sábado, 3 de febrero de 2018

Reminiscencias del 2006 21


Los conciertos de piano alrededor de Le nozze di Figaro





Los últimos conciertos a los que asistí recordando a Mozart en 2006, fueron ejecutados por el gran pianista húngaro András Schiff como solista, y dirigiendo a su orquesta, la Cappella Andrea Barca. 

Ambos tuvieron lugar en la sala de conciertos con mejor acústica del Lincoln Center de New York, el acogedor Alice Tully Hall.

András Schiff dirigiendo a la Cappella Andrea Barca

Octubre 18

El programa incluyó los conciertos para piano en Mi bemol mayor No.22 K 482 y en La mayor No.23 K 488, y la sinfonía en Do mayor No.36 K 425, conocida como “Linz”.

Es muy interesante asistir a un concierto en el que la misma persona dirige la orquesta e interpreta el piano, y si la persona es András Schiff, la experiencia es maravillosa. Su desempeño como director es tan bueno como cuando toca el piano, y eso es decir mucho. El pianista enfoca su atención en la música, y no en los aspavientos y gesticulaciones como muchos pianistas lo hacen, con sentimiento genuino o fingido.

Una de las características especiales de los conciertos del programa de hoy, y del de uno de mañana, el No.24 en do menor, es que son los únicos tres que incluyen clarinetes de todo el corpus mozartiano de este género, el que le proveyó de pan y mantequilla entre 1781 y 1787. Curiosamente, los dos de hoy, No.22 y No.23, excluyen los oboes.

Es innegable que durante el periodo de composición de estos tres conciertos, coincidente con el de Le nozze di Figaro, Mozart exploraba a fondo las posibilidades del clarinete, que perseguiría implacablemente a Cherubino en sus arias.

La velada inició con el concierto No.22. El tercer movimiento, que anuncia, en palabras de Murray Perahia, la llegada de la alegría de Figaro, incluye a la mitad un andantino cantabile, interpolado por Mozart, que se aleja a una tonalidad extraña en su música, La bemol mayor. Schiff regresó a esta tonalidad durante la cadenza del movimiento, no sobrevive cadenza de Mozart, dejándonos ver algo de mi pieza favorita en La bemol mayor, “En el tuo, nel mio bicchiero” del final de Così fan tutte. Esta cadenza poseyó belleza, a la vez que pagó homenaje a Mozart. He oído este concierto con muchos pianistas, y creo que esta es la más fiel a “las intenciones de Mozart”.

Siguió la sinfonía “Linz”. Me impresiona el hecho de que la corte provincial del Conde Thun contase con timbales y no con flautas. El trio del tercer movimiento fue tocado espléndidamente por las cuerdas, el primer oboe y el primer fagot. Esto me hizo recordar la obertura de Le nozze di Figaro que también incluye un precioso pasaje del fagot, que alcanza una brillantez inusual, como la que hoy le imprimió a la “Linz” uno de los mejores que han existido, el mejor de hoy sin duda, Klaus Thunemann, quien por si solo justifica la formación de la Capella Andrea Barca.

Schiff usó las dos cadenzas que Mozart escribió para el concierto en La mayor que cerró el programa, la tonalidad de seducción en sus óperas. Estas son las únicas que Wolfgang compuso para estos tres conciertos, el 22, 23 y 24, que yo llamo de Figaro. Mozart se reservaba gran parte de la partitura de sus conciertos para piano; estas cadenzas fueron publicadas hasta después de su muerte. Lo mismo hacía con la mano izquierda, escribiendo la guía de la melodía en la derecha. Esto lleva a dos preguntas importantes: ¿qué interpretaba Mozart cuando tocaba sus conciertos?, y, en forma más amplia, ¿qué significa, de veras, una partitura?

Octubre 19

El programa de esta función se estructuró con los conciertos para piano en do menor No.24 K 491, la Sinfonía (sí, con mayúscula) en Do mayor No.41 K 551, apodada “Júpiter”, y el concierto para piano en Do mayor No.25 K 506-

El concierto en do menor revela todo lo que Mozart asociaba con esta tonalidad, me refiero a emociones oscuras y violentas, pero siempre hermosamente dibujadas. En este concierto Mozart da a los alientos un tratamiento de socios iguales al piano. Durante el primer movimiento, que deja prever Die Zauberflöte, Klaus Thunemann volvió a estar impresionante. Las cadenzas, también de Schiff fueron tan bellas como las de concierto en Mi bemol, y se enfocó en las siete variaciones que Mozart elaboró en el allegretto final.

Schiff dirigió la “Júpiter” con un gran interés en buscar sin pedantería, y encontrar, la infinitud de matices que posee esta sinfonía. Jamás intentó un rubato como los que Harnoncourt perpetra continuamente, y debo decir que jamás hizo que el contrapunto final se enlodara con algún aglomeramiento de temas.

Durante la cadenza final del concierto en Do mayor Schiff volvió a rendir homenaje a las óperas de Mozart al cerrar con el tema final de “Non più andrai” de Le nozze di Figaro.

Estos conciertos me hicieron muy feliz. A la fecha los recuerdo con cariño y melancolía. ¿Volveré a oír estos conciertos de piano con la calidad y el amor con el que Schiff los interpretó? Espero que sí.


© Luis Gutiérrez

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