viernes, 19 de enero de 2018

Reminiscencias del 2006 16





La composición de Die Entführung aus dem Serail (El rapto del serrallo) K 384 se encuentra enmarcada por dos eventos cruciales en la vida de Mozart: la ruptura con su “amo”, el Príncipe Arzobispo Colloredo, culminada con una patada en el trasero propinada por el Conde Arco, y su matrimonio con Constanze Weber, lo que sería causa de la ruptura del cordón umbilical que lo unía a su padre.

Constanze Mozart en 1782

Por fortuna sabemos bastante de la composición de esta ópera, pues sobreviven muchas de las cartas de Mozart a su padre en las que da cuenta del avance en ello. El contar con estas cartas nos da la oportunidad, pocas veces posible, de saber cuáles eran las intenciones del compositor.

El 30 de julio de 1781 Johann Gottlieb Stepahnie el joven propuso a Mozart la composición de una ópera con un tema turco. El libreto de lo que sería Die Entführung aus dem Serail se basó en la obra de Christoph Friederich Bretzner Belmonte und Konstanze (1780). Mozart decidió escribir la obertura, el coro del primer acto y el coro final al estilo de la música turca.

El tema del serrallo había sido tratado muchas veces en el siglo XVIII. Ejemplos de esto son Grab des Mufti de Hiller (1777), Bassa von Tunis de Holly (1777) Kaufmann von Smyrna de Vogler (1771) y, el más notable, La rencontre imprévu de Gluck (1764).

La ópera, un singspiel en tres actos, debería estar lista para septiembre, cuando el Gran Duque de Rusia visitaría Viena. Por ello, Mozart se puso a trabajar de inmediato pues conocía a quienes a los miembros de la compañía alemana del Hoftheater. El 22 de agosto ya había terminado el primer acto.

La visita del Gran Duque se pospuso hasta octubre y el Emperador, a instancias del administrador del teatro, Conde Rosemberg–Orsini, decidió que se presentaran dos óperas de Gluck, Iphigénie en Tauride (en alemán) y Alceste, en esa oportunidad, posponiendo la de Mozart indefinidamente.

Cando ya no existía la urgencia del estreno, Mozart escribió el 13 de octubre a su padre la que considero su carta más importante en lo referente a su concepción de la ópera en general, lo que transcribo a continuación: “... debo decir que en ópera, la poesía [el texto] debe ser la obediente hija de la música. ¿Por qué las óperas cómicas italianas agradan en todos los lugares –pese a sus miserables libretos– aún en París donde yo mismo atestigüé su éxito? Sólo porque en ellas la música reina suprema y cuando uno la escucha todo lo demás se olvida. Porque la ópera tiene un éxito asegurado cuando el argumento es bien trabajado, las palabras escritas solamente para la música y no forzadas aquí o allá para forzar una miserable rima –quiero decir palabras o versos enteros que arruinan toda la idea del compositor. Los versos son en efecto el elemento más indispensable de la música– pero las rimas –solo por ellas– son lo más dañino...”

Mozart terminó la composición el 29 de mayo de 1782, los ensayos iniciaron el 6 de junio y el estreno se realizó el 16 de julio de 1782 en el Hoftheater de Viena. Al final de la temporada 1782–1783, el éxito de Die Entführung aus dem Serail fue absoluto en Viena, como lo demuestra el hecho de haberse presentado en quince ocasiones, más del doble que cualquier otra ópera presentada en dicha temporada. Sólo Die Zauberflöte superaría el éxito de Die Entführung aus dem Serail en vida de Mozart.

Salzburgo – Haus für Mozart. Agosto 8

La violación del rapto en el harén.

Un director de escena y su equipo, no son dignos de que consigne sus nombres en este reporte, realizaron lo que dicen fue una “deconstrucción” de Die Entführung aus dem Serail. El crimen se estrenó en 2003, se modificó en 2004, y volvió a ser modificada este año. Fui testigo de una función en cada una de esas ocasiones y los cambios sólo hicieron más grotesca la carnicería de una ópera.

Valentina Farcas y Franz Hawlata 

Esta deconstrucción convirtió la ópera en una fábula o parábola esquizofrénica sin sentido, al menos para mí. El concepto esquizofrenia no lo elegí sin razón; los carniceros cambiaron el argumento y el texto del diálogo llano, vulgares en muchas ocasiones, conservando la música de Mozart, afortunadamente dejando el texto cantando intacto.

El principal atentado contra la integridad de la ópera fue la eliminación de Bassa Selim, logrando desnaturalizar el principal tema de la obra: el perdón. Al desaparecer este personaje, que sólo dice diálogos llenos, que está loco de amor y lujuria por Konstanze, incluso amenazándola con torturarla, muchos de los números musicales carecen de sentido.

Los destazadores agregaron dos personajes, un niño y una niña que aparecían de cuando en cuando para decir una o dos frases sin sentido –la primera vez que salieron a escena pensé, por favor no más perversiones, esto puede dar una idea del nuevo argumento y sus diálogos–, y los cuatro solistas del primer coro – no escribo del primer acto pues el nuevo concepto redujo los actos de tres a dos – estaban vestidos como obispos en negro los hombres y las mujeres como acólitos. 

Escna final

¡Basta!, pasemos a lo musical.

