miércoles, 17 de enero de 2018

Reminiscencias del 2006 15


Una rareza y un oratorio en dos conciertos

La edición de Idomeneo realizada por Richard Strauss

Richard Strauss

La ópera seria del siglo XVIII cayó en desuso en el Romanticismo y fue eliminada prácticamente del repertorio. Esta fue la razón de la desaparición de Idomeneo de los escenarios durante más de cien años. Clemens Kraus, director de orquesta protegido de Richard Strauss, y Lothar Wallerstein productor, que estaban ligados a la Ópera de Viena, instigaron a Richard para que resucitara la ópera para celebrar el 150º aniversario de su estreno.

Wallerstein se dedicó a traducir el libreto de Varesco al alemán, optando por un poema en prosa en vez de versificado y eliminando la división en números, dividiendo la ópera meramente en actos y escenas. El cambio más importante del argumento es la sustitución de Elettra por Ismene, sacerdotisa de Poseidón. Es claro que a Strauss le bastaba una sola Elektra en su obra. Quizá el texto de Elettra en el cuarteto del tercer acto, “Quando vendetta avrò?”, lo hizo pensar que esta Elettra se acercaba mucho a su Elektra. En lugar de ser rival de Ilia por el amor de Idamante, creó una sacerdotisa celosa de la pureza de la sangre de su pueblo tratando de evitar la unión del futuro rey de Creta con una esclava troyana. Julian Rushton dice que Ismene no es otra que un Goebbels en crinolina.

Strauss incluyó las modificaciones que Mozart hizo a la ópera en 1784. A su vez, eliminó el aria de Elettra en el segundo acto, “Idol mio, si ritroso altro amante”, por razones obvias y el aria de Idamante “No, la norte” y la de Idomeneo “Torna la pace” en el tercer acto. Idamante se asignó a una soprano que cantó el rondò –de 1784–  “Non più ascoltai…Non temer, amato bene” K 490 en el primer acto, sustituyendo su primer aria “Non ho colpa”. Arbace se convirtió en barítono perdiendo sus dos arias como sucede en muchas producciones, y el Sumo Sacerdote se asignó a un bajo.

Muchos de los recitativos eliminaron, otros se orquestaron con música de Mozart y otros con nueva música de Strauss.

El “nuevo” Idomeneo se estrenó en Viena el 16 de abril de 1931. La reacción del público fue buena, pero la crítica la rechazó sin tapujos. El comentario que ilustra mejor el pensamiento fue el de Alfred Einstein: al calificar esta obra como “un obsceno acto de mutilación.” La última vez que se produjo esta versión sobre un escenario fue en 1941.

Salzburgo – Felsenreitschule. Agosto 18

El Festival decidió presentar esta obra en forma de concierto. Robert Gambill cantó el papel de Idomeneo, Britta Stallmeister el de Ilia, Christoph Pohl el de Arbaces, Iris Vermillion fue Idamantes, Camila Nylund, Ismene, Jacques–Greg Belobo, el Oberpriester y Rainer Büsching, la Stimme des Orakels.

Me impresionaron Robert Gambill, Camila Nylund y, especialmente, Iris Vermillion.
Percibí que durante los dos primeros actos la mano de Strauss fue ligera, pero Idomeneo se convirtió musicalmente en prima hermana Die Frau ohne Schatten.

Fabio Luisi dirigió brillantemente al Coro de la Ópera de Dresde y a la Staatskapelle Dresden, conjuntos que tuvieron una destacada interpretación. La Staatskapelle es, probablemente, la orquesta más antigua del mundo, pues ha actuado ininterrumpidamente desde 1548.

Creo que fue una muy buena experiencia el haber escuchado esta obra, aunque ha habido quienes dijeron que se trata de “Mozart con crema batida”.

La Betulia liberata

En su regreso a casa después del primer viaje italiano, los Mozart hicieron escala en Padua, donde Mozart tocó dos conciertos en casas particulares y recibió la comisión de Don Giuseppe Ximenes, Príncipe de Aragón, para la composición de un oratorio italiano. Wolfgang escogió La Betulia liberata K118, cuyo texto en dos partes había sido escrito por Metastasio. Se sabe que Mozart finalizó la composición durante el verano de 1771, pero no se cuenta con evidencia firme de que se haya interpretado en su vida. El argumento del oratorio es una adaptación del apócrifo Libro de Judith.

Judith y Holofernes por Caravaggio

Salzburgo – Felsenreitschule. Agosto 18

Esta fue mi primera aproximación en vivo a esta obra, y la encontré fascinante. El oratorio usa las convenciones de la opera seria la mayor parte del tiempo, pero también nos muestra música plena de introspección espiritual.

El papel principal, Giuditta, retrata a una heroína desde cualquier punto de vista, Su música es la más original y espiritual, aún si considero que sus recitativos son un tanto duros. Tiene dos arias en la primera parte y una en la segunda, además participa en el grandioso final del oratorio manteniendo una conversación con el coro. La contralto serbia Marijana Miljanovic interpretó una Giuditta impresionante. Expresa el carácter de la heroína con su canto, su porte y, muy especialmente, su mirada. Esta fue la primera vez que la vi en vivo, espero verla en el futuro en una ópera pues si provocó esta sensación en un concierto, en una ópera debe ser apabullante [tuve la surte de verla años después en el papel protagónico de Orlando de Händel, confirmé mis pensamientos]. Su registro inferior es absolutamente nuevo para mí y el color de su voz es realmente oscuro- Creo que si cantase el Orfeo de Gluck, su particella tendría que transponerse medio tono abajo, al menos.

El bajo Franz–Josef Selig cantó el papel del cautivo Achior, jefe de los amonitas y aliado de Holofernes. El volumen de su voz es impresionante y su me gustó mucho su timbre. Selig es un bajo de la vieja durante su aria de ira “Terribile d’aspetto” manejó una coloratura muy complicada.

El tenor Jeremy Ovenden sustituyó de último momento a Rainer Trost como Ozia, el jefe en Betulia. Como Achior, también canta una convencional aria di bravura, “D’ogni colpa la colpa maggiore”. Lo hizo muy bien pese a no haber ensayado propiamente la parte. Su gran atributo es una dicción perfecta.

Amital es una noble israelita que se opone al llamado a la batalla de Ozia proponiendo a cambio una rendición negociada. Julia Kleiter volvió a mostrar sus atributos vocales al ejecutar sus difíciles arias con precisión y sin sacrificar su agilidad. Cada día que veo a esta cantante me sorprende pues creo que un clon de Barbara Bonney, quien estaba anunciada originalmente para Amital.

Irene Bespalovaite gozó, e hizo gozar al público, el papel pequeño de Cabri, y Jennifer Johnston cantó dignamente el de Carmi.

Christoph Poppen dirigió brillantemente a la Münchener Kammerorchester, conjunto pequeño que usa instrumentos modernos, y a la Konzetvereinigung Wiener Staatsopernchor (Sociedad de Conciertos del Coro de la Ópera de Viena) que tuvo una gran actuación en este oratorio en el que la presencia del coro es muy relevante. El programa no consigna los nombres de los artistas, pero el continuo fue una de las joyas de una noche muy feliz.

No tenía grandes expectativas por este oratorio, la única obra escénica de las 22 de Mozart que presentó el Festival. No solamente gocé de algo inesperado, también fue muy importante para eliminar las toxinas que Zaide–Adama me provocó ayer.


© Luis Gutiérrez

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