lunes, 1 de enero de 2018

Reminiscencias del 2006 6


Vanidades e introspección.

Gala Mozart. Julio 30

No soy aficionado a las llamadas Galas. La razón de mi rechazo a este tipo de espectáculo es el desmembramiento de muchas óperas en fragmentos que, si son bien interpretados, me dejan una sensación de “coitus interruptus”, y esto es frustrante, y agotador, cuando se tiene una cadena de grandes artistas cantando muy bien arias bellísimas de óperas de Mozart.

Daniel Harding dirigió a la Wiener Philharmoniker. La Gala inició con la obertura de Don Giovanni en la versión de concierto compuesta por el propio Mozart. Esta es la versión que oímos cuando la pieza se toca independientemente de la ópera. La diferencia con la original es que termina en Re mayor en lugar de modular al Fa mayor que sirve como puente entre la obertura y “Notte e giorno faticar”.

René Pape cantó “Madamina, il catalogo e questo” y confirmó que el bajo alemán no es mi Leporello favorito, Pape es demasiado alemán para un personaje característico de la commedia dell’arte. A continuación, Michael Schade cantó “Della sua pace”. Aunque lo hizo con cierta elegancia, me pareció un Ottavio más blando de lo necesario.

Patricia Petibon

Las cosas iniciaban a ponerse aburridas cuando apareció Patricia Petibon cantando el aria de Aspasia “Nel grave tormento”, de Mitridate, rè di Ponto. Lo hizo estupendamente despertando al público con una exhibición de pirotecnia sencillamente perfecta. El aria se canta legato en los segmentos lentos y staccato en los rápidos. Todo fue notable, pero la forma en que clavó cada nota del staccato hizo que el tiempo pasado en la Gala fuera valioso. Por desgracia, la Petibon no cantó en ninguna de las óperas durante este Festival.

Si Schade demostró no ser un gran Ottavio, destacó al cantar con seguridad y aplomo la difícil aria de Tito “Se all’impero, amici Dei”. Quienes cantan Tito, normalmente cantan Ottavio, pues el creador de ambos papeles fue Antoni Baglioni, quien como se sabe no cantó “Dalla sua pace”.

La cantante más aplaudida de la sesión fue Magdalena Kožená quien cantó un maravilloso “Parto, ma tu ben mio” de Sesto en La clemenza di Tito; el acompañamiento del clarinete bajo ayudó a dar brillantez al número.

Thomas Hampson cantó el aria “Rivolgete a lui lo sguardo” K 584, originalmente compuesta para Così fan tutte. Es un aria muy bella que oí por primera vez en vivo, aunque hay que decir que el bajo estadounidense la hizo percibir aburrida.

La segunda parte de la Gala se dedicó principalmente a Idomeneo. Después del intermedio, los Wiener realizaron una interpretación sublime de la obertura de la obra mencionada.

La soprano rusa Ekaterina Siurina interpretó tiernamente el aria de Ilia “Se il padre perdei”, a continuación se unió la Kožená como Idamante para interpretar el dueto “S’io non moro a questi accenti”.

El último número vocal correspondió a la consentida del Festival, Anna Netrebko, quien cantó histéricamente, pero con mucha verdad dramática, el aria final de Elettra, “D’Oreste, d’Aiace”. Aunque fue una buena demostración, no creo que la diva aborde el papel en el futuro, bien porque no le interese o porque las casas de ópera prefieran a otra cantante.

Anna Netrebko como Elettra en la Gala Mozart 2006


El concierto terminó con una gran interpretación de la Sinfonía No.38 “Praga”. En mi opinión, los Wiener habían tocado la sinfonía de la misma forma si no hubiese estado Harding en el podio.

Al terminar la Gala sentí un cansancio extremo, pues hubo abundantes coitus interruptus causados por tanto talento que se reunió hoy para conmemorar el nacimiento de uno de los grandes compositores que ha existido.



Wiener Hofmusikkapelle. Agosto 6.



El polo opuesto a la Gala mencionada arriba fue un concierto, casi místico, en el que se interpretaron obras sacras “menores” de Mozart. Defino como menores aquellas de corta duración, bien por sus características, como puede ser una antífona o una parte de una misa, o bien por instrucciones de Colloredo quien ordenó que las misas, aún las solemnes, o las vísperas fuesen cortas en su duración; aunque la calidad de las obras destaque entre las del género sacro.

En el concierto Riccardo Muti dirigió a la Wiener Hofmusikkapelle (la orquesta de la capilla imperial) reforzada con miembros de la Wiener Philharmoniker, los Niños Cantores de Viena, los hombres de la Sociedad de Conciertos del Coro de la Ópera de Viena, el organista Alfred Halbartschlager y cuatro solistas de calidad excepcional; Julia Kleiter, Elīna Garanča, Paul Groves y René Pape.

El concierto inició con el Kyrie en re menor K 341. Como sus obras incompletas, la Gran Missa y el Requiem, Mozart emplea una tonalidad menor en esta obra, la inicial de una misa, compuesta durante su estancia en Múnich cuando se dedicaba a Idomeneo, probablemente para impresionar al elector Carl Theodor y obtener así un puesto en su servicio musical. El puesto no se dio y Mozart no completó la música. En el siglo XVIII los músicos aún componían para el aquí y ahora, no para la posteridad. El coro realizó un estupendo trabajo y nunca fue opacado por la orquesta, la más grande que empleó en su música sacra.

El ancla del concierto fueron las Vesperae solennes de Confessore K 339, obra en la que los cuatro solistas brillaron. En especial la joven soprano alemana Julia Kleiter cuyos vuelos de coloratura brillaron en el salmo “Confiteor tibi”, pieza de la que Alfred Einstein decía que ningún mozartiano de verdad puede desconocer y que durante el salmo “Laudate Dominum” se oyó dulcemente con una voz cuyo timbre es reminiscente de la de Barbara Bonney en su plenitud y aún de la de Lucia Popp. ¿Será la responsable del relevo de generaciones de la soprano lírica mozartiana? No lo sé, pero además del talento musical tiene la presencia física que le permita hacerlo.

Julia Kleiter

En la segunda parte del concierto se interpretó la Missa solemnis en Do mayor K 337 que, no obstante ser solemne, tiene una duración de unos 23 minutos, tal como lo ordenaba el Arzobispo. Siguió la única obra religiosa completa de Mozart después de haber llegado a Viena, el motete Ave verum corpus K 618, para finalizar con el Te Deum in Do mayor K 141, compuesto cuando Mozart tenía 12 años. Durante mucho tiempo se atributó esta obra a Michael Haydn, hasta que recientemente se encontró la partitura autógrafa que despeja cualquier duda con respecto a su autoría.

La función me permitió vivir estas obras al menos por una vez en mi existencia, lo cual atesoraré hasta que muera. La calidad de la interpretación de todos los participantes fue excepcional pero, pese a la presencia de Muti, Elīna Garanča, Paul Groves y René Pape, salí con la voz de Julia Kleiter impresa en mis neuronas.   

Al salir esa noche de domingo llegué a mis aposentos sintiendo que había vivido una experiencia anormal.


© Luis Gutiérrez

No hay comentarios.:

Publicar un comentario