martes, 19 de diciembre de 2017

Reminiscencias del 2006 4


Cuarteto Hagen



Salzburgo. Agosto 11, 12 y 13



Hoy día pensamos que la música de cámara en general y los cuartetos para cuerdas en particular son la culminación cerebral de toda la música. En lo personal empecé a apreciar este género después de haber disfrutado de la música sinfónica y la ópera.

Encuentro muy difícil de entender que los maestros del periodo Clásico vienés, Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert tuviesen en mente pequeños grupos de músicos, la mayor parte del tiempo familias, al componer sus grandes cuartetos para cuerdas. Podría decir que este género musical es música pura en un ambiente de familia.

 Es bien conocido que el proceso de componer este tipo de obras fue muy difícil, y aún doloroso, para Mozart y Beethoven. Los autógrafos de los cuartetos “Haydn” se encuentran en la British Library, y se puede constatar una idea muy diferente a la que pueden dar los de otras obras musicales. Esos autógrafos presentan muchas modificaciones, incluso revisiones múltiples de frases musicales. Después de todo, Mozart era un ser humano, superdotado es cierto, al que se le dificultaban los cuartetos de cuerdas.

 Los cuartetos “Haydn”: K 387 en Sol mayor, K 421 en re menor, K 428 en Mi bemol mayor, K 458 en Si bemol mayor, K 464 en La mayor y K 465 en Do mayor, fueron interpretados, al menos una vez, por Haydn y Dittersdorf en los violines, Mozart en la viola y Vanhal en el violonchelo. Es muy conocido lo que Haydn dijo a Leopold Mozart alabando a su hijo: “Ante Dios y como hombre honesto, le digo que su hijo es el compositor más grande que conozco en persona o por nombre. Tiene buen gusto y, lo que es más, el conocimiento profundo de la composición”, pero lo que muchos olvidan es que, años después, Dittersdorf dijo: “Mozart es incuestionablemente un gran genio original, y no conozco a otro compositor que tenga tan impresionante riqueza de ideas. Sólo quisiera que fuera menos pródigo con ellas. No da tiempo de respirar a sus oyentes, al momento que uno entiende una bellísima idea, le sigue otra tan hermosa como la primera, lo que hace olvidar la anterior; y así continúa hasta que al final ninguna de estas bellezas permanece en la memoria.” Es claro que sus colegas, incluyendo a Salieri, reconocían que Mozart estaba muchos niveles por arriba de ellos como compositor.

 El Cuarteto Hagen fue fundado en 1981 por los cuatro hermanos de la familia Hagen, originaria de Salzburgo. Lukas y Angelika en los violines, Veronika en la viola y Clemens en el violonchelo. Angelika dejó el conjunto y el alemán Rainer Schmidt toca el segundo violín desde 1987. Los instrumentos que usan los hermanos Hagen son de altísima calidad; Lukas toca un Stradivarius de 1724, Veronika una viola Magnini fabricada en Brescia entre 1600 y 1620, y Clemens un violonchelo Sradivarius de 1698.
  


Entre el viernes y el domingo de la mitad del Festival interpretaron los seis cuartetos “Haydn”, los tres “Prusianos” – KK 575 en Re mayor, 589 en Si bemol mayor y 590 en Fa mayor–, y el K 499 en Re mayor, conocido como “Hoffmeister”.



Richard Wigmore escribió en el programa de mano, que el andante cantabile del K 465 “es el más íntimo de los movimientos lentos de los cuartetos ‘Haydn’, reflejando la influencia de la introducción en la intensificación por su cromatismo progresivo.” Los Hagen lograron en este momento una introspección muy aparente. Después, el minueto se desarrolla como una forma sonata en miniatura, usando los cromatismos en una forma más elegante y juguetonamente caprichosa. El trio en do menor sugiere un aria de una heroína acongojada en una ópera seria, y la música regresa entonces al gracioso ritornello del minueto.

El predominio del violonchelo en los cuartetos prusianos, me hicieron preguntarme el porqué Mozart no escribió un concierto para violonchelo. Los de piano fueron, casi todos, para él mismo, el de clarinete para su gran amigo Stadler, los de violín para su padre, los de corno para otro amigo, Leutgeb. A lo mejor no tuvo amigos cercanos entre los violonchelistas de su tiempo.

Una familia y un amigo se reunieron, como lo hacían otras familias y otros amigos hace dos siglos, para interpretar, gozar y permitirnos hacerlo, diez de los cuartetos para cuerdas más bellos que jamás se han compuesto. Es curioso como un grupo de cuatro grandes instrumentistas pueden unirse en un grupo virtuoso del calibre del Cuarteto Hagen. Estas tres sesiones fueron uno de los momentos culminantes del Festival, y aún las tengo grabadas en la memoria.


© Luis Gutiérrez

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