jueves, 25 de enero de 2018

Reminiscencias del 2006 18


Las óperas de Milán



Mozart y su padre iniciaron en diciembre de 1769 el primer viaje italiano de Amadeo y regresarían hasta marzo de 1771. Esos 16 meses fueron de suma importancia para el adolescente de 14 años. Además de la composición y estreno de su primera opera seria, nombre que damos al género hoy día, el viaje dejó muchas experiencias en Mozart. Al pasar por Bolonia por primera vez, conoció al célebre Padre Martini, quien no sólo le dio lecciones de contrapunto y composición, sino que habló maravillas de él, lo que le dio gran prestigio en toda Italia; ahí también conoció a Farinelli, el castrato más famoso de la historia. Aún en el camino que lo llevaría hasta Nápoles, pasó por Roma, donde escribió de memoria el Miserere de Allegri que oyó una sola vez. Durante su segunda visita a Roma, el Papa Clemente XIV le concedió la Orden de Caballero del Toisón de Oro, en tanto que en Bolonia fue admitido en la muy importante Accademia Filarmonica di Bologna.  

Mozart con la Orden del Toisón de Oro

Mitridate, rè di Ponto K 87

La primera escala importante del primer viaje a Italia fue Milán, donde Mozart conoció al Conde Carl Joseph Firmian, Gobernador General de Lombardía. Firmian le regaló las obras completas de Metastasio e influyó para que la corte de Viena le encomendase la serenata Ascanio in Alba, a estrenarse durante las celebraciones de la boda del Archiduque Ferdinando de Austria. Lo más importante fue la comisión de una opera seria que sería la primera ópera de la temporada de Carnaval de 1770. De acuerdo al contrato, Mozart recibiría 100 ducados y gastos de alojamiento del 1º de noviembre de 1770 al Martes de Carnaval de 1771. Mozart recibiría el libreto –aún por determinar– el 27 de julio en Bolonia, debería enviar los recitativos en octubre y llegar el 1º de noviembre para componer las arias al conocer a los cantantes.

La obra escogida fue Mitridate, rè di Ponto y no una de Metastasio como Amadeo esperaba. El libreto fue escrito por Vittorio Amedeo Cigna–Santi, basado en el que Giuseppe Parini escribió para Quirino Gasparini en 1767; a su vez basado en la tragedia de Racine, Mithridate. La obra se estrenó abriendo la temporada de Carnaval del Teatro Regio Ducal de Milán el 26 de diciembre de 1770. La ópera fue un éxito de público y crítica, y fue saludada con exclamaciones de “Viva il Maestrino!”, que aún no cumplía 15 años. Se presentó en 22 ocasiones adicionales, pero desapareció de los escenarios hasta 1971, cuando Leopold Hager lo hizo en el Festival de Salzburgo, celebrando el segundo centenario del estreno de la ópera.

El libreto no tiene relación histórica con Mitridates VII, conocido como Mitridates el Grande por su coraje al batallar con los romanos. En la ópera, Mitridate, tenor, está comprometido con Aspasia, soprano, quien ha sido designada Reina, pues se cree que el Rey murió en batalla. La acción se desarrolla en el puerto macedonio de Nympheum, cuyo gobernador es Arbate, castrato. Ante el anuncio de la muerte del Rey, Sifare y Farnace, ambos castrati, hijos de Mitridate pero de madres distintas, ante el rumor de la desaparición del Rey regresan de las regiones que gobiernan, el primero la Cólquide y el segundo el Ponto. Ambos están enamorados de Aspasia, quien se inclina por Sifare. Pero regresa el Rey con Ismene, soprano, hija del Rey de los partos, y a su vez enamorada de Sifare. Marzio, tenor, y Farnace planean atacar a Mitridate. El Rey sugiere a Ismene que podrá casarse con Sifare, dado que Farnace va a morir; también confronta a Aspasia por su infidelidad y a Farnace por su traición. Farnace acusa a Sifare lo que provoca que los tres acaben encarcelados. Los romanos atacan y habiendo sido excarcelados, los príncipes pelean bravamente y ganan la batalla en la que Mitridate es herido mortalmente, pero antes de morir concede Aspasia a Sifare, quien perdona a Farnace que –convenientemente– se ha enamorado de Ismene.

