martes, 2 de enero de 2018

Reminiscencias del 2006 8


Mozart 2006 en la Universidad de México.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mi alma máter, no omitió celebrar el 250 cumpleaños de Mozart.

Ascanio in Alba en concierto. Mayo 28

Mozart en 1770

La UNAM nos regaló el estreno mexicano de Ascanio in Alba, aunque en forma de concierto [ver antecedentes y argumento de la ópera en Reminiscencias del 2006 3].

La universidad colaboró con la Orquesta Sinfónica de Minería para cristalizar este proyecto. Aunque la ópera no se escenificó, o probablemente por ello, los organizadores no se vieron cicateros al contratar a muy buenos cantantes, algunos de ellos de fama mundial.

El contratenor Brian Asawa interpretó brillantemente el papel epónimo, haciendo honor a la música que Wolfgang compuso para el primo uomo castrato Giovanni Manzuoli, famoso amigo de la familia Mozart en Londres, donde se cree dio lecciones al niño prodigio de ocho años. Asawa cantó con mucha expresión “Al mio ben mi veggio, avanti”, aria que Mozart escribió explotando el que ciertamente fue el mejor registro de Manzuoli. El aria, sólo con cuerdas, inicia con una melodía digna de sus conciertos de corno y orquesta de muchos años después. Asawa alternó con belleza los segmentos forte y piano, logrando tripletes maravillosos y pasajes de fioriture muy difíciles.

La mezzosoprano india Priti Gandhi, ejecutó una Silvia atractiva pese a haber tenido que aprender el papel en sólo diez días, dado que Jennifer Larmore tuvo que cancelar su actuación por enfermedad.

La soprano canadiense Siphiwe McKenzie cantó el rol de Fauno, papel que muy pocas sopranos ligeras de coloratura se atreven a abordar. El aria “Dal tuo gentil sembiante” es el número más largo, unos 13 minutos, difícil y espectacular de esta festa teatrale. La señorita McKenzie no tuvo problema en alcanzar el Mi bemol sobreagudo ni cantar la espeluznante coloratura. Lo que sí es cierto es que tuvo que usar todos sus recursos artísticos y físicos, prueba de ello es que al agradecer la enorme ovación con la que el público agradeció su demostración, cayó exhausta en su silla. Es sabido que el Fauno original, el secondo uomo castrato Adamo Solzi, no cantó la segunda sección ni el da capo del aria, lo que hace bien merecido el aplauso y un buen descanso.

El tenor americano Charles Reid cantó un sobresaliente Aceste, rol del que es especialista. Su intervención en el terceto final “Ah caro sposo”, con Ascanio y Silvia fue simplemente perfecto. Este terceto permite vislumbrar la maestría con la que Mozart escribiría los números de conjunto de sus óperas de madurez. Este número fue la cereza que adornó este pastel mozartiano.
La soprano lírica Irasema Terrazas, una de las mexicanas que más admiro dentro de su repertorio, fue una espléndida Venus. Es una pena que el rol sea el más corto de la obra ya que siempre es un placer disfrutar su voz y presencia escénica.

El director John DeMain tuvo una actuación de alto nivel al concertar a solistas, el coro Ars Cantorum y la Orquesta Sinfónica de Minería, grupos que también tuvieron una excelente noche.

Estoy convencido que fui testigo del evento operístico del año en la ciudad de México. Espero que la UNAM se sienta orgullosa de estas funciones y que tome el riesgo de presentar obras maestras raramente interpretadas en nuestro país. Y vaya que fue un riesgo presentar una ópera de un compositor de 15 años, inclusive si éste se llama Wolfgang Amadeus Mozart.


Mozart y sus amigos. Mayo 25

El Cuarteto Latinoamericano, formado por tres hermanos y un amigo, fue la columna vertebral de un bello recital en el que se interpretaron tres obras de cámara que Mozart compuso con algunos de sus amigos cercanos en mente.

El programa inició con el cuarteto para violín, viola, violonchelo y oboe en Fa mayor K 370. Mozart compuso esta obra en Múnich a principios de 1781 para el virtuoso del oboe, Friederich Ramm, su amigo de parrandas cinco años antes en Mannheim –al desplazarse el Príncipe elector Carl Theodor de Mannheim a Múnich, llevó consigo la Orquesta de la corte, entonces reconocida como la mejor de Europa–; Ramm adoptó la pieza como su caballito de batalla de ahí en adelante. El oboísta americano Joseph Shalita logró mezclarse su interpretación con las cuerdas, cual organismos en simbiosis en que todos los artistas se unen para obtener un gran resultado.

El segundo número fue el quinteto para violín, dos violas, violonchelo y corno en Mi bemol mayor K 407 compuesto probablemente a fines de 1782 en Viena para su viejo amigo de Salzburgo, el cornista y comerciante de quesos Joseph Leutgeb para quien Mozart también compusiera sus cuatro conciertos para corno y orquesta. El intercambio de uno de los violines usuales por otra viola se debe a que dos violas ayudan a realzar el registro más brillante del corno sin válvulas, como el que existía a fines del siglo XVIII. El cornista Jon Gustely, también americano, se unió a los miembros del Cuarteto Latinoamericano logrando, de nuevo, un sonido propio de un conjunto de cámara.  

Mozart en 1789

La obra que cerró el programa fue una de las obras de cámara más íntimas y bellas que haya compuesto un ser humano, el quinteto para clarinete y cuerdas en La mayor K 581, compuesto el virtuoso del clarinete, y todos los instrumentos de la familia de este instrumento, Anton Stadler, uno de los amigos más íntimos de Mozart, colega masón, y uno de los pocos que le debían dinero al morir. El quinteto se estrenó el 22 de diciembre de 1789 en Viena, como parte de un concierto de beneficio en favor de la Sociedad de Músicos de Viena. Quiero creer que Mozart acompañó a su amigo tocando la viola esa vez. La pieza es una prueba viviente del virtuosismo de Stadler y del amor que Mozart tuvo por el clarinete, como se muestra desde su aparición fundamental en Le nozze di Figaro, y que sería muy importante en todas sus óperas posteriores. Por cierto, el periodo de composición de Figaro coincide con la fecha en la que Stadler tuvo acceso a la posición de primer clarinete en la ópera del Burgtheater imperial. El clarinetista mexicano Luis Humberto Ramos y el Cuarteto Latinoamericano nos regalaron una destacada interpretación de esta pieza maravillosa.

Y se acabó, el concierto pareció mucho más corto de lo que en realidad duró, poco más de una hora. El recinto, la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario, que acomoda a 163 oyentes que oyeron la interpretación de músicos comprometidos con la belleza y profundidad de la música más abstracta de Mozart, algo de lo que escribió para sus amigos y para la posteridad.


Cuartetos para cuerdas. Junio 7 y 8

El Bamberger Streichquartett presentó el 7 de junio, también en la Sala Carlos Chávez, tres de los cuartetos “Haydn”, los Nos.16, 18 y 19 – KK 428, 464 y 465 – y, un día después el No.23 K 590, uno de los “prusianos”, junto con el cuarteto en Sol mayor opus 77 No.1 de Franz Joseph Haydn, y el último cuarteto de Beethoven, en Fa mayor opus 135. No escribí reseña o, si lo hice, no la encuentro.


© Luis Gutiérrez

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