jueves, 11 de enero de 2018

Reminiscencias del 2006 12


Nostalgia

Reúno en este apartado dos conciertos cuyos intérpretes marcaron los inicios de mi vida como melómano y operávoro.

I Musici

Nueva York – Alice Tully Hall. Febrero 26

I Musici

Hoy día no faltará quien diga que es pecado no interpretar a los barrocos italianos, a Vivaldi en particular, y especialmente Las cuatro estaciones con un estilo que no sea HIP. La verdad es que aprecio cualquier estilo de interpretación, HIP o no, en tanto que los artistas no sólo reproduzcan la partitura, sino que transmitan las intenciones de los compositores haciéndolo con calidad. Creo que hoy muchísima gente conoce Las cuatro estaciones gracias a I Musici. De hecho, yo sólo he oído este ciclo de conciertos una vez en el teatro y fue con I Musici en 1970 o 1971, cuando fui con mi novia Adriana, hoy mi esposa, al Palacio de Bellas Artes. Fue un concierto del que me acuerdo con nostalgia por lo hermoso y por la belleza que irradiaba Adriana, que sigue impactándome cada día.

El primer número fue la Serenata para dos violines, viola y contrabajo solistas, cuerdas y timbales en Re mayor K 239, Serenata notturna. Esta pequeña pieza, compuesta en enero de 1776, es una de las joyitas que todos decimos conocer, pero que descubrimos al oírla en vivo por primera vez. El aperitivo perfecto para una cena ligera.

A continuación oímos el Concierto para piano y orquesta en Mi bemol mayor, No.14 K 449. Esta obra, conocida como el “primer Barbara Ployer” por haber sido compuesto para esta virtuosa amateur fue compuesta en enero de 1784 –meses después compondría el segundo para la misma pianista–. También puede interpretarse sin los alientos, y fue así como se hizo hoy. Mozart incluyó esta pieza en el primero de los conciertos de suscripción que le dieron fama de gran pianista y más dinero del que nunca volvería a tener. Fue la primera obra que Mozart registró en su catálogo personal (Verzeichnüss). La orquestación incluye pares de oboes y cornos, un fagot ad libitum, y cuerdas. Mozart escribió que esta pieza fue “compuesta más para una pequeña orquesta que para una grande y puede interpretarse a quattro sin alientos” pues la compuso para tocarse en la residencia de la familia Ployer. En esta ocasión, Stephen Hough e I Musici interpretaron el concierto sólo con el cuarteto de cuerdas. La interpretación de Hough fue buena, aunque el compromiso con la música de Mozart por parte del cuarteto fue notoriamente mayor.

Después de una breve pausa, I Musici interpretaron con aplomo el Divertimento para cuerdas en Re mayor K 136, compuesto en 1772, y en el que Mozart muestra ya cierto dominio del estilo gallant y de la música de danza en el andante.

El concierto cerró con una extraordinaria interpretación de la Serenata para cuerdas en Sol mayor, K 525 Eine kleine nachtmusik, probablemente la obra más popular de Mozart, y que, por ello, pocas veces escuchamos realmente con atención. Al menos un pedante como yo. La Serenata es pequeña en muchos sentidos, excepto en valor artístico.

Este concierto fue una receta de salud mental en una tarde muy fría en Nueva York, y una magnifica oportunidad de escuchar en vivo algunas de las composiciones populares de Mozart con un nivel altísimo de calidad artística.



Colin Davis, Soile Isokoski, Mitsuko Uchida y la New York Philharmonic

Nueva York – Avery Fisher Hall. Mayo 5

Le debo a Sir Colin Davis el haberme convencido, vía grabaciones discográficas, del valor de las óperas serias de Mozart. Aún conservo su primera grabación de Idomeneo y la de La clemenza di Tito, por supuesto no HIP.

Sir Colin Davis

El concierto inició con la obertura de La clemenza di Tito K 621 dirigida magistralmente por el Maestro Davis y ejecutada brillantemente por la Filarmónica de Nueva York, especialmente por la sección de alientos.

Siguió el Recitativo y rondò para soprano, piano obbligato y orquesta “Ch’io mi scordi di te…Non temer amato bene” K 505 compuesto por Mozart para el concierto de despedida de Viena de Nancy Storace –la creadora de Susanna– el 23 de febrero de 1787. Por supuesto, Mozart tocó el piano ese día.

La estupenda soprano finlandesa Soile Isokoski cantó la pieza con algunas dificultades, pues la tesitura de la pieza se ubica en la zona inferior del rango de una soprano. Esto me hace pensar que Nancy Storace, era una mezzosoprano en el sentido que entendemos hoy; recordemos que la clasificación de las voces femeninas en época de Mozart se limitaba a soprano y alto. Por esto, todos los papeles de sus comedias femeninas estaban marcados para soprano. Es común que muchas Susannas, normalmente sopranos lírico–ligeras, tengan algo de dificultad para alcanzar el La bajo el pentagrama que existe en “Deh vieni non tardar”. Mitsuko Uchida acompañó a la soprano cediéndole todo el brillo de .la pieza, pero manteniendo siempre el legato que hace de esta aria algo delicioso.

La joya de la sesión fue la interpretación que Mitsuko Uchida hizo del Concierto para piano y orquesta en Re mayor No.26 K 537, llamado “Coronación”. La Maestra Uchida tocó el concierto, “played it”, jugando con delicadeza, precisión y, sobre todo, alegría auténtica; esa clase de alegría que no se transmite con aspavientos sino con expresiones faciales coherentes con las frases musicales; esa clase de alegría que contagia al público. En mi muy humilde opinión este es uno de los grandes conciertos de la literatura pianística de Mozart, y de cualquier otro compositor. Al escribir estas impresiones no puedo elucidar la razón de que el tema principal del segundo movimiento sea mi más antiguo recuerdo musical, quizás de cuando tenía cinco o seis años. Fue tal la interpretación de Mitsuko que pensaba que, si me distraía de la música un segundo, podría romper algo cuya estructura es simplemente bella y perfecta.

Después del intermedio tuvimos música de Jean Sibelius. Soile Isokoski cantó el poema tonal Lunnotar, obra cercana musicalmente a la fantasía sinfónica Pohjolan tytär (La hija de Pohjola). Nunca había oído esta bellísima pieza, pero puedo decir que la voz de la soprano brilló intensamente en ella. La gran Sinfonía No.3 en Do mayor fue el último número del concierto. Colin Davis y la Filarmónica de Nueva York tuvieron una gran interpretación de las dos obras de Sibelius.


© Luis Gutiérrez

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