Salzburgo – Residenzhof. Agosto 28

La producción de Günter Krämer generó polémica, pues para algunos el corte de recitativos impidió entender un “drama con un significado inteligente” en vez de un escenario “modernista y un tratamiento juvenil”. En mi opinión, la acción que presencié estuvo lleno de significado, analizada como el problema arquetípico de sucesión dinástica en tiempos en los que la esperanza de vida era no mayor de 30 años. Encontré más que adecuado el vestuario, diseñado por Falk Bauer, en el que los jóvenes príncipes usaron pantalones cortos y corbatas, y las chicas lucían despampanantes, una en traje sastre y la otra en un vestido cotidiano. Que Mitridate usase un uniforme militar es fiel al libreto. He visto otras producciones en las que el motivo de discusiones profundas ha sido la historia del vestido dado el uso de guardainfantes o miriñaques, o personajes envolviéndose en togas. Estos días es muy difícil que un director de escena no quiera trascender la obra; en esta ocasión, sobre el escenario diseñado por Jürgen Bäckmann, un grupo de mini– Mozarts fue una distracción constante y, si su sentido fue representar a Mozart a los 14 años; esta coreografía pudo haber sido mucha más breve.

Si analizamos el libreto es fácil llegar a la conclusión de que es muy parecido al de una telenovela. El valor real de Mitridate se encuentra en la calidad y dramatismo de la música del Maestrino. Ejemplos de esto son abundantes. El primero es la tonalidad menor de la primera aria de Aspasia, quien se da cuenta que está en serios problemas al saber que el Rey no ha muerto, como ella esperaba. El segundo ejemplo es la cadena que eslabona tres arias en el segundo acto; me refiero a las arias de Sifare, Aspasia y Farnace –Krämer acortó significativamente los recitativos para darnos un magnífico momento musical–. La de Sifare es “Lungi da te, mio bene”, acompañada por un fabuloso corno obbligato, sigue a la de Aspasia “Nel grave tormento” cuya coloratura para soprano sea, probablemente, la más espeluznante compuesta por Mozart, y cierra la cadena “Son reo” de Farnace. Mozart demostraba desde sus casi 15 años que él era el dramaturgo en sus óperas.

Bejun Mehta. Ingela Bohlin, Miah Persson y Netta Or

Miah Persson brilló como Sifare. Cantó “Lungi da me” con tal anhelo y dominio de la dinámica que, sin empujar la voz, logró hacer que desapareciese, casi mágicamente, el ruido de fondo que provocaba la lluvia que caía sobre la lona que cubría el auditorio del patio del Palacio Arzobispal. Desafortunadamente Netta Or, quien personificó a Aspasia no es capaz de cantar staccato y esto es grave ya que en esta aria cada nota debe “clavarse” distintivamente. La comparación con lo que hizo Patricia Petibon con esta aria durante la Gala Mozart, sólo magnificó la incapacidad de la cantante alemana. Por fortuna Bejun Metha hizo que Farnace cantase un “Son reo” de antología. La actuación de este contratenor estuve a la par de la de la Persson. Ingela Bohlin también tuvo una buena función como Ismene, en tanto que Richard Croft, quien personificó el papel epónimo tuvo una noche desigual, pues empezó mal, mejoró y regresó a lo malo. Es posible que el frío y la llovizna, que a veces fue lluvia, influyese en la actuación de Croft. Colin Lee hizo un decente Marzio.

La edición que se estrenó en 2005, y que se volvió a presentar este año, fue preparada por el director Marc Minkowski en colaboración con Günter Krämer y Jory Vinikour.

Minkowski dirigió con gran calidad a su conjunto, Les Musiciens du Louvre de Grenoble. La orquesta ni “tocó”, como se dice en español, ni “performed” como se dice en inglés; lo que hicieron fue “joué” como se dice en francés o, como también se dice en inglés, “played”. Todos quienes se encontraban en el foso orquestal nos dieron una función inolvidable, en la que destacó el cornista Johannes Hinterholzer que imprimió magia con su corno obbligato al aria ‘Lungi da me” de Sifare. Tanto Minkowski y los miembros de Les Musiciens, especialmente Hinterholzer, y Vinikour y Niels Wiebold, quienes desde los clavecines   proporcionaron la propulsión necesaria para el avance rápido de la acción, obtuvieron un prolongado y merecido aplauso al final de la función. Los cantantes también fueron ovacionados; a la que no se aplaudió fue a Netta Or, quien incluso fue abucheada por buena parte del público.

Lucio Silla K 135

Al regresar a Salzburgo y a raíz del éxito de Mitridate, Mozart recibió una nueva comisión para el Teatro Regio Ducal de Milán. El tema de otra opera seria fue Lucius Cornelius Sulla, el líder militar que combatió a Mitrídates el Grande y que sería cónsul y dictador de Roma. La ópera volvería a inaugurar la temporada de Carnaval.

