Il Don Giovanni K 527, se estrenó el 29 de octubre de 1787, dirigida por Mozart desde el fortepiano. Dramma giocoso, nombre convencional dado en el siglo XVIII a los libretos de las óperas bufas, tales como Così fan tutte o Il matrimonio segreto, es hoy día pretexto para que algunos directores de escena piensen en una mezcla de aspectos trágicos y cómicos. Mozart inscribió la obra en su catálogo personal como opera buffa. El 7 de mayo de 1788, Mozart estrenó, y dirigió, su ópera en Viena, modificándola en forma importante. Mozart jamás escuchó la versión que hoy oímos la mayoría de las veces, que mezcla la mayoría de los números de ambos “originales”.

Autógrafo del inicio de la obertura de Don Giovanni 

Múnich – Bayerische Staatsoper. Febrero 4


Esta producción corresponde a la versión de Praga de Don Giovanni, es decir excluye el aria que Mozart escribió para el tenor vienés Francesco Morella, “Dalla sua pace” K 540a en el primer acto, sustituyendo a la original del segundo “Il mio tesoro intanto”. Tampoco incluye el recitativo y aria de Donna Elvira “In quali eccessi/Mi tradì” K540c, y el dueto bufo entre Zerlina y Leporello “Restati qua” K540b, compuesto por Mozart para “satisfacer el gusto ramplón de los vieneses”, que se escucha en muy pocas ocasiones en nuestros días.


La producción de Nicholas Hytner data de 1994 y se inclina hacia la concepción del Don Giovanni violador, o, en el mejor de los casos como un sensualista más cercano a Calígula que a Petronio, o Sade que a Casanova. En mi opinión el héroe–antihéroe Giovanni es el sensualista par excellence, un joven bello y elegante, hambriento de placeres, de todos ellos, sexo, música y comida.


El enfoque del violador se muestra desde la introducción cuando Don Giovanni entra en escena perseguido por Donna Anna y rasgando una cortina. Todo el escenario es rojo sangre, lo que da entender la desfloración de una joven a la que le rasgan e himen lo que provoca una hemorragia. El enfoque del sensualista caligulesco o sádico culmina durante la cena del final, en la que Don Giovanni come con las manos sentado en el suelo, a su vez ignorando la harmoniemusik que ameniza el momento. He visto este enfoque del violador sádico muchas veces. ¿Acaso no puede ser un sensualista un joven refinado que disfrute la comer con tenedor y cuchillo, de la música con arrobamiento y que sea un hombre fiel a cada una de las mujeres que seduzca, un hombre fiel serial?


El escenario mantiene el color rojo la mayor parte del tiempo. Durante las escenas del cementerio y el de la condenación de Don Giovanni, en cambio, adquiere un azul con matices sepulcrales. El vestuario también fue peculiar, las dos damas usan vestidos similares en negro, con detalles de rojo en el caso de Elvira –en los escenarios germánicos es tradicional asociar a Elvira con el rojo, que representa el farol rojo de los prostíbulos alemanes; a decir verdad, no entiendo el porqué de esta asociación–. Me sorprendió ver a Masetto y sus amigos portando cucuruchos como lo hacían quienes eran destinados a la hoguera en los autos de fe de la Inquisición española. El resto de los personajes vestía a la usanza del siglo XVII.