Laura Aikin tuvo algunos problemas al cantar “Ach ich liebte”, pero demostró tener una “garganta flexible y ágil” – como dijera Mozart de Catarina Cavalieri, la primera Konstanze – en “Martern aller arten” (Me espera cualquier clase de tortura). El tenor americano Charles Castronovo, sustituyendo a Christopher Strehl, no fue vocalmente un muy buen Belmonte, saliendo del paso sin pena ni gloria. Valentina Farcas fue una Blonde promedio –es una pena no presentar una gran Blonde en este Festival. Dietmar Kerschbaum repitió el rol de Pedrillo; fue el personaje que estuvo más tiempo sobre el escenario, pues tuvo la parte del león de los “nuevos diálogos” inventados por el carnicero en jefe. Franz Hawlata, una encarnación del diablo en el “nuevo serrallo”, fue sometido, irónicamente, con los hechos más esquizofrénicos; cuenta con el Re profundo y tiene una voz hermosa, pero no es comparable con los grandes bajos que han personificado a Osmin. Es posible que la esquizofrenia de los “creadores” lo haya afectado negativamente.

Ivor Bolton dirigió estupendamente a la Mozarteum Orchester Salzburg y la Konzertvereinigung Wiener Staatsopernchor, que fueron lo mejor de la noche.

Espero que esto haya sido lo peor de este Festival [por desgracia no fue así, ver el capítulo 13 de estas reminiscencias].


Ciudad de México – Palacio de las Bellas Artes. Mayo 23

Considero que las óperas maduras de Mozart son parte del repertorio fundamental de cualquier compañía de ópera respetable. La Compañía de Ópera de Bellas Artes estuvo muy cerca de perder la respetabilidad, dado que no había presentado una ópera desde marzo de 2000. El 250º aniversario de Mozart que vivimos ha sido de dieta casi total en el INBA. Por otro lado, reconozco la elección imaginativa de la Dirección de la CON al haber elegido Die Entführung aus dem Serail, ópera que regresaba al Palacio de mármol después de 60 años.

El diálogo llano del singspiel se dijo en español. Creo que en el caso de este género es recomendable, y usual, emplear el idioma vernáculo pues muy pocos entienden el alemán –algunos tampoco el español–; a su vez, esto permite el uso de algunas frases idiomáticas que le dan gracia local a la obra sin atentar contra ella.

La producción de importó de Italia. Massimo Gasparon la puso en escena y diseñó escenografía y vestuario. Puede decirse que se trató de una producción tradicional, en el sentido de que fue del corte de las que se veían hace 25 años en cualquier casa de ópera de buen nivel.

El concepto dramático se concentró en el aspecto cómico, dejando de lado el estudio de las relaciones de amor, y de lujuria, entre los seis personajes de la obra. La escenografía de Gasparon representa un palacio turco con un jardín al frente durante el primer y el tercer actos, y sólo un laberinto en el segundo. El vestuario fue elegante y elaborado, comparado con el estándar de la CON.

El joven tenor mexicano Javier Camarena hizo un excelente Belmonte. Tiene una bella voz y su entonación es cercana a la perfección absoluta. Creo que será un gran exponente del bel canto en un futuro cercano [Hoy sabemos que no me equivoqué en mi apreciación]. Lo más hermoso de su actuación fue la ternura con que interpretó la parte de Belmonte.

Olivia Gorra, quien debuto en el MET cantando Liù, y que hace cuatro días sustituyó a Ruth Ann Swenson durante el segundo acto de L’elisir d’amore, fue Konstanze. Su registro medio es hermoso, aunque un poco reducido; sus notas bajas son prácticamente inaudibles y sus agudos son un tano estridentes. Mozart componía los papeles para los cantantes de los que disponía, por lo que pienso que si Olivia Gorra hubiese sido la designada para estrenar el papel de Konstanze, nunca hubiese escrito el aria “Martern aller arten”. En suma, esta soprano no es una cantante de papeles mozartianos.

El bajo ruso Mikhail Svetlov ha cantado muchas veces en Bellas Artes y es muy admirado por un sector del público. Logró el mayor aplauso de la noche al cantar, con José Guadalupe Flores como Pedrillo, el dueto “Vivat Bacchus! Bacchus lebe”, que Mozart compuso “para los señores vieneses”, con quienes muchos mexicanos se identifican bien por ser buenos bebedores, o por tener nostalgia por Maximiliano, o por lo menos porque el penacho de Moctezuma aún sigue en Viena. Sin embargo, el bajo no demostró buen manejo de la coloratura que exige el papel y no logró llegar al Re profundo que pide el aria “O wie will ich triumphieren”.

José Guadalupe Reyes hizo un decente Pedrillo, aún considerando que, de acuerdo a su costumbre, olvidó parte del texto, quizás por estar subiendo la escalera para rescatar a Blonde.


Rebeca Olvera fue Blonde. Me hizo recordar a Reri Grist tanto por su estilo al cantar el papel, como por su labor actoral. Ella y Javier Camarena hicieron su debut en Bellas Artes cantando La Fille du Régiment hace menos de dos años. El crecimiento artístico que ha demostrado desde su debut es impresionante. Hoy día es una estupenda soprano lírico ligera de coloratura y todo una “animal de la escena”. Cantó muy bien sus dos arias, pese a haberse enredado en el laberinto durante el segundo acto, y se “comió” a Osmin en su dueto “Ich gehe doch, rate ich dir”.

Sergio Bustamante, primer actor de la escena mexicana actuó un magnífico Bajá Selim.

Lucy Arner, directora asistente del MET, dirigió la ópera. Su dirección fue más bien tibia. La actuación de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes fue terrible, casi miserable. Las entradas fueron muy disparejas, los violines sonaron horrible; lo que se oyó del cuarteto de flauta, oboe, violín y violonchelo, que es parte muy importante de “Martern aller arten” fue indigno de un conjunto escolar. En cambio, el Coro del Teatro de Bellas Artes tuvo sorpresivamente una actuación soberbia.


© Luis Gutiérrez

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