El tema fue elegido por el libretista de la obra, Giovanni de Gamerra – quien hiciera la primera traducción italiana de Die Zauberflöte, en la que dio el nombre de Astrifiammante a la Reina de la Noche– con base en lo que Plutarco escribió sobre Sulla. Mozart, azuzado por su padre, aceptó el honorario de 130 ducados y empezó la composición en cuanto recibió el libreto. La dirección envió el libreto de Gamerra a que lo revisara Metastasio. Éste hizo algunos cambios, mismos que no hicieron mella en el ánimo del compositor, pero que irritaron a su padre.

El último viaje de Mozart a Italia empezó el 24 de octubre de 1772 para llegar a Milán el 11 de noviembre. El período de ensayos fue esta vez menos placentero en esta ocasión, lo que fue motivado por una mayor resistencia de los cantantes a actuar bajo las instrucciones de un adolescente. La ópera se estrenó el 26 de diciembre de 1772, de nuevo con gran éxito pues se repitió 26 veces, llegando a hacer que la dirección del Teatro pospusiese la siguiente ópera, Sismano nel Mongol, de Paisiello. Como Mitridate, y la gran mayoría de las opere serie, Lucio Silla, nombre final de la ópera, desapareció de los escenarios operísticos. La ópera se volvió a presentar en 1929 en Praga.

La acción se desarrolla en Roma. Giunia, soprano, quien ama al senador Cecilio, castrato, senador proscrito, rechaza los avances del impopular Lucio Silla, tenor. Cinna, soprano, es un patricio romano amigo de Cecilio, y que trama con éste, quien regresó secretamente, y con Giunia, asesinar a Silla, pero el complot fracasa. Silla proclama públicamente que se casará con Giunia, quien a su vez revela el plan del dictador para asesinar a Cecilio. Ante esto, Silla decide perdonar a todos, lo que permita que Giunia y Cecilio se unan, como lo hacen Celia y Cinna. Silla renuncia a la dictadura.

Salzburgo – Felsenreitschule. Agosto 28

La producción de Jürgen Flimm muestra al corrupto tirano de una sociedad en decadencia. La escenografía, diseñada por Christian Bussmann representa vagamente una escena romana en la que muchas personas se mueven distrayendo la atención de la ópera. El vestuario diseñado por Birgit Hutter se parece al del siglo XVIII, aunque no muy elaborado.

Annick Massis como Giunia, y Monica Bacelli como Cecilio estuvieron formidables al atacar, literalmente, los pasajes de coloratura que Mozart compuso para Anna de Amicis y el castrato Venanzio Rauzzini, para quien compusiera el célebre motete “Exsultate, jubílate” K 165. Giunia canta, o debería cantar el recitativo acompañado y aria “In un istante oh come… Parto, m’affreto” al final del segundo acto. En aras del flujo de la acción, se cortó el aria. La decisión es buena dramáticamente, pero musicalmente fue una pena. Ya en Viena, Mozart reservaba este número y el otro recitativo acompañado y aria “Vanne, t’affreta… Ah se il crudel periglio” para lucir las habilidades vocales de su cuñada Aloisia. Massis cantó tan bien esta aria que hizo que yo sintiera más fuerte el corte de la primera. La francesa mostró un estilo perfecto para cantar la música de Mozart.

Monica Bacelli y Annick Massis

Monica Bacelli hizo un gran Cecilio. Cantó espléndidamente la pieza de esta ópera que todas las mezzosopranos incluyen en sus grabaciones, es decir “Il tenero momento”. Brilló, sin opacar a la Massis, durante el dueto que finaliza el primer acto “D’Eliso in sen m’attendi”. Este dueto iniciaría la cadena de duetos de seducción o amor y que terminaría con el de Annio y Servilia en La clemenza di Tito, todos ellos en La mayor.

Verónica Cangemi cantó una buena Cinna, en tanto que Julia Kleiter cantó la parte de Celia con dulzura y buen gusto.

Roberto Saccà cantó el papel epónimo, que no es el principal de la ópera. Lo hizo arriba del promedio de lo que lo hacen día los tenores que abordan papeles de las óperas italianas de Mozart. El tenor Stefano Ferrari estuvo decente en el pequeño papel de Aufidio. Flimm tuvo un toque de dirección muy discutido al hacer que Silla intentase violar a Giunia en el tercer acto; en cambio, se mostró magistral al hacer que Cinna forzara a Silla a perdonar a Giunia y a Cecilio, en lugar de presentar la decisión del tirano sin motivación alguna.

El joven checo Tomáš Netopil dirigió brillantemente a los solistas y a la Orquesta y Coro del Teatro La Fenice de Venecia.


© Luis Gutiérrez


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