 Simon Keenlyside

El reparto fue de lujo, en general. Simon Keenlyside fue un formidable Don Giovanni. Brilló inmensamente en “Fin ch’an dal vino”, se oyó reamente seductor durante “Là ci darem la mano” y “Deh, vieni a la finestra”, y actuó como todo un valiente al confrontar su destino al final. Kurt Moll fue, como siempre, un Commendatore imponente que arriba a la cena montando un caballo de piedra acompañado por la Muerte en persona, acompañados por una gran mano sobre el escenario. Ya había una manota en un Don Giovanni en Bellas Artes. Debo decir que la producción de Hytner precedió a la de Bellas Artes. Por cierto, sigo sin entender el significado de la mano en cuestión. Toby Spence cantó un glorioso “Il mio tesoro” y Steven Hume hizo un decentísimo Masetto. La única deficiencia en el reparto masculino fue el Leporello del barítono neozelandés Jonathan Lemalu. Lo oí cantar en 2003 un muy buen Zoroastro en el Orlando de Handel en Covent Garden y me impresionó favorablemente, sin embargo, recientemente su voz se oye muy pequeña, lo que él nota y le genera una inseguridad respecto a su musicalidad. Siempre entró a destiempo, fue inaudible durante el sexteto e, inexplicablemente durante el aria que le sigue “Ah pietá, signori miei”. La influencia de su protectora, Kiri te Kanawa, le generó muchos contactos, y contratos, pero hoy es incapaz de satisfacerlos decentemente.


Véronique Gens fue una Donna Elvira sensacional, una seria razón para extrañar “Mi tradì”. Su presencia serena es muy atractiva y su hermosa voz es de aquellas que se oyen infinitamente mejor en vivo que en una grabación. Estuvo fenomenal en el trio del segundo acto “Ah! taci, ingiusto core” y cuando canta “Sola, sola in buio loco” transmitió el miedo e inocencia, que siempre me han hecho pensar que Elvira es mucho más joven de lo que normalmente piensan los productores de esta mujer abandonada. Alison Hagley cantó muy bien sus dos arias, aunque no mostró algo de esa agresividad sexual que espero de Zerlina. Quien no me dejó impresión fue Margarita de Arellano como Donna Anna, su voz es olvidable, como lo es su comportamiento escénico. Lo de olvidable es cierto, dos días después de la función, alguien me preguntó que quién había sido Donna Anna, y no pude recordarlo, así de olvidable fue.


La orquesta de la ópera bávara tuvo una gran función bajo la experimentada y correcta batuta de Ivor Bolton. Digo correcta pues este director siempre me hace sentir que faltó algo.



Salzburgo – Großes Festspielhaus. Agosto 10


La producción de Martin Kusej de 2002 se repuso este año Mozart. La vi en aquella ocasión y, por ello, esta vez no me sorprendió tanto y pude concentrarme en varios detalles interesantes.


Para abrir boca, me di cuenta que Don Giovanni aparece cantando “Notte e giorno faticar” hasta que Leporello sale semidesnudo de lo que creo es la casa del Commendatore, y al ponerse los pantalones, toma la introducción en “Voglio far il gentiluomo”. Creo que esta libertad es violatoria de las personalidades de Don Giovanni y Leporello, y de la música de Mozart. Sólo refleja el cliché psicoanalítico que atribuye doble personalidad a Don Giovanni. Además, esto subraya la incapacidad de Thomas Hampson de encarnar musicalmente un buen Don Giovanni, pues su registro bajo es bastante defectuoso. Tengo entendido que Hampson se opuso a la idea de Kusej, a quien apoyó el inefable Doktor Harnoncourt, quien dirigió musicalmente la producción en 2002. Otro pecado musical, venial en este caso, es el hecho de que el coro, más nutrido de lo normal, se une a los solistas al cantar “Viva la libertà”, como para subrayar, creo, que la libertad revolucionaria, de la que es parte la libertad sexual, no sólo es para los poderosos, sino para todo el pueblo.


Melanie Diener cantó una excepcionalmente buena Donna Elvira, probablemente la mejor que le visto. Ella fue exactamente lo que espero que sea Donna Elvira, al cantarla con esa fragilidad indispensable del papel que muchas cantantes ignoran. Su ornamentación en la repetición de “Ah, chi mi dice mai” fue bellísima. Por cierto, el resto del reparto, con excepción de Hampson, también ornamentó discretamente sus partes. Isabel Bayrakdarian fue una adorable Zerlina, no la campesina ingenua sino la sexy. Cosechó muchos merecidos aplausos después de sus arias y de “Là ci darem la mano”. La única cantante que no me gustó mucho fue Christine Schäfer como Donna Anna. Ella es una cantante a la que admiro mucho en otros papeles, su voz es muy bella y su habilidad histriónica envidiable. Nunca apareció como la mujer llena de odio y vengativa que es el personaje.


Confieso que no entiendo por qué Thomas Hampson hace el Don Giovanni tan frecuentemente. Es físicamente atractivo y es un estudioso serio de la música, sin embargo no puede cantar la parte convincentemente. Por otra parte, Ildebrando d’Arcangelo, un real basso cantante, cantó un Leporello maravilloso sin caer en bufonerías en ningún momento. Además del detalle inicial de la ópera, Leporello se convierte en un personaje mucho más importante en esta producción, ya que al final de la ópera, acuchilla a Don Giovanni para que éste se ahorre el largo viaje hacia debajo de las escaleras. El cultivado público de Salzburgo interrumpió con un aplauso al terminar la sección rápida del aria del catálogo. Parafraseando a José II, “demasiados smokings Mozart”, o como diría una amiga, “nunca aplaudas en la dominante”. Luca Pisaroni fue un estupendo Masetto. Llegará algún día en el que lo ve cantando Don Giovanni, estoy seguro que lo hará mucho mejor que Hampson. Piotr Beczala fue un viril, elegante y simpático Don Ottavio. Cantó bellamente sus dos arias, especialmente “Il mio tesoro”. Robert Lloyd sustituyó al recientemente retirado Kurt Moll como Il Commendatore. Lloyd es de aquellos Commendatori que cuando los oyes pareces que te toma por el cuello con su poderosa voz; el director escénico no le permitió abandonar el escenario después que Don Giovanni rechazase el perdón que le ofreció, pues tuvo que presenciar el apuñalamiento de Don Giovanni por Leporello, acompañada por un grupo de “Palmersgirls”, también llamadas “Proserpinas Schwestern” –hermanas de Proserpina–. Este es un grupo de jóvenes y atractivas, casi todas, vestidas simplemente en ropa interior. El apodo de Palmersgirls alude al hecho de que Palmers, una empresa austriaca fabricante de lencería femenina, patrocinó parcialmente esta producción. Aparecen varias veces durante la ópera, la primera durante el aria del catálogo, haciendo que este sea tridimensional y “tocable”; en la escena del cementerio vimos un grupo de viejas y feas mujeres, también en ropa interior representando las tumbas y riendo gestualmente cuando el Commendatore acepta la invitación a cenar. Durante el Finale, las Palmersgirls regresan al escenario, ahora en lencería negra, no para participar en el banquete –sin comida ni bebida–, sino para escoltar al Commendatore fuera de escena después del asesinato de Don Giovanni.

Ildebrando d'Arcangelo, Thomas Hampson, Robert Lloyd y Proserpinas Schwestern

Daniel Harding dirigió a la Wiener Philharmoniker con tempi lentos. Los Wiener son capaces de interpretar Don Giovanni con cualquier director, o sin ninguno, o hasta en contra de las exigencias de un director mediocre.  En esta ocasión se escaparon, en complicidad con los cantantes, en los números de conjunto para acercarse a los tempi marcados en la partitura. Realmente no entiendo tanta alharaca por Harding. La función de hoy fue grabada para la edición de un DVD. Quien lo vea en el futuro podrá confirmar, o no, mi opinión a este respecto.


Creo que orquesta, coro y solistas, nos dieron una honesta interpretación de esta ópera inmortal, aunque encontré doloroso hacer frente a una producción tan absurda. Es posible, quizás, que un mejor director y un buen Don Giovanni me ayudasen a evaluar esta producción de una forma diferente a lo que creo es un ofensivo espectáculo de horror.



© Luis Gutiérrez


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